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CityLab Medio Ambiente

Cómo Oakland venció al carbón

Una inverosímil unión de ecologistas, sindicatos y grupos de justicia social fue clave para evitar que este material transite por el puerto de la ciudad.
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26 Jul 2016 – 11:03 AM EDT

Cuando el 1 de noviembre de 2013, las autoridades de la ciudad de Oakland y desarrolladores inmobiliarios pusieron la primera piedra del nuevo Oakland Global Trade & Logistics Center, un centro industrial de 322 acres en el puerto de Oakland, el acontecimiento se proclamó como una chispa para el renacimiento de esta ciudad con serias dificultades económicas. La base militar que ocupó una vez esa área había estado cerrada desde 1999, lo cual ocasionó la pérdida de miles de empleos. Cuando esté terminado, el nuevo centro industrial albergará la Terminal de Graneles y Cargas de Gran Tamaño de Oakland, que almacenará grandes cantidades de productos básicos para su exportación a otros países, entre ellos China.

Un producto básico que no pasaría por esta terminal sería el carbón, prometió en aquel entonces el desarrollador del proyecto Oakland Global, Phil Tagami. En un boletín de diciembre de 2013 de la compañía de desarrollo de Tagami, California Capital & Investment Group, hizo la siguiente promesa:

"Me han informado que existen preocupaciones por parte de la comunidad acerca de un presunto plan para desarrollar una planta de carbón o centro de distribución de carbón como parte del proyecto Oakland Global. Eso, sencillamente, no es cierto. Los individuos que difunden ese rumor están mal informados. Hay constancia pública de que CCIG no tiene interés o participación en la búsqueda de operaciones relacionadas con el carbón en la antigua base militar de Oakland".

Un voto unánime del consejo municipal de Oakland a principios hace unas semanas prohibiendo el manejo y almacenamiento de carbón dio fe de la afirmación de Tagami. Pero esa prohibición se produjo sólo porque Tagami había comenzado a incumplir su promesa de no involucrarse en el negocio del carbón: poco después de que se dio a conocer ese boletín, el desarrollador comenzó a negociar con Utah para recibir toneladas de productos derivados del carbón de ese estado en la terminal de graneles a cambio de 53 millones de dólares. Así se reportó en The Richfield Reaper, un periódico local de una pequeña ciudad en el centro-sur de Utah en abril del año pasado:

"La propuesta es que se utilicen los 50 millones de dólares de la CIB (Junta de Impacto Comunitario) para pagar una parte de la construcción de un puerto de embarque de 250 millones de dólares en Oakland. Aunque el dinero de la CIB se utilizaría para financiar la infraestructura, los cuatro condados participantes no serían propietarios de la instalación. En su lugar, poseerían el derecho a utilizar un 49% de la capacidad del puerto para el envío de cargas por el Pacífico. …
Al comprar una parte de la capacidad del puerto, los cuatro condados socios podrían utilizar un 49% de un estimado de 750,000 toneladas de capacidad de embarque cada año para enviar carbón y otros productos".

Cuando los activistas de justicia medioambiental en Oakland se enteraron de esta información, comenzaron de inmediato a alertar a varias comunidades. Ya resultaba bastante lamentable que Tagami estuviera rompiendo su promesa. Pero la terminal de graneles por la que pasaría el carbón está justo cerca de West Oakland, una sección históricamente afroamericana de la ciudad, con altas tasas de desempleo y asma. Lo que vino a continuación fue una movilización de amplio alcance contra los planes relacionados con el carbón que se extendió a través de un diverso conjunto de círculos de activistas ambientales: de justicia ambiental, justicia económica, sindicatos, e incluso defensores de la vivienda justa.

Debido a esta coalición —unida bajo la consigna de No Coal in Oakland—la ciudad emitió un histórico voto el 27 de junio prohibiendo la exportación de carbón, siguiendo el ejemplo de ciudades como Portland, Oregon . Si se hubiera aprobado el acuerdo, millones de toneladas de carbón habrían sido almacenadas en la terminal portuaria cada año, y Oakland se habría convertido en la mayor ciudad exportadora de carbón en la costa oeste.

También Oakland habría sido más culpable de contribuir a las emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con el cambio climático.

La activista de justicia ambiental Margaret Gordon, codirectora del Proyecto de Indicadores Medioambientales de West Oakland, llevaba mucho tiempo trabajando para garantizar que el desarrollo del puerto se desarrollara de forma limpia. Ella no sólo quería que el proyecto cubriera las necesidades económicas y de empleo de West Oakland, sino también quería asegurarse de que cualquier mercancía que pasara por el lugar no representara un riesgo para la salud de los residentes que ya estaban en crisis.

"Esta lucha con el puerto se remonta a 1994", dice Gordon. "Me he enfocado en la equidad, la salud y el desarrollo justo, y en que las empresas locales pequeñas y de minorías se beneficien de las operaciones del puerto de Oakland".

Otros grupos ecologistas, como la Red Ambiental Asia Pacífico, la organización San Francisco Baykeeper, Earthjustice, y el Sierra Club, también se unieron rápidamente a la lucha, enfocándose en evitar la entrada de carbón a Oakland. Eso no fue una sorpresa. Estos grupos ecologistas han estado luchando contra el uso de carbón en Estados Unidos durante décadas y actualmente tienen contra las cuerdas a dicha industria. Sin embargo, el golpe sin aviso al potencial negocio del carbón en Oakland vino de un sector del que normalmente no se esperaría: los sindicatos.


El Consejo Laboral de Alameda —un comité administrativo conformado por la jerarquía que mantiene una considerable influencia política en Oakland— votó el año pasado en contra de los planes de Tagami relacionados con el carbón. Lo hicieron a pesar de tener contratos de trabajo para la remodelación general del puerto de Oakland en curso. Una de las voces principales del sindicato contra el carbón surgió del Sindicato de Estibadores y Almacenes, cuyos miembros se habrían beneficiado directamente del negocio del carbón con Utah.

Derek Muhammad, secretario-tesorero del sindicato de los estibadores, dice que no les fue difícil a sus miembros adoptar esta postura en contra del carbón.

"Hemos estado haciendo el trabajo duro y sucio en Oakland desde el inicio de nuestro sindicato, por lo que trabajar en un ambiente peligroso no es nada nuevo para los estibadores", dice Muhammad. "Pero cuando nos fijamos en toda la evidencia médica y los peligros relacionados para la comunidad en general —y algunos de nosotros en el pasado hemos perdido amigos y seres queridos debido a la inhalación de asbesto y cosas por el estilo— fue una decisión muy fácil".

Sin embargo, no todos los sindicatos estaban de acuerdo. De hecho, el sindicato de camioneros locales, cuyos miembros controlan muchos de los trabajos de construcción, estaba mayormente a favor. Pero cuando en junio el ayuntamiento de Oakland emitió el voto para prohibir el carbón, los funcionarios del sindicato de camioneros no se presentaron para hablar. Algunos activistas ambientales y laborales interpretaron el hecho como que el sindicato de camioneros se resignaba. Pero, como Marty Frates, secretario-tesorero de los camioneros le dice a Citylab, realmente sus miembros estaban en Las Vegas en la convención nacional de camioneros.

"En resumidas cuentas: Toda esta cuestión debió haberse mantenido interna y las autoridades de la ciudad debieron haber investigado [los contratos con el desarrollador]", dice Frates. "Nos podrían haber enviado residuos nucleares a Oakland y nadie lo hubiera sabido. Si vamos a investigar el carbón, entonces vamos a investigar todo lo que pasa por Oakland".

Aun así, fue histórico que cualquier representante sindical haya tomado parte en la protesta , y ni hablar de que haya jugado un papel importante. La alianza entre los ambientalistas y los obreros formada en los últimos años no ha sido invulnerable. La Federación Estadounidense del Trabajo y Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO por sus siglas en inglés) no se unió a los activistas contra el cambio climático en sus protestas contra el oleoducto Keystone XL porque le preocupaba perder miembros. Y aunque la AFL-CIO sí prometió apoyar los esfuerzos políticos del multimillonario Tom Steyer en la lucha contra el cambio climático a principios de este año, ocho de los principales sindicatos de la construcción le enviaron una carta furiosa al presidente de la AFL-CIO, Richard Trumpka, por haber actuado de esa forma.

Sin embargo, manifestarse a favor de la justicia social no era nada nuevo para los estibadores de Muhammad. Muhammad señala que en la década de 1980 el sindicato se manifestó contra el apartheid negándose a manejar cualquier carga procedente de Sudáfrica en el puerto. Más recientemente, ayudaron a dirigir una campaña para mejorar las emisiones de combustible y diésel entre los camiones de mercancías que pasan a través de Oakland.

"Íbamos en esta dirección, pero lo de carbón fue un gran paso sobre lo que sospecho discutiremos mucho en el futuro", dice Muhammad.


Sin embargo, la lucha de Oakland contra el carbón se expandió mucho más allá de los sindicatos. Varios grupos de justicia social que tradicionalmente no guardan relación con las causas ambientales se unieron a esta lucha. Un fórum educacional celebrado en la sede de la Unión Internacional de Empleados de Servicio (SEIU, por sus siglas en inglés) en diciembre pasado fue representativo de esto. Varios activistas se presentaron allí para hablar sobre una multitud de cuestiones —entre las que se encontraban la gentrificación, el desplazamiento, y la lucha por un salario mínimo de 15 dólares por hora— vinculándolo todo con la necesidad de no dejar entrar el carbón a Oakland. No fue sólo una muestra de interseccionalidad; fue la convergencia de una constelación de fuerzas.

"A medida que avanzábamos, nos dimos cuenta de que teníamos que solidarizarnos con otras causas", dice Brittany King, una organizadora de la Sección de la Bahía de San Francisco del Sierra Club. "Estas personas estaban preocupadas por el medioambiente, la vivienda y la seguridad de la comunidad. Por eso se convirtió en una cuestión de ¿cómo podemos ayudarlas a difundir su mensaje y nuestro mensaje también?'. Sabíamos que, si podíamos unir nuestros esfuerzos, entonces tendríamos más oportunidades de ganar".

Disperso en medio de esta red estaba el tema de la justicia racial. Después de todo ésta era la misma Oakland donde el afroamericano Oscar Grant fue asesinado por policías en el año 2009. Oakland también tiene una de las tasas más altas de desempleo entre los jóvenes afroamericanos en Estados Unidos. Esta última cuestión fue una de las que aquellos en favor del acuerdo del negocio del carbón con Utah no tardaron en aprovechar.

Cuando el ayuntamiento celebró un debate público sobre la prohibición de carbón propuesta antes de votar en junio, algunos afroamericanos hablaron a favor de permitir el negocio del carbón. La dificultad estribaba en escoger entre la creación de empleos y la justicia económica para los afroamericanos desempleados y salvar el medio ambiente.

Sin embargo, como Darwin BondGraham reportó para el East Bay Express, los desarrolladores involucrados con la transacción de carbón de Utah habían estado ofreciendo dinero y otros favores a ciertas personalidades de raza negra a cambio de su apoyo. El grupo a favor del negocio del carbón recurrió incluso al envío de anuncios publicitarios engañosos a las comunidades negras bajo la apariencia de un grupo pro-sindicalista. Una de las personas a quienes se acercaron fue Gordon. Pero como ex comisionada del puerto de Oakland (había trabajado en estas cuestiones durante los últimos 20 años) no la engañaron fácilmente y los rechazó.
"Esperaba que escalaran la situación y recurrieran a las mentiras y el engaño", dice Gordon. "Yo estaba preparada para eso. Ya lo había visto antes. Muchos otros proyectos en Oakland llegaron con promesas de empleos, desde el terremoto de 1989 cuando colapsó la carretera. Siempre hablan de empleos, pero esos empleos nunca les llegan a los residentes de West Oakland que más los necesitan".
La explotación de la justicia racial fue algo aún más personal para Muhammad.

"Sí, la mayor parte de los ecologistas eran blancos, y el otro bando intentó decir que las personas blancas no entendían nuestra lucha, y que estaban tratando de gentrificar West Oakland", dice Muhammad. "Pero yo dije, 'Espera, yo soy negro, y [la contaminación de carbón] afecta a las personas negras también. No quiero respirar eso, o trabajar con esas cosas. Así que no traten de decir que sólo a los caucásicos les preocupa esto.' La mayor parte de mi sindicato local está formado por personas negras, y también se oponen a eso".

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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