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Lo que Los Ángeles puede aprender de su experimento fallido de legalizar la venta ambulante

Hace 20 años hubo un fracasado intento por permitir este tipo de comercio, pero la ciudad puede hacerlo mejor esta vez.
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27 Jun 2017 – 2:48 PM EDT

Menos de un mes después de la investidura del presidente Donald Trump, el Concejo Municipal de Los Ángeles despenalizó la venta ambulante. El momento de esa decisión no fue casualidad.

La medida tardó mucho tiempo en llegar para los inmigrantes y los defensores de los pequeños negocios, que durante décadas habían estado presionando en favor de la legalización, pero la elección presidencial fue un claro factor motivante. En Los Ángeles, una ciudad santuario, la mayoría de los vendedores son inmigrantes centroamericanos que, si son indocumentados, podrían enfrentar la deportación por un delito menor bajo el presidente Trump. El concejal de Los Ángeles José Huizar describió la maniobra como "una señal a la administración Trump de que no vamos a acatar su miedo, su envilecimiento, su victimización de inmigrantes".

Con la despenalización, Los Ángeles está empezando a ponerse al día con el resto de Estados Unidos. De las diez mayores ciudades estadounidenses, Los Ángeles fue la última en permitir la venta. Sin embargo, Carla dePaz, una importante organizadora de la Campaña para Legalizar la Venta Ambulante en East Los Angeles Community Corporation, sabe que esto no es el fin del asunto. "Tuve una sensación de gran responsabilidad por lo que vendrá", me dice ella a través del correo electrónico. El Los Angeles Times informó que los temas más sutiles de la venta ambulante, como cuánto control tendrán los vecindarios sobre los proveedores locales, el costo de los permisos, y el personal para su aplicación, entre otras preocupaciones, no serían determinados en febrero. "Hay muchos retos que debemos superar", añade dePaz. " Necesitamos que el ayuntamiento continúe trabajando en esta cuestión. No se pueden simplemente felicitar entre sí y pretender que se ha resuelto el problema".


Los Ángeles lidió con las mismas cuestiones cuando experimentó con un programa de venta ambulante legal en un distrito en el distrito de MacArthur Park hace casi veinte años. El programa piloto tuvo dificultades para mantenerse por sus propios medios y finalizó en unos pocos años, pero puede servir como una advertencia para los reguladores esta vez.

En 1988, Michael Woo fue a la Ciudad de Nueva York para asistir a la Convención Nacional Demócrata. Woo había comenzado su servicio como concejal de la Ciudad de Los Ángeles unos años antes y quedó sorprendido por la riqueza de la vida callejera en Nueva York en comparación con Los Ángeles, específicamente con respecto a la venta ambulante. Al reflexionar sobre la cuestión cuando regresó a Los Ángeles, Woo se sintió frustrado por el status quo. Introdujo la primera moción para legalizar la venta ambulante poco después. No lo hizo porque esus electores lo pidieron, sino porque pensaba que le daría un impulso a la actividad callejera y mejoraría la calidad de la vida urbana en general.

Pronto se dio cuenta de que su propuesta iba a causar bastante irritación. Al Departamento de Policía de Los Ángeles, según Woo, le preocupaba que la venta ambulante fuera utilizada como una fachada para actividades ilegales, como la venta de joyas falsificadas, videos pirata o drogas. Algunos alegaron que la venta ambulante sería una carga para la vida callejera, en lugar de una bendición como Woo había visto en Nueva York. "Otros, que no representaban a los comerciantes, pensaban que la venta ambulante representaba cierto deterioro de la seguridad y la limpieza en la calle, o pensaban que la venta ambulante representaba una disminución en los valores de las propiedades o la decadencia del estado de un vecindario", recuerda Woo.

Analizando los obstáculos frente a él, Woo comenzó a pensar que la oposición a la venta no sólo era motivada por intereses comerciales o la seguridad, sino por el sentimiento antiinmigrante también. La Ley de Refugiados de Estados Unidos de 1980 había concedido asilo a cientos de miles de centroamericanos a lo largo de toda la década y muchos de ellos se instalaron en Los Ángeles. La venta ambulante es práctica habitual en muchos de los países de origen de los refugiados, y algunos recurrieron a la práctica como modo de obtener ingresos, lo cual aumentó su visibilidad a los ojos del público. Para cuando Woo presentó la moción para la venta ambulante a finales de la década de 1980, el sentimiento antiinmigrante había aumentado, lo cual más tarde se ejemplificaría mediante la aprobación de la Proposición 187 de California en 1994, la cual les prohibió a los inmigrantes indocumentados recibir beneficios públicos como la salud y la educación pública. "Para las personas que se oponían al aumento de la inmigración —especialmente [personas opuestas a] los inmigrantes ilegales que podían haber sido refugiados políticos de Centroamérica— la venta ambulante se convirtió en una especie de manifestación de eso", dice Woo.


Woo no estuvo en servicio en el ayuntamiento el tiempo suficiente como para ver la aprobación de la ordenanza sobre la venta ambulante. Salió en 1993, pero el concejal Mike Hernández asumió la iniciativa. Mientras que Woo llegó a considerar la inmigración un tema clave para la venta ambulante sólo después de que llevó el tema ante el Concejo, Hernández, la consideraba una premisa absoluta. El distrito de Hernández incluía MacArthur Park, Westlake y Pico Union, que son zonas predominantemente latinas por diseño: el distrito fue el resultado de una redistritación ordenada por un tribunal en 1990, después de que la Junta de Supervisores del Condado fue encontrada culpable de manipulación para marginar al electorado hispano. El propio Hernández es latino,y entendió que su posición en el Concejo no tenía precedentes. Antes de él, "la comunidad latina no tenía representación en el plano del gobierno local, ni en el ayuntamiento, ni en el condado", me dijo Hernández. "Hoy es un entorno totalmente diferente". Para Hernández, los vendedores inmigrantes eran fundadores de pequeñas empresas que simplemente trataban de subsistir: "En nuestra ciudad, nuestra democracia, básicamente debemos animar a la gente que trata de ganarse la vida honestamente", añade.

Otro obstáculo a la venta en la década de los noventa procedía de otros miembros del Consejo, quienes, según Hernández, no estaban interesados en apoyar la venta ambulante en sus distritos por temor a alienar a los dueños de establecimientos físicos: el dueño de la taquería consideraba a los vendedores ambulantes de tacos una competencia desleal, ya que los vendedores no tenían que pagar el alquiler en la acera. En su lugar surgió la idea de establecer el proceso para que un distrito dispusiera una zona especial para la venta ambulante, ver si funcionaba y, a continuación, permitir que cada consejo decidiera si también quería crear su propia zona. "La ordenanza que fue promulgada en 1994, no estableció un lugar para la venta legal... Estableció un proceso para la creación de distritos de ventas legales", explica Gregg Pava, quien escribió extensamente sobre la venta ambulante en Los Ángeles para el Temple Law Review. "MacArthur Park era el único lugar que sobrevivió al complicado proceso burocrático para preparar un distrito".

Este método se enfocaba en la venta como un problema de zonificación: regulaba dónde podría ocurrir como una forma de alentar el desarrollo económico de determinadas zonas. Hernández comparó el método con los mismos esfuerzos que le dieron el estadio Staples Center a Los Ángeles a finales de la década de los noventa y el complejo de entretenimiento L.A Live a principios de la década de 2000. Para aplacar los temores acerca de la seguridad y la competencia desleal, Hernández dice que ellos promocionaron la venta ambulante a los negocios locales y las autoridades sobre la base de su capacidad para vigilar mejor las calles. "Los ojos y oídos [de los vendedores] podrían utilizarse para ser parte de la comunidad", por lo que, en los lugares con mayor delincuencia, "serían parte de la limpieza de la zona", dice.

Finalmente, se estableció un distrito de venta ambulante legal en la esquina sureste del espacio público homónimo de MacArthur Park, una zona ya repleta de vendedores ambulantes. La ciudad contrató al Instituto para la Investigación y el Desarrollo Urbano (IURD) para administrar el distrito, el cual se inauguró en 1999. Sandi Romero, cofundadora del IURD, señaló algunos problemas desde el principio. Dado que los vendedores estaban limitados a un punto específico en el distrito especificado, "no se les permitía ser ambulantes... no podían moverse, no podían participar", dice ella. Un vendedor no podía seguir el tráfico peatonal para servir champurrado en los días más fríos y frutas en los más cálidos. Según el artículo de Kettles para el Temple Law Review, los vendedores también tenían que pagar aproximadamente 3,000 dólares anuales por sus carretones, demasiado para la mayoría de ellos.


Además, debido a los temores de que se viera comprometido el flujo hacia las tiendas locales, el tipo de mercancía que se vendía estaba estrictamente regulado, limitando el número y colocación de los vendedores de cualquier cosa, desde tamales hasta plata y películas VHS. "Muchos vendedores, una vez que descubrieron que no podían hacer lo que querían, no quisieron ser parte del programa", dijo Romero. Asimismo, según Kettles, la aplicación era todavía demasiado costosa e ineficaz para aumentar el valor de la venta legal.

En última instancia, no había suficientes incentivos para que los vendedores siguieran las reglas. El experimento "fracasó porque restringía demasiado a los vendedores participantes y porque era una zona limitada, de modo que había vendedores ilegales fuera de los límites", dice Mark Valianatos, analista político que ha escrito sobre la venta ambulante en Los Ángeles. Pensando en el futuro, el Concejo sabe que también tiene que respetar cómo los proveedores están ya trabajando en todas partes de la ciudad, estructurados por su propio conjunto de reglas informales.

"Estamos esperando recibir la aceptación", dice Dennis Gleason, director de política de Joe Buscaino, uno de los concejales quien encabezó el empuje para la despenalización en febrero. "Es tamos esperando que estos vendedores que han estado pidiendo salir de las sombras, pagar impuestos, obtener un permiso, lo hagan, para que se cree un sistema que no sea excesivamente complejo, que sea fácil para la gente (especialmente si el inglés es su segundo idioma) comprender y solicitar el permiso". Doña Ofelia, una vendedora que vendía plata en MacArthur Park a comienzos de la década de 2000 fuera del distrito legal, era una de esos vendedores. "Quiero poder vender legalmente", dice ella, respondiendo positivamente a la despenalización.

Aunque una política funcional de venta ambulante puede aún estar muy lejos, Los Ángeles parece hoy más sensible ante la venta ambulante de lo que parecía en la década de los noventa. "La venta ambulante es realmente más exitosa que la mayoría de las prácticas intencionales de creación de espacios en cuanto a lograr que la gente salga, y crear un sentido de lugar, un sentido de cultura", explica Valianatos. "La demografía y la política en torno a los inmigrantes han cambiado lo suficiente, por lo que creo que ahora hay más apertura hacia una mejor política… Ha habido un auge y un interés en cosas como la creación de espacios, la transitabilidad y un buen urbanismo, parcialmente influidos por el hecho de que los vendedores han estado haciendo esto de manera informal y que la gente ve que funciona como un atractivo".

Rudy Espinoza, director ejecutivo de la Red de Liderazgo para la Renovación Urbana en Los Ángeles, ha colaborado con la campaña de venta ambulante durante más de cinco años y piensa que la venta legal traería importantes oportunidades de crecimiento económico. "Algunos documentos oficiales afirman que existen hasta 50,000 vendedores en la ciudad... Si la mayoría de esas personas solicita permisos, sus vidas cambiarían", dice Espinoza. "Existe una gran oportunidad para que crezca una industria en Los Ángeles que apoye a estos miles de empresarios. Si la ciudad legaliza la venta ambulante, no solamente vamos a conseguir una nueva base de ingresos para las arcas de la ciudad, sino que vamos a crear una nueva industria con sus propios trabajos y sus propios recursos".

La historia de Los Ángeles da muchísimas pistas sobre cómo se podría construir una exitosa estrategia de venta ambulante para el futuro. Y su curva de aprendizaje también puede ayudar a guiar a otras ciudades que intentan convertir las actividades callejeras informales en una política de urbanismo. Espinoza, por su parte, está entusiasmado: "Va a cambiar la manera en que funcionan nuestras calles".

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.


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