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Al zika le encanta Miami Beach

Los altos edificios de lujo en las ciudades de Florida dificultan la lucha de las autoridades contra los mosquitos transmisores de enfermedades.
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10 Sep 2016 – 8:48 AM EDT

La urbanización desordenada en algunas de las ciudades de más rápido crecimiento del mundo preparó las condiciones para la propagación del zika. El Aedes aegypti, el mosquito portador del virus, prospera entre los seres humanos, y ha encontrado un ambiente especialmente ideal para su reproducción en la basura expuesta, los baches en las calles, y los improvisados sistemas de almacenamiento de agua de los vecindarios latinoamericanos pobres. Los caminos prácticamente inaccesibles en esos mismos sitios han generado un problema para los fumigadores que intentan cubrir toda área vulnerable.

Desde que la enfermedad surgió en Brasil en mayo de 2015, 45 países han confirmado casos de transmisión local de zika a través de mosquitos, sobre todo en América del Sur y el Caribe. En muchos de estos países, el número de casos ha comenzado una tendencia a la baja durante el mes pasado. Pero en Estados Unidos, el área de transmisión se está expandiendo. En Florida, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) han contabilizado 35 casos locales hasta el momento, con dos zonas de Miami-Dade identificadas por CDC como focos de transmisión (aunque en EEUU se han reportado casi 2,000 casos de infección adquirida en el extranjero y unos pocos mediante relaciones sexuales, ningún otro estado ha documentado aún transmisión local). Y ahora otra forma de desarrollo urbano está probando ser un desafío para los esfuerzos contra el zika: los altos edificios de lujo.

La manera más sencilla de tratar grandes extensiones de tierra poblada es por vía aérea: avionetas que vuelan a baja altura fumigan con insecticida grandes extensiones de áreas pobladas, a menudo tarde en la noche, después de que han amainado los vientos. No sólo las características torres brillantes de Miami Beach dificultan el vuelo de estas avionetas, sino que también generan túneles de viento, haciendo más difícil que los insecticidas se asienten en las áreas zonas a las que van dirigidos, como reportó National Geographic en agosto.

Thomas Frieden, director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, reconoció este problema cuando declaró Miami Beach un área de especial preocupación a mediados de agosto. "El hecho de no poder utilizar la fumigación aérea significa que estaremos restringidos a las técnicas terrestres como la mochila pulverizadora", dijo. Sin embargo, esa táctica sólo cubre áreas relativamente pequeñas. Al igual que en las favelas de Brasil, los fumigadores con mochilas en Miami tienen que buscar a pie los criaderos de mosquitos, que pueden ser tan pequeños y sencillos como unas cuantas gotas de agua en una tapa de botella.

En Wynwood, un distrito de las artes al norte del centro de Miami, la fumigación aérea ha reducido considerablemente las poblaciones de mosquitos, según Frieden. Además de hacer la fumigación aérea cuando es posible en Miami Beach, los contratistas locales del condado también están poniendo en funcionamiento camiones especializados con turbinas para fumigar las calles de las ciudades por secciones. Se supone que estos camiones son más efectivos que las mochilas.

Pero el zika seguirá siendo un hueso duro de roer en las ciudades densas, repletas de turistas, como Miami, con muchísima población, mucho movimiento entre esas personas y mucha piel expuesta. Además, el Aedes aegypti es un insecto astuto: cuando se le expone a ciertos insecticidas, las poblaciones de mosquitos son más propensas a desarrollar resistencia a los mismos. No sólo la fumigación aérea cubre más terreno que las técnicas terrestres, sino que también utiliza un insecticida mucho más poderoso llamado Naled, al cual los mosquitos aún no han desarrollado resistencia (aunque CDC y EPA insisten en que es seguro, el uso de productos químicos ha provocado controversia en algunos vecindarios de Miami, y la práctica de llenar algunos de los más valiosos bienes raíces del país de potentes insecticidas seguirá generando protestas más fuertes y visibles que las que hubo en Brasil).

Tampoco ayuda que Estados Unidos carece de una campaña unificada para combatir el zika. Aparte de un austero equipo de trabajadores de CDC que mapean las áreas de Miami con población de mosquitos portadores del zika, se han dedicado muy pocos recursos humanos federales a detener el riesgo de infección. El subadministrador de la ciudad de Miami, Nzeribe Ihekwaba, le dijo a Bloomberg la semana pasada: "Ésta es una crisis de salud pública, no es un problema local. Necesitamos más ayuda. Del gobierno federal tiene que haber más".

Por desgracia, la última sesión del Congreso no produjo nada excepto más estancamiento en el financiamiento de los esfuerzos de eliminación y la investigación de nuevos insecticidas y vacunas. Los legisladores realizarán una votación de procedimiento sobre el financiamiento de la lucha contra el zika el martes, el primer día de la sesión corta del Congreso. Pero hasta que sus palabras no se conviertan en acciones, la responsabilidad de proteger la salud pública continuará dependiendo en gran medida parte de las ciudades y los estados, una responsabilidad que parece crecerá aún más. Especialmente después de una histórica inundación este verano, los mosquitos portadores del Zika pueden hacer de la Costa del Golfo su nuevo y acogedor hogar .

"No me sorprendería en lo absoluto si viéramos surgir casos individuales y quizás incluso grupos de casos en otras áreas de Florida, así como en otros estados de la Costa del Golfo", dijo Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas a CNBC a finales de agosto. "Ciertamente existe esa posibilidad. No nos sorprendería, porque están dadas las condiciones para que eso suceda".

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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