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En septiembre de 2013, el huracán Ike devastó partes de Texas. Harvey podría tener efectos similares.

¿Está Texas realmente preparada para el huracán Harvey?

¿Está Texas realmente preparada para el huracán Harvey?

Los expertos llevan años advirtiendo la necesidad de mejor planificación y hay preocupación de que el desastre sea costoso y letal en la costa del Golfo de México.

En septiembre de 2013, el huracán Ike devastó partes de Texas. Harvey po...
En septiembre de 2013, el huracán Ike devastó partes de Texas. Harvey podría tener efectos similares.

El huracán Ike, fenómeno que azotó la costa del Golfo de Texas en 2008, fue el tipo de evento que a menudo se describe como una llamada de atención. El huracán Harvey, que se espera que azote la región cerca de Corpus Christi en la madrugada del viernes, podría demostrar si la región prestó atención.

Se espera que Harvey toque tierra como una tormenta de categoría 3, con vientos de al menos 111 millas por hora, la tormenta más poderosa que ha afectado la región continental de Estados Unidos desde 2005. El pronóstico actual del Centro Nacional de Huracanes prevé que toque tierra en la costa central de Texas, bien por debajo de Houston, aunque los meteorólogos advierten que su trayectoria sigue siendo incierta. Partes de la costa, desde Padre Island National Seashore hasta Sargent, podrían recibir marejadas de 6 a 12 pies por encima del nivel del suelo, según pronostican los meteorólogos. Dependiendo de dónde azote y con qué fuerza, la tormenta podría provocar decenas de víctimas, causar graves inundaciones y afectar la economía nacional en los próximos meses.

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La amenaza de que una gran tormenta azote la zona y, en particular, el Houston Ship Channel, el segundo mayor puerto por tonelaje del país, ha sido durante mucho tiempo un escenario de pesadilla para los expertos en desastres, especialmente después de que Ike provocó la muerte de más de cien personas en Estados Unidos y causó 25,000 millones de dólares en pérdidas. Pero esa tormenta no azotó la zona portuaria de Houston de frente. El Centro de Predicción de Tormentas Severas, Educación, y Evacuación de Desastres (SSPEED) de la Universidad Rice predice que un impacto directo "fácilmente" causaría más de 100,000 millones de dólares en daños.

Sin embargo, las medidas para prepararse para una tormenta de esa magnitud han sido lentas. En Houston, la sugerencia más popular es algo llamado ‘Ike Dike’, un dique a lo largo de la costa exterior que puede impedir una marejada. Pero muchos expertos piensan que el Ike Dike no sería suficiente y, en cualquier caso, el dique todavía no se ha construido.

"Creo que todos en la comunidad están de acuerdo —políticos, ingenieros, autoridades— todos están de acuerdo en que necesitamos hacer algo. Pero han pasado siete años y realmente es muy poco lo que se ha hecho", me dijo hace dos veranos Phil Bedient, codirector de SSPEED. "En realidad me siento bastante optimista de que se hará algo, porque se tiene que hacer algo. Ahora, no sé si eso se hará antes de que nos azote el próximo huracán".

El año pasado, le dijo a ProPublica, "somos una presa fácil. No hemos hecho nada. No hemos hecho nada para apuntalar el litoral, para añadir resiliencia… no hemos logrado nada".

Bedient fue ligeramente más optimista el jueves. "No creo que en los últimos dos años se haya hecho mucho para mitigar las inundaciones", escribió en un correo electrónico. Bedient señaló el Proyecto Brays, un esfuerzo de reducción de inundaciones, como un paso positivo, pero señaló que las obras sólo protegen parte de la ciudad. "No se han realizado otros grandes proyectos".

A pesar de los estragos que causó, Ike fue en muchos aspectos una bala que Houston evitó, pues no la afectó directamente. Un siglo antes, en 1900, una tormenta azotó Galveston directamente, produciendo una destrucción prácticamente inimaginable. Los historiadores estiman que entre 6,000 y 12,000 personas perdieron la vida.

Un huracán de esa magnitud actualmente tendría un efecto muy diferente. Debido al desarrollo de la tecnología de rastreo, ninguna tormenta azotaría con tan poca advertencia, lo que significa que es poco probable que algún huracán en Estados Unidos vuelva a ser tan letal. Pero 117 años de desarrollo en la región significan que la gran tormenta —ya sea Harvey u otra— será más complicada y tendrá efectos de mayor alcance.

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Por un lado, muchas más personas viven ahora en la trayectoria de una tormenta. Corpus Christi es un crucial centro de refinación de petróleo y el quinto puerto más activo de la nación. Si le sumamos el Houston Ship Channel, otro importante centro de la industria petroquímica, el riesgo de un desastre ambiental o una interrupción importante del suministro de energía se hace más grande. El Condado de Harris, donde se encuentra Houston, es el segundo condado de más rápido crecimiento del país. El crecimiento de la población trae consigo nuevos desarrollos, algunos de ellos en lugares más vulnerables. El Centro Espacial Johnson de la NASA se encuentra en terreno bajo en el lado oeste de la Bahía de Galveston, en Houston.

Las instalaciones industriales en el Houston Ship Channel están fabricadas para resistir una marejada de hasta 15 pies. La marejada de Ike fue de 13 pies. Pero SSPEED descubrió que una tormenta de categoría 3 podría producir una marejada de hasta 25 pies. Una marejada de 22 pies podría derramar 59 millones de galones de petróleo crudo y otros productos químicos; una de 24 pies podría derramar 90 millones de galones. "El daño causado por semejante evento sería devastador y podría fácilmente convertirse en el peor desastre ambiental en la historia de Estados Unidos", concluyó en 2015 el Instituto Baker de Política Pública de la Universidad Rice

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Desde ahora ya han aumentado los precios de la gasolina, pues se prevén interrupciones en el suministro. Pero si hay daños graves a las refinerías y otras instalaciones, se podría afectar el suministro de petróleo para los próximos meses, lo que aumentaría los precios en todo el país.

Los efectos humanos en la zona podrían ser aún más devastadores. Es la secuela de un evento lo que más les preocupa a los socorristas, no sólo porque, a diferencia de las tormentas, está sujeta al control humano, sino también porque tiende a ser más letal. ¿Pueden los socorristas llegar a la gente en las áreas inundadas? ¿Pueden llevar alimentos, agua y medicamentos? ¿Pueden restablecer la electricidad? ¿Cuán afectada resultaría la infraestructura?

Las temperaturas en el verano a lo largo de la costa son rutinariamente superiores a los 90 grados Fahrenheit (32 grados centígrados), lo cual puede ser terrible si no hay electricidad. Después de Ike, un 98% del Condado de Harris se quedó sin energía. Los pronósticos actuales predicen entre 12 y 20 pulgadas de lluvia en la costa de Texas a mediados de la semana próxima, y posiblemente hasta 30 pulgadas. Las inundaciones podrían persistir durante días, forzando la evacuación de toda la región. Partes de Louisiana ya están inundadas y podrían recibir más lluvia de la tormenta. Los desechos tóxicos y derrames podrían volver inhabitables algunas partes de la zona durante mucho tiempo después de que el agua de la inundación se retire. No hay muchas personas en el área de Houston que tengan seguros por inundación, por lo que podrían quedarse desamparadas o necesitarían un rescate gubernamental (sin juego de palabras intencionado) en el caso de inundaciones devastadoras.

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En el verano de 2015, Francisco Sánchez, portavoz de la Oficina de Seguridad Nacional y Manejo de Emergencias del Condado de Harris, me dijo que la región estaba mucho mejor preparada que durante Ike, aunque no se había completado ningún gran proyecto de mitigación de huracanes. Sánchez dijo que la mayor prioridad para los administradores de desastres era la comunicación —asegurarse de que los residentes supieran lo que estaba ocurriendo y cómo hacerlo— y dijo que el condado había logrado progresos en esa esfera. El gobernador de Texas, Greg Abbott, declaró el miércoles el estado de desastre en 30 condados en previsión de la tormenta.

La tormenta podría ser también la primera gran prueba del presidente Trump relacionada con un desastre natural. Brock Long, elegido por Trump para dirigir la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA), fue confirmado a fines de junio, por lo que será también su primera gran prueba. Long fue anteriormente director de Emergencias en Alabama. Un desastre puede hacer o destruir a un líder. La administración de George W. Bush nunca se recuperó de la chapucera respuesta al huracán Katrina, en 2005.

En lo inmediato, sin embargo, la prueba más importante es la prueba de Waffle House. A Craig Fugate, quien dirigió la FEMA bajo el presidente Obama, le gustaba medir la respuesta a la tormenta mediante el hecho de si la icónica cadena sureña de restaurantes, abiertos las 24 horas, estaba funcionando. La cadena de restaurantes tiene decenas de sucursales alrededor del área de Houston, por lo que una manera de juzgar el efecto de Harvey será cuánto hay que esperar para comprar un desayuno de waffles, huevos y tocino en Galveston o Baytown.

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Este artículo apareció originalmente en inglés en The Atlantic y en CityLab.com.

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