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Cómo se podría regular de forma más inteligente la mendicidad

Las ciudades no deben prohibirle a la gente pedir dinero en las calles. Una opción que funcionaría mejor es tener credenciales o algún tipo de identificación.
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14 Jul 2017 – 12:27 PM EDT

El alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, dijo recientemente en un programa de radio que le gustaría prohibir la mendicidad, pero que no lo intentaría porque los tribunales no lo permiten. Muchos mendigos "no están especialmente necesitados y sólo están buscando una manera de obtener dinero fácil, y eso me frustra", dijo.

Nosotros —un sociólogo y un economista radicados en Nueva York— hemos estudiado la mendicidad en el centro de Manhattan durante varios años. Pensamos que de Blasio y otros líderes que quieren eliminar la mendicidad pueden utilizar formas más inteligentes para acallar los temores de los residentes locales a ser engañados, garantizando a la vez que los pobres puedan pedir limosnas.

Hemos analizado dónde trabajan los mendigos y cómo cambian sus números con el tiempo. También hemos hablado largo y tendido con muchos mendigos. Este tipo de trabajo es poco común, por lo que las autoridades de la Gran Manzana y de otras comunidades deberían estudiar nuestras conclusiones.

Problemas legales

El porcentaje de grandes ciudades estadounidenses que prohíben la mendicidad ha ido subiendo de un 19% en 2006 a un 27% en 2016, lo que ha hecho también que se entablen cada vez más demandas para revocar este tipo de restricciones.

Una serie de decisiones judiciales que ratificaban el derecho constitucional a mendigar en lugares como Tampa, Florida, y Frankfort, Kentucky, no presagiaba nada bueno para estas prohibiciones.

Pero las solicitaciones en las aceras deberían —al menos en teoría— tener apoyo suficiente como para no tener que ir a cortes. Los igualitarios quieren transferir riqueza de los ricos a los pobres. Los libertarios prefieren transacciones voluntarias que eviten la burocracia. Las religiones de todo tipo les dicen a los creyentes que den limosnas.

Cuando más personas dan

Un aspecto de la mendicidad que hemos investigado es cómo responde al flujo de donaciones. ¿Acaso más personas lo hacen, en otras palabras, cuando el número de transeúntes aumenta?

No realmente, según parece.

Para averiguarlo, monitoreamos el porcentaje de mendicidad en el centro de Manhattan—una milla cuadrada que incluye Wall Street, la Zona Cero y sus alrededores, entre 2014 y 2015. Durante este período, se inauguró el One World Trade Center cerca de la antigua ubicación de las Torres Gemelas, gran parte de la Zona Cero fue restaurada y el turismo aumentó. Pero el número de mendigos aumentó muy poco.

Aun cuando observamos que aumentó el tráfico de transeúntes en las aceras, sólo vimos un modesto repunte en el número total de horas que la gente pasó mendigando. Eso sugiere que darles a los mendigos no tiende a aumentar la frecuencia de las solicitaciones.

También contamos el número de personas que mendigaban en un momento en el centro de Manhattan. Ayudados por algunos de nuestros estudiantes, encontramos un promedio de ocho a 10 mendigos pidiendo donaciones activamente en cualquier momento durante las horas pico de verano. A pesar de las preocupaciones de de Blasio, eso no es mucho, considerando que esta pequeña área genera tanta actividad económica como el estado de Wyoming e incluye algunos de los peatones más ricos del mundo.

Dado que es difícil pensar en un mejor lugar para mendigar, nos sorprendió encontrar a tan pocas personas dedicándose a esto. Una razón por la cual estas cifras pueden parecer bajas es que no incluyen a la mayoría de las personas sin hogar que encontramos porque no estaban mendigando.

Problemas y regulaciones

La mayoría de los gobiernos que adoptan medidas estrictas contra la mendicidad lo hacen para que los mendigos no molesten a los transeúntes que no deseen dar. Estudiamos este problema para ver qué podría hacerse.

La matemática es muy simple: cuanto mayor sea la proporción de transeúntes que quieren dar en comparación con los transeúntes que no deseen, menor será este problema.

Eso dio pie a nuestra idea básica acerca de lo que se requiere para regular la mendicidad de forma inteligente. Es decir: fomentar lo que llamamos ‘mendicidad exitosa’, que reúne a donantes voluntarios y a mendigos dispuestos; y desalentar la ‘mendicidad fracasada’, que se enfoca en personas que ni siquiera quieren ver las solicitaciones y mucho menos darle dinero a alguien que pide ayuda en la acera.

El problema con la mayoría de las ordenanzas contra la mendicidad es que tratan de prohibir o desalentar ambos tipos en lugar de promover la primera y desalentar la segunda.

Credenciales de mendicidad

Las políticas que pensamos que funcionarán mejor proporcionarían información acerca de los mendigos, especialmente mediante la emisión de credenciales. El problema básico es que los posibles donantes saben muy poco o nada acerca de los mendigos que encuentran. Eso los hace renuentes a dar.

Ejemplo: casi siempre que hablamos con un colega o amigo sobre nuestra investigación de la mendicidad, el primer tema que surgió fue las estafas. La gente o declaraba que todos los mendigos eran estafadores o nos preguntaban si habíamos averiguado algo acerca de cuántos de ellos eran estafadores. Pero ninguno de los mendigos que encontramos estaba fingiendo su pobreza. Y, contrariamente a lo que de Blasio dijo, trabajaban largas horas y no estaban ganándose el ‘dinero fácil’.

La gente en algunas profesiones — entrenadores personales y acupunturistas, por ejemplo— han resuelto problemas similares mediante la creación de credenciales. Como propusimos en un documento reciente, creemos que el mismo enfoque podría reducir las preocupaciones sobre la mendicidad, lo cual a su vez podría reducir los esfuerzos para restringir o prohibir la práctica.

¿Cómo podría funcionar esto? Las organizaciones sin fines de lucro que ayudan a personas de bajos ingresos, las iglesias, los distritos de mejoras empresariales y otros grupos podrían emitir (y anular) credenciales de mendicidad. Los mendigos autorizados pueden llevar un botón especial, un sombrero o cualquier otro elemento que demuestre su condición.

Estos elementos portables podrían incluir números de identificación que donantes potenciales podrían verificar, y se podría establecer un sistema para informar sobre las falsificaciones. Estos números de identificación también podrían dar paso a la mendicidad sin efectivo, como Suecia permite ahora, y también podrían ayudar a reportar y desalentar la ‘ mendicidad agresiva’.

Estaríamos encantados de tener acreditación experimental en Manhattan y en otras partes de Estados Unidos. Las personas que desean hacer donaciones y las personas que necesitan pedirlas merecen una mejor oportunidad de encontrarse unas a otras.

Este artículo fue publicado en The Conversation y en CityLab. Lee el aquí artículo original en inglés.


The Conversation


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