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El calentamiento global está haciendo seis veces más probable que Texas tenga huracanes como Harvey

Un nuevo estudio comprueba que, si bien el cambio climático no crea directamente megatormentas, sí las hace más comunes.
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20 Nov 2017 – 12:21 PM EST
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Algunos residentes de Houston, en Texas, son rescatados luego del paso de Harvey en agosto pasado. Crédito: Scott Olson/Getty Images

Uno puede comparar el sistema climático de la Tierra como un par de dados. Nunca sabes exactamente qué resultado arrojará la tirada. Pero, algunas opciones, como que te salga un siete, son mucho más probables. Otras, como obtener un doble uno, son menos probables. Y una forma de ver el calentamiento del planeta es decir que estamos acondicionando los dados para que salgan resultados extremos, incluyendo algunas de las más desagradables situaciones meteorológicas posibles en Estados Unidos.

Un nuevo estudio, desarrollado con rapidez en septiembre y publicado hace una semana en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences, concluye que cada vez es más alta la probabilidad de que esos mismos dados, una vez lanzados, deriven en muy desagradables condiciones del tiempo. El calentamiento global pudo no haber causado el huracán Harvey, que arrasó Houston durante una semana a mediados de año, pero sí hizo que su azote fuera más probable.


El estudio afirma que las tormentas de 20 pulgadas o más de lluvia en Texas son, aproximadamente, seis veces más probables de ocurrir ahora de lo que lo eran a fines del siglo pasado. Harvey dejó caer unas 20 pulgadas de lluvia durante su paso por el estado y en ciertas partes de Houston diluvió hasta acumular 60 pulgadas, sobrepasando el antiguo récord.

Ahora bien, los ciclones tipo Harvey serán más frecuentes conforme nos adentramos en el siglo XXI. Entre 1981 y 2000, había un 1% de probabilidades de que un huracán produjera 20 pulgadas de lluvia en Texas. Pero al cierre de la presente centuria –de 2081 a 2100, cuando los chicos de hoy ya sean unos ancianos–, la chance será de un 18.2% si la Tierra se sigue calentando al ritmo actual.

“Sería poco sensato asumir que el clima del futuro se parecerá al que hemos visto durante los últimos 100 años”.


“Cuando se planifique el futuro de ciudades como Houston, sería poco sensato asumir que el clima por venir se parecerá al que hemos visto durante los últimos 100 años”, sostuvo Kerry Emanuel, autor del informe y profesor de Ciencias de la Atmósfera en el MIT. “Incluso si el clima no cambiara, los registros de precipitaciones son demasiado cortos y su calidad muy baja, para anticipar a ciencia cierta los riesgos de las inundaciones”.

Pero el calentamiento global empeorará los huracanes por dos razones. Primero, las que de otra manera serían tormentas de todo tipo –no solo huracanes– retendrán más humedad en un clima cálido. “Es uno de los riesgos de los que estamos más seguros”, me dijo. “La Física es tan simple: calienta el aire y verás que podrá retener más agua”.

Y, en segundo lugar, el calentamiento global hará que las tormentas se muevan más lentamente. Lo que hizo de Harvey un ciclón tan devastador fue más su duración que su intensidad: el huracán se desplazó hacia la orilla, estacionó sobre Houston y luego se movió circularmente allí por tres días. Se convirtió en una correa de transmisión atmosférica, recogiendo agua del Golfo de México y devolviéndola en lluvia sobre el área metropolitana de Houston. Fue así como se originaron las alarmantes inundaciones en el interior de la ciudad.

De acuerdo al estudio de Emanuel, el calentamiento global contribuyó a que huracanes similares ralentizaran su movimiento. Aunque los ciclones tropicales desatan feroces ráfagas de viento en el centro de la Tierra, sus movimientos a lo largo de la superficie del planeta –y, por ello, su trayectoria tormentosa– están determinados por los vientos más lentos de gran altura condicionados por los distantes sistemas de altas y bajas presiones. Este motor planetario se ralentiza a medida que el calentamiento global provoca similitudes entre las temperaturas terrestres y oceánicas.

“Si la [circulación general] disminuye su velocidad, entonces los lugares costeros recibirán más lluvia”, recalca Emanuel. “Pero la razón fundamental de ello es que hay más agua en el aire”.

Emanuel desarrolló el estudio por medio del uso de una herramienta computacional de la que él mismo ha sido el precursor: integrar un modelo ciclónico y oceánico en un modelo climático común y corriente a escala planetaria. Para determinar la propensión actual del clima respecto a la ocurrencia de una tormenta como Harvey, utilizó tres modelos meteorológicos (con la herramienta para huracanes incorporada) para simular miles de años a partir del clima de fines del siglo XX. Y luego utilizó seis diferentes modelos climáticos (cada uno con la misma herramienta) para simular miles de años más a partir del clima de fines del siglo XXI. Examinando los hallazgos relativos a las precipitaciones y la trayectoria de los ciclones, pudo encontrar probabilidades de riesgo más precisas.

“Este análisis proporciona fuerte evidencia de por qué la información del cambio climático debería ser incluida en cualquier plan constructivo en Houston”, indicó Heidi Cullen, científica principal y directora del programa de Reparto Mundial del Tiempo en Climate Central, organización sin fines de lucro ubicada en Princeton, Nueva Jersey.


Cullen reconoció que el informe era un “análisis muy bien hilvanado” que “esclarece la necesidad de actuar rápidamente tanto en términos de adaptarnos a los cambios que ya están en curso como de reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles”.

Sin embargo, el estudio no captó en su totalidad el riesgo futuro de las precipitaciones que causan inundaciones en el área de Houston o en Texas, añadió. “Cerca de un tercio de eventos con extremas precipitaciones en la Costa del Golfo no está asociado a huracanes”, me aseguró Cullen, mencionado un próximo análisis de Climate Central sobre el huracán Harvey. “Cuando se observan los extremos climáticos, es conveniente no perder de vista todos los eventos que producen lluvia”.

Si bien el informe de Emanuel estaba pensado para una rápida publicación –él aseveró que se apuró en completarlo para poder prestar información con celeridad en la recuperación de Houston–, emplea algunas de las técnicas más avanzadas en la Ciencia Climática. Haber integrado un modelo ciclónico a un modelo climático contribuyó a que un grupo de investigadores concluyera hace un mes que la ciudad de Nueva York vería pronto grandes inundaciones inducidas por huracanes, al menos cada cinco años.

Igualmente, el conocimiento de Emanuel ayudó a ilustrar el Informe Especial de las Ciencias del Clima, publicado este mes por 13 agencias federales, el cual predijo que el calentamiento global incrementará la potencia y la capacidad destructiva de huracanes para fines del presente siglo.

El informe además examinó cuán probable es que una tormenta tipo Harvey impacte, en particular, el área metropolitana de Houston. Aunque antes del fin del siglo XX llegar una situación de esta intensidad habría pasado una vez cada 2000 años, a fines del siglo XXI aumentará su probabilidad a pasar una vez cada 100 años. “Para los estándares del clima promedio entre 1981 y 2000”, añade el informe, “las precipitaciones que trajo Harvey en Houston fueron bíblicas, al menos en el sentido de que era probable que ocurrieran una vez desde que fue escrito el Viejo Testamento”.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en The Atlantic y en CityLab.com.

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