CityLab Política

En Estados Unidos casi nadie vota en las elecciones de alcalde

En la mayoría de las principales ciudades, menos del 15% de los votantes participan en las elecciones municipales.
Logo CityLab small

Menos de uno de cada cinco residentes elegibles en Los Ángeles vota en las elecciones municipales. En la ciudad de Nueva York, esa cifra desciende a menos de un 14%. De hecho, en 15 de las 30 ciudades más pobladas de Estados Unidos, la afluencia de votantes a las elecciones municipales es inferior a un 20%.


Como si la increíblemente baja afluencia de votantes no fuera lo suficientemente desalentadora, las elecciones municipales en Estados Unidos también son escasamente representativas de la población. En las últimas elecciones municipales en 50 ciudades de Estados Unidos, el promedio de edad de los votantes fue de 57 años, evidencia de la enorme brecha en la participación cívica entre los baby boomers y los millennials. Peor aún, los votantes están sobrerrepresentados en algunos vecindarios y dramáticamente subrepresentados en los otros.


Un nuevo informe de la Universidad Estatal de Portland revela que casi nadie se molesta en votar en las elecciones municipales estadounidenses. Aquellos que sí votan suelen ser mucho mayores que el residente promedio y, además, provienen de vecindarios más acomodados. Eso no es necesariamente una sorpresa, aunque el grado de disparidad en las pautas locales de votación es alarmante.


En Dallas, por ejemplo, la edad promedio de los votantes en las elecciones municipales es de 62 años, aunque la edad promedio de la población adulta es de 41 años, una diferencia de toda una generación. Sólo un 6.1% de los votantes de toda la ciudad participó en la última elección municipal (mayo de 2015), la mayoría de ellos agrupados en "oasis" electorales en vecindarios relativamente ricos en el norte y noreste de Dallas.

Afluencia de votantes en las elecciones locales en Dallas, Texas. (Universidad Estatal de Portland)


Dada la baja tasa de participación de votantes en los "desiertos" electorales de Dallas y la falta de participación de adultos jóvenes, el poder en las elecciones de Dallas está concentrado en las manos de una minoría. El informe de la Universidad Estatal de Portland estima que los votantes mayores de 65 años de edad tienen 22 veces mayor influencia electoral en Dallas que los adultos de edades entre 18 y 34 años, menos de un 2% de los cuales votaron en las elecciones municipales en 2015.


De las 30 grandes ciudades de Estados Unidos incluidas en el estudio, Dallas ocupó el último puesto en cuanto a afluencia de votantes cuando se trata de elecciones municipales. Dallas también tiene una tasa de propiedad de vivienda menor que el promedio nacional (43% contra 64%), una mayor proporción de habitantes que viven en la pobreza (24% contra 16% a nivel nacional) y casi el doble de la proporción de residentes no blancos (70% contra 37%). Todo esto que significa que, dados los patrones de votación de Dallas, los votantes de bajos ingresos y de minorías no están siendo escuchados en las elecciones municipales.


Pero incluso en ciudades con mayor riqueza, las diferencias son claras. Sólo una de las ciudades estudiadas experimentó más de un 50% de afluencia de votantes en las elecciones municipales —Portland, Oregon— y algunas otras se le acercaron. Incluso en Portland, la afluencia de votantes en las elecciones municipales entre vecindarios corresponde con la distribución de la raza y los ingresos, pues los vecindarios con mayor población blanca y mayor riqueza como Irvington y Alameda muestran una gran afluencia (más de un 80%). Los votantes de mayor edad (65 años y mayores) en barrios relativamente blancos tenían 33 veces más influencia electoral que los millennials.


Para el informe, los investigadores de la Universidad Estatal de Portland analizaron más de 23 millones de registros de votación. Los resultados de 50 ciudades, incluidas las 30 más pobladas y 20 más pequeñas, están disponibles en línea.


Las consecuencias de una brecha etaria de 25 años entre quienes votan y quienes no votan deben ser evidentes: los dirigentes electos representarán los intereses de los jubilados, si saben lo que es bueno para ellos. Lo mismo sucede con una amplia disparidad en la afluencia entre los oasis y los desiertos electorales. Los alcaldes y miembros del consejo pensarán primero en las necesidades de los votantes que acuden a las urnas.


Algunas elecciones parecen prácticamente diseñadas para desalentar a los votantes. Las elecciones de años impares, por ejemplo, jamás se benefician del repunte que ocurre en un año de elecciones presidenciales. Aunque algunos municipios decidieron adoptar este formato con el fin de darles tiempo a los votantes para centrarse exclusivamente en los asuntos locales durante los años sin elecciones, los resultados parecen haber afectado la afluencia. La votación anticipada también puede ayudar a garantizarles a los trabajadores que no pueden salir del trabajo un martes la oportunidad hacer valer sus votos. Por supuesto, los autoproclamados observadores electorales e impugnadores de votos que quieren afectar la afluencia de votantes en las elecciones estatales y federales también intimidan a los votantes locales.


Además de facilitarles la votación a los residentes en barrios insuficientemente representados, o incluso hacerla obligatoria para todos, los votantes simplemente pueden necesitar más motivos para interesarse en las elecciones municipales. Una encuesta realizada en octubre de 2015 entre los residentes del condado de Los Ángeles reveló que muchos más participarían (67%) si pensaran que podrían marcar una diferencia. Los residentes no se involucran en los asuntos locales si piensan que nada va a cambiar, pero no pueden cambiar nada sin votar por dirigentes que tomen en serio sus intereses.


Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.