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La deuda del Servicio de Parques Nacionales con las minorías

En su centenario, la agencia debe hacer frente no solo a la baja cantidad de empleados hispanos y afroestadounidenses, sino también a sus raíces vinculadas al racismo.
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3 Sep 2016 – 10:49 AM EDT

Haciendo un balance de lo que han significado estos primeros 100 años para el Servicio de Parques Nacionales (NPS, por sus siglas en inglés), uno puede decir que esta entidad federal, como muchas instituciones norteamericanas, fue en sus inicios muy excluyente en términos raciales. Los Parques Nacionales fueron creados, en gran medida, como santuarios o retiros para las personas que veían en la urbanización una especie de flagelo amenazante. A raíz de esto, los nativos americanos fueron despojados de sus tierras originarias –que eran, por cierto, sagradas para ellos–, de manera de que los hombres blancos tuvieran en ellas un espacio para la recreación, ya fuera a través del senderismo, la caza o la pesca. Con bastante seguridad, esto último no es algo como para presumir en el centenario de esta institución, pero uno no puede referirse a su nacimiento sin describir el contexto.

Más recientemente, el NPS ha estado abogando por emitir mensajes de reconciliación racial. Como la agencia que ha reconocido que debe resolver problemas relacionados con la diversidad y la inclusión, pero no parece muy claro cómo lo hará. Por ejemplo, no sabe qué hacer con Madison Grant, un hombre blanco que escribió un libro, literalmente, acerca de la supremacía blanca en el siglo XX, y que de paso ayudó a lanzar el movimiento de los Parques Nacionales.

Como escribió Jedediah Purdy, hace un año, en un artículo para The New Yorker, Grant “pasó su carrera en el centro formando parte del mismo activo círculo conservacionista” que su amigo, el presidente Theodore Roosevelt. Con Roosevelt, Grant apoyó la fundación de la Sociedad Zoológica de New York, ahora conocida como la Wildlife Conservation Society (o Sociedad para la Preservación de la Vida Salvaje). A su vez, contribuyó a crear el Boone and Crockett Club (debe su nombre a par de iconos de la caza), el cual es responsable de desarrollar el Parque Nacional Yellowstone.

Sin embargo, el libro de Grant, The passing of the great race (El paso de la gran raza), de 1916, y el cual Adolph Hitler vio como su biblia, pormenoriza con cierta descarnada xenofobia sus criterios en torno a los inmigrantes, nativos americanos y negros. Se comprende entonces que el racismo no fue algo meramente secundario para él, ni siquiera un pasatiempo mientras no se dedicaba a fundar parques. Más bien se trató de una cosmovisión basada en una supuesta supremacía blanca que filtraba sus opiniones acerca de la preservación de la naturaleza y la creación de parques.

Uno de sus devotos simpatizantes, el connotado nacionalista blanco, y antropólogo, Roger Pearson, escribió en 1995: “Con Madison Grant, primero como secretario y luego como presidente, el Club Boone and Crockett estuvo ampliamente compuesto por admiradores eugenistas y eugenésicos. Conocido como uno de los más activos miembros del movimiento de eugenistas, y especialmente por sus esfuerzos por preservar el componente ‘Tradicional Estadounidense’ de la población de EEUU, Grant trabajó incansablemente para conservar la herencia natural de su país, por lo que debería ser reverenciado con honores, siendo como fue uno de los más distinguidos benefactores de la nación”.

Los puntos de vista de Grant acerca de cómo la inmigración, pretendidamente, trae consigo crímenes y enfermedades están en consonancia con la actual plataforma del magnate Donald Trump: fueron los pilares en que se basó la muy restrictiva Ley de Inmigración de 1924. Decantado por la preservación natural y la creación de parques, Grant quiso escapar al dilema del hombre blanco de tener que lidiar con unos cada vez más oscurecidos Estados Unidos. El NPS, por su parte, no omite del todo a Grant de su historia: su sitio web guarda menciones de su nombre en documentos históricos. Sin embargo, el propio centro no reconoce a Grant el mérito de haber sido uno de sus primeros visionarios, cosa que fue sin ninguna duda.

Así lo describió hace poco Richard Conniff para el medio Mother Jones, en un artículo acerca de Grant: “Los conservacionistas comprensiblemente olvidarán todo esto. Pero es justo recordarlo porque el movimiento siempre luchó contra elementos elitistas y excluyentes en sus filas. Entre otras cosas, este país inventó y exportó a todo el mundo el modelo de los parques nacionales no habitados, conjuntamente con su nada agradable corolario, las expropiaciones forzosas de su población indígena. Vale recordar asimismo la historia de Grant porque los grupos minoritarios permanecen ampliamente sub-representados –son solo un 22% de todos los visitantes finalmente de acuerdo a las últimas cuentas- en nuestros parques nacionales, e incluso están menos representados aún en términos de liderazgo en agencias y entidades medioambientales sin fines de lucro. Para revertir esto, al movimiento conservacionista le urge admitir que el fantasma de Madison Grant todavía planea sobre las maravillas naturales que él mismo ayudara a proteger”.

Por su parte, el NPS no se esconde para admitir sus pobres índices relativos a la diversidad de sus visitantes: la agencia sabe que ahí tiene un gran desafío. Justamente por eso, la administración de Obama ha abierto en los últimos años un grupo de parques nacionales y monumentos en nombre de aquellos históricamente marginados. El Monumento Nacional Fort Monroe, en Virginia; el Monumento Nacional César Chávez, en California; y el Stonewall, en New York, son apenas algunos ejemplos. Aun así, solo 112 de los 480 monumentos nacionales en el país rinden tributo a grupos históricamente oprimidos, como son los afroestadounidenses, los latinos, y la comunidad LGBTQ, según un informe del Center for American Progress.


La diversidad de EEUU no se refleja en sus parques
Esta es la cantidad de parques nacionales y monumentos con un foco en grupos de minorías. En total, el sistema tiene 480 parques y monumentos, de los cuales solo 122 tienen que ver con esta diversidad.
FUENTE: Center for American Progress | UNIVISION

A menudo se cree que la razón por la cual más personas de color no visitan estos parques está vinculada con que ellas no están dispuestas a hacerlo, o bien porque no gustan del andar al aire libre. Ningún dato o argumento histórico apoya la anterior idea. En cambio, una encuesta reciente, llevada a cabo por New America Media e interesada en develar los sentimientos y opiniones de los votantes de color, halló estos resultados:


  • Un 70% de los votantes de minorías participan del tipo de actividades al aire libre comúnmente ofrecidas dentro de los territorios públicos nacionales.
  • Un 57% de los votantes de minorías han visitado territorios públicos nacionales, de los cuales más de dos tercios lo ha hecho en los últimos tres años.
  • 4 de cada 5 votantes de minorías apoyan un espectro de propuestas llamadas a incrementar el número de visitantes en los espacios públicos nacionales, iniciativas como el aumento de la cantidad de parques urbanos y la creación de otros espacios de este tipo, así como de monumentos y sitios históricos y culturales que destaquen la contribución de las minorías a la consolidación de Estados Unidos.
  • Un 93% de los votantes de minorías cree que es importante que el próximo presidente continúe mostrando el compromiso de proteger los territorios públicos nacionales y las historias que estos encarnan.

La encuesta también arrojó que un 95% de los votantes de minorías considera que los jóvenes deben ver sus culturas e historias reflejadas en el sistema de parques nacionales. Aunque, ahora mismo, pueden encontrar muy pocos trabajadores de estas instituciones en los que se vean reflejados: la diversidad dentro del NPS nunca ha sido como para ser elogiada, y esto no ha mejorado en los últimos años. En los últimos cinco años, menos de un 10% de los trabajadores son sido afroamericanos y los hispanos son alrededor de un 8%. Basta compararlo con el número de trabajadores blancos, que representa cerca de un 80% del total de la fuerza de trabajo en el mismo período. Por otro lado, en la clasificación anual de los mejores lugares para trabajar dentro del gobierno federal, el NPS se ha ubicado regularmente cerca del fondo de la tabla en más de una categoría, incluyendo el apoyo a la diversidad.

Diversidad entre los trabajadores de parques
Grupo étnico2011201220132014
Nativo hawaiano o isleñoN/AN/A0.40%0.40%
Nativo estadounidense o de Alaska1.70%1.70%1.70%1.70%
Asiático5.60%5.80%5.50%5.60%
Blanco65.90%65.40%65.10%64.70%
Afroestadounidense17.80%17.90%18.00%18.10%
Más de una raza0.80%1.00%1.10%1.20%
Hispano8.10%8.20%8.30%8.40%
Mujeres43.60%43.50%43.40%43.20%
Hombres56.40%56.50%56.60%56.80%
LGBT N/A2.20%2.70%2.80%
FUENTE: Departamento de Interior | UNIVISION

El NPS no tiene una tradición fuerte en atraer personas de color. Encima, la historia de discriminación y violencia racial dentro del sistema de parques es lo suficientemente contundente para mantener completamente a raya a algunos afroamericanos. Pero, ¿cómo exactamente debería el NPS poner fin a esa historia en el sentido de que se torne más atractiva y respetuosa con las personas de color?

Estas son las interrogantes y acciones que están siendo exploradas por organizaciones medioambientales como el Club Sierra, entidad cuyos orígenes se entretejen de alguna manera con los de los parques nacionales. Ambas fueron fundadas por personas que las concibieron como misiones para preservar los terrenos públicos y la vida salvaje. El fundador de Sierra, John Muir, también orbitó alrededor del “activo círculo conservacionista”, como lo hizo Madison Grant, aunque Muir no compartió la agenda de Grant acerca de la supremacía blanca.

“Miramos a esa historia sin poses sensibleras”, sostiene Michael Brune, director ejecutivo del Club Sierra. “Es cierto que había muchos que abogaban por la supremacía blanca, y que había eugenistas que vertían comentarios racistas y que eran parte de los inicios del movimiento conservacionista, o que lucharon con éxito por crear los parques nacionales. Pero es crucial que entendamos nuestra historia como un movimiento, y, como país, aprendamos de él”.

¿Qué forma toma esto concretamente? Al menos una parte de esto debería parecerse a lo que Bryan Stevenson, de la Iniciativa de Justicia Igualitaria, está planeando construir en Montgomery, Alabama. Llamado el Memorial to Peace and Justice (Monumento a la Paz y la Justicia), se trata de hecho de un recordatorio de la historia de linchamientos en Estados Unidos.

El proyecto requiere un espacio de 6 acres que incluirá cerca de 800 columnas colgantes, cada una de las cuales representará un condado donde tuvieron lugar linchamientos de afroestadounidenses, y, a su vez, el nombre de estos asesinados quedará inscrito en cada una de las columnas. Representantes de esas localidades esperan llevar réplicas de las columnas hacia sus respectivos condados, a fin de exhibirlas públicamente, y de paso hacerles recordar a los residentes los tristes episodios de terrorismo racial.

“Sigo creyendo que no somos libres en este país, que ni siquiera somos libres al nacer, a causa de una historia marcada por la injusticia racial”, dijo Stevenson a propósito del monumento, según un perfil del proyecto publicado recientemente en The New Yorker. “Y hay espacios que todavía permanecen manchados por el legado de esa historia que pesa sobre nosotros”.

El NPS tendrá que cambiar la historia mientras se encamina a su próximo siglo de existencia.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.


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