null: nullpx
CityLab Latino

El improbable optimismo de la juventud latinoamericana

No cumplir con estas altas expectativas podría provocar protestas y fuga de cerebros.
29 Mar 2016 – 6:01 PM EDT

Por alrededor de diez años, y hasta 2013 cuando terminaba la explosión urbana de la región, las cosas se veían bien para Latinoamérica. Los precios de las materias primas estaban en aumento y una mayor demanda de éstas en China catalizaron un boom económico que condujo a una reducción significativa en la pobreza y, tal como observó Moisés Naím en The Atlantic, una mejora sin precedentes en cuanto a la desigualdad, lo cual creó la clase media más grande en la historia de Latinoamérica.

La región también aguantó la crisis financiera de 2008 mejor que algunas economías más grandes y más desarrolladas, lo cual dio la impresión que su crecimiento económico había llegado para quedarse. Y dicha impresión aparentemente ha perdurado, por lo menos entre los jóvenes: una encuesta encargada a finales del año pasado por la Citi Foundation halló que la juventud latinoamericana urbana se encontraba entre las más optimistas del mundo en cuanto a su futuro económico, a pesar de que sus ciudades sacaron una calificación relativamente baja en el índice de oportunidad económica del estudio.

Aparentemente, esto es algo bueno. De hecho, las investigaciones revelan que el optimismo y creer en el futuro de uno mismo en realidad crean mejores resultados económicos, ya que personas que creen en sus futuros son más propensas a invertir en ellos. Pero los jóvenes urbanos de Latinoamérica quizás sufrirán un brusco despertar. A lo largo de los últimos cinco años el crecimiento económico de la región se ha desacelerado y el futuro no parece ser muy prometedor. Han caído los precios de las mercancías, lo cual ha reducido los términos de comercio exterior. Brasil está sumido en una recesión continua y las megaciudades de la región están creciendo a un ritmo más lento que las ciudades en cualquier otra parte del mundo.

¿Entonces, por qué hay un optimismo tan duradero entre los jóvenes urbanos de Latinoamérica? Y, lo que es aún más importante, ¿qué ocurrirá si las ciudades latinoamericanas no pueden cumplir con sus expectativas?

¿Un falso sentido de seguridad?

Los autores del estudio de Citi Foundation no pueden precisar la causa del optimismo juvenil en ciudades donde el PIB y los demás indicadores económicos son bajos, pero sí tienen algunas interpretaciones.

“Da la casualidad que algunas de las ciudades con PIB más bajos son donde está ocurriendo el mayor crecimiento económico”, dice Brandee McHale, presidente de la Citi Foundation. “Entonces, incluso si el PIB general es bajo, al crecer los jóvenes están viendo desarrollo ocurriendo a su alrededor. No podemos demostrar una causalidad exacta, pero lo que estamos infiriendo de esto es que cuando [los jóvenes] observan un entorno dinámico centrado en el crecimiento, son muy optimistas”.

O sea, estas regiones quizás no tengan un PIB alto pero sí tienen un nivel alto de crecimiento de PIB. Como es de esperarse, los jóvenes que son testigos de este boom de crecimiento tenderán a ser optimistas en cuanto a su futuro económico.

Dicha teoría parece ser un poco más válida con las optimistas economías en desarrollo de Asia, donde el PIB es bajo pero el crecimiento se mantiene consistentemente alto. Según los datos del estudio, entre estas economías la tasa más baja de crecimiento fue la de Bangkok (4.7%) y la más alta fue la de Beijing (8.8%). En contraste, la tasa más baja de crecimiento de las economías optimistas de Latinoamérica se dio en Buenos Aires (-0.3%, una contracción) y la más alta fue la de Ciudad de Panamá (6.8%), la está por debajo de las ciudades asiáticas de mayor crecimiento.

Entre todas las ciudades encuestadas, una de las poblaciones de jóvenes más optimistas se encontró en São Paulo, Brasil, a pesar de que la ciudad tuvo un crecimiento de PIB de sólo el 2.1%, lo cual fue menor que cualquier ciudad asiática incluida en la encuesta (para una mirada más detallada a los resultados del estudio, puede descargar la herramienta interactiva de la base de datos aquí). Eso resulta particularmente asombroso cuando se toma en cuenta el clima económico general de Brasil, país que ha estado luchando con una recesión durante años. De hecho, el lento crecimiento de las ciudades brasileñas ha entorpecido el crecimiento de toda la región.

De todas maneras, varias ciudades latinoamericanas demostraron niveles más altos de crecimiento que ciudades en regiones desarrolladas (una tendencia común entre las ciudades estudiadas). Pero la relación entre las tasas de crecimiento del PIB y el optimismo no fue consistente en la región y no parece explicar la creencia en un futuro brillante entre los jóvenes latinoamericanos, todo a pesar de que sus ciudades sacaron bajas calificaciones en los índices de desempeño económico.

Optimismo cultural y circunstancias mejoradas

Carol Graham, investigadora sénior en el Brookings Institute que ha estudiado la economía de la felicidad y el bienestar en todo el mundo, piensa que los resultados del estudio reflejan dos cosas.

“Yo me crié en Latinoamérica y por lo general es un lugar culturalmente alegre”, dice Graham. “La gente ama a sus familias, apartan el tiempo para comer juntos, les encanta la música. Pienso que hay una alegría entretejida en toda la cultura que incrementa las calificaciones promedio [de felicidad]”, dice.

De acuerdo a esto, quizás los jóvenes latinoamericanos se sienten bien acerca del futuro porque por lo general se sienten bien acerca de todo: el optimismo está imbuido en su visión cultural del mundo.

Pero Graham también nota que, así como las circunstancias materiales de los latinoamericanos han mejorado a lo largo de los últimos 15 años, su sentido de bienestar también ha mejorado. Profundos programas sociales han alivianado la carga de los sectores más pobres de la sociedad latinoamericana. Y quizás esto también ha incidido en las actitudes sociales que los latinoamericanos adoptan en cuanto a la pobreza.

“En los EE.UU. estigmatizamos a nuestros pobres. La discusión ideológica es que si eres pobre, es tu culpa”, dice Graham. No es así en Latinoamérica, donde programas grandes y efectivos de transferencia condicional de dinero han sacado a millones de la pobreza.

Por lo tanto, las familias pobres de Latinoamérica no sufrirían de tanta preocupación como las familias pobres de Estados Unidos y tienden a creer más en el sueño americano.

Esto nos lleva a la próxima pregunta crucial: ¿qué sucede cuando el crecimiento lento se convierte en contracción económica y todo el progreso logrado por los programas sociales empieza a disminuir?

Un futuro inseguro

En su nota publicada el año pasado en The Atlantic, Moisés Naím presagia una “tormenta cercana” en Latinoamérica. Señala los recientes indicadores económicos negativos de la región y el peligro que presentan a la recién establecida clase media.

Argumenta que, debido a su potencia política aumentada, así como sus expectativas, en conjunto la clase media presenta una amenaza a los gobiernos establecidos de la región. Una cita de su artículo:

"En relación con los ciudadanos más pobres, los miembros de la clase media muchas veces se sienten con mayor poder político y más conectados; sus expectativas del gobierno se incrementan en conjunto con sus estatus económicos y están en una mejor posición para organizarse y exigir que se cumplan con esas expectativas. Con frecuencia esta organización viene en forma de protestas callejeras que se han vuelto frecuentes desde México a Argentina."

Estas protestas, si bien tienen el potencial obvio de sacar a régimenes políticamente corruptos y situar a países enteros en un mejor camino, podrían conducir a la inestabilidad política a largo plazo en la región, algo que no sería una buena noticia desde un punto de vista económico.

En las ciudades que no llegaran a cumplir con las expectativas económicas de sus poblaciones jóvenes, es fácil prever el desarrollo de la situación: ira y resentimiento se podrían acumular a lo largo del tiempo entre los que crecen oyendo promesas que nunca que se cumplen.

También es posible que muchos jóvenes ni siquiera se queden para protestar. El estudio Citi Foundation halló que los jóvenes latinoamericanos tenían mayores probabilidades que los demás encuestados de haberse mudado a una ciudad nueva dentro de los últimos cinco años (de hecho, un 77% de los encuestados viviendo en São Paulo se habían mudado para allá dentro de los últimos cinco años anteriores, la cuota más alta entre las ciudades encuestadas). Y entre los que se habían mudado anteriormente por lo menos una vez, un 85% dijo que se mudarían de nuevo si no pudieran encontrar oportunidades económicas donde estaban. Esta cuota es también mayor que cualquier otra región encuestada. Es decir: los jóvenes latinoamericanos no tienen medio de irse si no les queda de otra.

Tal hallazgo presenta un riesgo serio de una fuga de cerebros en toda Latinoamérica, la cual podría dar como resultado un desastre aún más profundo para ciudades (y países) que dependen de jóvenes inteligentes para completar sus fuerzas laborales.

“Tener partes grandes de poblaciones recoger y migrar realmente vuelve a iniciar el proceso de nuevo [para ciudades]”, dice McHale. “Y si estamos pensando en el nivel de competencia económica y salud futura de las ciudades, esto es un tema que realmente querrán abordar”.

Esta historia fue publicada originalmente en inglés en CityLab.com.

RELACIONADOS:CityLab Latino
Publicidad