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CityLab Política

El porte de armas abierto fue un gran problema en la tragedia de Dallas

El manifestante armado que fue confundido con el tirador ilustra uno de los peores lados de esta política.
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10 Jul 2016 – 11:06 AM EDT

Justo antes de la medianoche este jueves, mientras la crisis en Dallas aún estaba en desarrollo, la policía de la ciudad publicó una foto de un supuesto involucrado en el tiroteo. El hombre en ésta era negro, de contextura atlética, llevaba una camiseta de camuflaje y, crucialmente, tenía un rifle colgando de su hombro.

El nombre de este sujeto es Mark Hughes, y no tuvo nada que ver con el tiroteo. Como explica Lauren McGaughy en el The Dallas Morning News, Hughes se unió a la protesta contra las muertes de Alton Sterling y Philando Castille para ejercitar su derecho de la Segunda Enmienda. Texas es un estado donde se permite llevar abiertamente armas, así que no estaba rompiendo la ley. Pese a esto, luego de que la policía de Dallas publicara su foto, Hughes se entregó.

Dieciséis horas después, Hughes todavía aparecía en la cuenta de Twitter del Departamento de Policía de Dallas, bajo la misma lectura de foto: “¡Por favor ayúdennos a encontrarlo!”. Cientos de enojados residentes de Dallas tuitearon contra el Departamento de Policía, pidiendo que se elimine la imagen. Incluso Michael D. Brown, ex subsecretario del Departamento de Seguridad Nacional, se vio obligado a dar su opinión. “ Dejen de difamarlo”, dijo en Twitter. Durante la tarde del viernes, aparentemente la policía de Dallas escuchó estas voces y la publicación fue retirada.

“No estoy satisfecho con una disculpa”, dijo Hughes a la televisora local de CBS en Dallas. Y con razón, especialmente dado a que el Departamento de Policía de Dallas apuntó gran parte de la atención negativa hacia Hughes en el momento en que todos los ojos estaban en esa ciudad. En esa misma entrevista, Hughes reconoce que podrían haberle disparado, dada la tensa situación y el caos visto en el lugar de los hechos (sin mencionar que la policía lo estaba buscando). Pero hay un subtexto en esa aseveración: el porte de armas abierto es un problema para la policía durante una crisis.

Aunque Hughes fue liberado después del incidente, otros estadounidenses negros han sufrido consecuencias fatales en encuentros con la ley, mientras ejercían sus derechos de la Segunda Enmienda. Tanto Sterling como Castille habrían muerto en manos de la policía debido a que los agentes sospechaban que tenían armas. De hecho, Castille habría dicho que tenía una arma y una licencia al policía.

Los afroamericanos atraen peligro a sí mismos al ejercitar sus derechos a legalmente portar armas, pero además el porte abierto de éstas representa una potencial amenaza para los agentes de policía, especialmente durante una crisis. Mientras Hughes no tenía forma de saber si que un tirador apuntaría a los uniformados durante una marcha pacífica, desde el momento que el tiroteo comenzó, cualquier persona con un rifle en su hombro iba a ser considerado una persona de interés.

“Una de las razones porque no soy un ‘fan’ del porte abierto de armas es porque, siendo yo mismo un agente de policía anteriormente, me puedo imaginar en la mitad de algo trágico como lo que sucedió la noche del jueves, y teniendo que discernir entre quién es una buena persona y quién es una mala persona con un arma en su hombro”, dice David Klinger, un profesor de Criminología y Justicia Criminal en la Universidad de Missouri en St. Louis. “Puedo ver una tragedia surgiendo muy rápido si un ciudadano se entromete en la mitad de una situación así”.


Klinger dice que el porte oculto de armas es un menos complicado: una pistola enfundada en la cintura de una persona no requiere que los policías tomen una decisión en una fracción de segundo. El académico también advierte que muchos estados con leyes de porte abierto de armas han pasado mucho tiempo sin incidentes.

Hay poco consenso entre los uniformados sobre estas opciones. Quienes están en niveles más altos de la policía tienden a no apoyar ni siquiera el porte oculto de armas, dice Klinger, mientras los agentes que están en la calle tienden a no tener problemas con esto. El investigador añade que no sabe cómo los policías en el frente piensan sobre el porte abierto de armas, aunque sospecha que la mayoría de las autoridades se oponen a éste.

Durante un tiroteo, la policía en acción intenta identificar la fuente de la amenaza, cubrirse, ayudar a los civiles a salir de la zona de fuego y tomar acción para proteger sus vidas, incluyendo si esto significa detener al victimario o administrar primeros auxilios. Esas son las situaciones para las que se entrena a los policías. “El pánico no cunde entre los agentes policiales bien entrenados”, dice Klinger.

Pero los tiroteos no siempre se desarrollan de la manera que se dio en Dallas. No hay un programa de entrenamiento policial para una crisis como esta. Lo más cercano que viene a su mente es el tiroteo masivo en la Universidad de Texas en Austin, en 1966. En este, Charles Whitman se subió a la famosa torre de esta universidad y comenzó a dispararle a estudiantes y residentes. Pero incluso en esa ocasión, el tirador no apuntó deliberadamente a los agentes policiales. “Intentar discernir lo que sucede cuando tienes a alguien agresivamente buscando asesinar policías en un espacio abierto es algo, de acuerdo a mi conocimiento, que no tiene precedentes”, dice Klinger.

El mayor riesgo del porte abierto de armas durante una crisis es que los agentes policiales erróneamente pueden identificar a una persona llevando un arma como el tirador. Pero otro riesgo quizás más posible aún es que la persona con un arma distraiga al agente, enfocando su atención en ésta y no en lo que realmente tiene que hacer: encontrar al tirador, ayudar a las víctimas y proteger al público.

Estas razones son las que demuestran que una de las ideas favoritas de los conservadores para combatir la violencia de armas –darle armas a los maestros, doctores, profesores y otros ‘chicos buenos’– será insuficiente. “El porte abierto de armas en una situación de este tipo puede poner a los agentes policiales en un gran enredo”, concluye Klinger.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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