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CityLab Política

Lo difícil que es votar para los que no tienen casa

Ningún estado de Estados Unidos requiere que los votantes prueben que ellos viven en una residencia tradicional, pero los indigentes la tienen difícil para emitir su voto.
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14 Nov 2016 – 11:50 AM EST

En la mañana del Día de Elecciones, Markita Kornegay esperaba para votar en una cola que serpenteaba como una cuadra desde la entrada lateral a la Miner Elementary School en Washington DC. Kornegay conocía el procedimiento: ella había votado por el presidente Barack Obama en este colegio electoral, aproximadamente por la fecha en que nacía su hijo. La mañana de las elecciones de este año, en cambio, no estaba muy segura de qué podría esperarse. De un tiempo a esta parte, ella y su familia viven en un centro de acogida para personas sin hogar.


Con tres niños a cuestas, Kornegay le dijo a un trabajador del colegio electoral que ella necesitaba registrarse para votar. Agregó que aún recibía correos en la dirección donde solía vivir, un complejo de apartamentos para personas de bajos ingresos en Benning Road NE, misma dirección que, de hecho, aparecía en su licencia de conducción. Sin embargo, no traía consigo ningún carné de identificación o correo oficial. Ni siquiera tenía un recibo de luz o de agua que corroborara su dirección actual en el motel Days Inn en New York Avenue NE, uno de los diez moteles que el gobierno de la ciudad renta como centros de acogida para familias sin techo.


Tras pensar un poco, añade Kornegay, el trabajador del colegio le dijo que no estaba en la “región” debida para ejercer el sufragio. Que necesitaba ir a Mount Rainier, un suburbio cercano en Maryland. Esto, para Kornegay, no tenía ningún sentido, siendo como es una residente de DC. “El centro de acogida no queda ni siquiera a cinco minutos de aquí”, replicó Kornegay. “Me molesta haber recorrido todo esto para nada”.


Kornegay, ni qué decir, tiene más razones que la mayoría para hacer que su voz se escuche en estas elecciones. Si bien los tres votos electorales del Distrito Columbia son una apuesta segura para Clinton, la papeleta también tiene que ver con otras importantes contiendas locales, entre ellas dos plazas para el Consejo de DC y un escaño para la Junta Estatal de Educación en el propio distrito. Actualmente, la capital del país está implementando un controvertido programa para construir refugios a lo largo de la ciudad, al tiempo que atraviesa una crisis de acceso a la vivienda, problemas que afectan directamente a Kornegay y los suyos.


“No puedo hacer nada, porque para votar no cargaré con mis hijos (dentro del área de DC) para ningún otro sitio”, sostiene Kornegay.


Aunque este es solo un ejemplo, es claro que los residentes que, temporalmente, no tienen dirección permanente enfrentan enormes obstáculos para votar. Según la organización National Coalition for the Homeless, muchas de estas personas carecen de documentos de identificación requeridos en algunos estados para poder registrarse y votar. A su vez, existe el malentendido, por parte sobre todo de las mismas personas sin hogar, de que una residencia tradicional es exigida para poder ejercer su derecho, aun si ningún estado antepone dicho requerimiento. Este año, la Coalición lanzó la campaña “You Don’t Need a Home to Vote” (“No te hace falta un hogar para votar”), con la esperanza de ayudar a los organizadores a gestionar un más exitoso proceso de inscripción de personas sin techo.


En todo el país, los electores tienen que someterse a una serie de medidas concernientes a la forma de votar en cada estado y condado, las cuales traban directamente el mecanismo que las poblaciones más vulnerables de la nación tienen para poder expresarse. Los centros de acogida en el centro de Los Ángeles, por ejemplo, desarrollaron campañas de registración para los sin hogar de la ciudad, quienes tuvieron la oportunidad de votar por Propuesta Electoral HHH, un bono de $1,200 millones que busca construir viviendas permanentes para este sensible segmento poblacional. En San Francisco, por su parte, se votaba por mantener o prohibir las tiendas de campaña en las aceras públicas.


Más ampliamente, los electores en otros cuatro estados - Washington, Colorado, Arizona, y Maine- decidían si hacer aumentar o no su salario mínimo. Baltimore, Portland, Oregon, y al menos otras 10 ciudades, votaban por una mayor accesibilidad a la vivienda, a fin de evitar que cada vez más familias caigan en el desamparo.


Como resultado, el gobierno y los funcionarios de la ciudad, de conjunto con organizaciones sin fines de lucro y voluntarios, han trabajado para que acudan a las urnas votantes sin direcciones. La secretaria de estado en Colorado, por ejemplo, aprobó una iniciativa para alentar a los sin hogar a inscribirse para votar. Asimismo, algunas congregaciones y otras organizaciones amparadas en la fe registran y transportan, durante el Día de Elecciones, a personas sin techo como parte de su contenido de trabajo de ese día. Grupos defensores de estas poblaciones, ya sean regionales o locales, tales como Northeast Ohio Coalition for the Homeless, han colaborado para asegurar que cuenten los votos de los más necesitados.


Pero la brecha entre los votantes que ganan poco y los que ganan mucho es inmensa. E n las elecciones presidenciales de 2012, menos de un 50% de los votantes que ganaban por debajo de 10,000 dólares al año participaron en las elecciones. Ese mismo año, por otra parte, votó más de un 80% de aquellos que hacían 150,000 dólares o más. Y cerca de un 100% del 1% más rico ejerció su derecho. El sesgo de clase es uno de los más claros efectos en las elecciones norteamericanas. Como indica Sean McElwee, de la organización Demos, en las elecciones de 2008, 2010 y 2012, “solo hubo un caso en que un grupo de gente que ingresaba menos acudió más a las urnas que el grupo de ingresos inmediato superior”.


En el colegio electoral de Northeast DC, el que estaba al frente del recinto de votación, me explicó luego que el hecho de que Kornegay no votara se debió a un error de comunicación. Ella debería haber votado por medio de una boleta especial en otro recinto del distrito, ubicado en Mt. Horeb Baptist Church Annex, 2.5 millas más lejos. Entonces, Kornegay habría tenido dos días para conseguir una suerte de aval del gobierno reconociendo su refugio como su dirección, a fin de que la Junta de Elecciones certificara su voto.


Pero la mala comunicación, por sí sola, no justifica las barreras interpuestas en el camino a que Kornegay votara. Incluso si le hubieran dado instrucciones rápidas y directas, su único deber cívico pudo haber derivado en 3 ó 4 viajes diferentes. Superar la persistencia del sesgo de clase en las elecciones norteamericanas tendrá que ver, por qué no, con facilitar a los votantes de todos los niveles de ingreso la participación en las elecciones, particularmente a aquellos que más lo necesitan.


Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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