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Autos Eléctricos

¿Valen la pena los autos eléctricos?

Más económicos y menos limpios que lo que a primera vista aparentan, los autos eléctricos aún no son para todo el mundo.
17 May 2016 – 4:50 PM EDT

Desde el último pico de los precios del combustible en julio del 2008, la entonces incipiente presencia de los autos electrificados en el mercado automotriz comenzó a despertar la curiosidad de una parte del público que en cualquier otra circunstancia no habría ni volteado a verlos. Con el Toyota Prius liderando la manada, hoy los autos híbridos ya se han ganado un lugar legítimo y creciente en el parque automotor de las naciones industrializadas.

Sin embargo el auto híbrido es solo uno de los miembros de la familia de los autos electrificados. Allí comparte espacio con el híbrido de conexión, en el que el motor eléctrico más que ayudar y suplementar a bajas velocidades al motor de gasolina, como en el caso de los híbridos convencionales, comparte a similar escala las funciones de movilización del vehículo por lo que necesitan ser conectados a la red eléctrica. El tercer miembro de la familia es el auto 100% eléctrico, el cuasimítico vehículo que encarna la aún distante meta donde todas las modalidades de movilización deberán llegar si queremos lograr un futuro sin emisiones contaminantes.

Pero, ¿estamos realmente listos para el auto eléctrico? La respuesta depende de para qué se lo quiera usar.

El auto eléctrico es una solución ideal para el transporte urbano. La manera rápida en que desarrollan velocidad y la eficiencia en el uso de energía los hacen perfectos para viajes cortos en centros urbanos. Prueba de esto es el hecho de que cada vez más flotas de compañías de servicios públicos están sustituyendo sus autos de gasolina por vehículos eléctricos.

Pero para cualquier persona que necesite recorrer en un mismo día distancias similares o superiores a la autonomía provista por una carga de batería, que suele ser escasa, la tenencia del auto eléctrico presenta retos que superan los sacrificios que el público general probablemente esté dispuesto a hacer.

Por ejemplo, los centros de recarga eléctrica son aún muy escasos. No están literalmente en cada esquina, como en el caso de las estaciones de gasolina, y en muchas ciudades aún es difícil encontrarlos. Por otra parte, los tiempos de carga superan con creces los del rellenado de un tanque de gasolina. Un Nissan Leaf con la batería extendida tarda 21 horas en cargar en un enchufe de 110 o 120 voltios, mientras que en una estación de carga convencional de 220 voltios puede cargarse en ocho horas y en un cargador rápido puede cargar la batería en poco menos de una hora pero en detrimento de la vida útil de la misma. Al contrastar estos tiempos con los cinco minutos en que se llena un tanque de gasolina es fácil ver como la tecnología aún no está lista para su masificación.

La vida con un vehículo eléctrico aún requiere de una meticulosa planificación de nuestros días, aunque según Clemente Álvarez Andrés, experto en temas ambientales de Univision Planeta , “hoy en día ya es posible desplazarse perfectamente por una ciudad en un auto eléctrico. Como usuario, es muy gratificante usar un vehículo que no hace ruido y saber que no tenemos que repostar gasolina”.

Desde el punto de vista ecológico el auto eléctrico, en palabras de Álvarez Andrés, “ no genera emisiones directas, así que va a ser bueno para el aire que respiramos en una ciudad; ahora bien, si lo que queremos es reducir las emisiones globales que causan el cambio climático, entonces que el vehículo eléctrico sea mejor que el de gasolina dependerá de cómo se haya producido la electricidad que utilice; si es en una central de carbón, el remedio puede ser peor”. Un triste ejemplo de esta reflexión es el área de Hong Kong, donde el 56% de la energía eléctrica es generada por la quema de carbón por lo que el aumento del parque automotriz eléctrico del 5,600% experimentado entre 2011 al día de hoy en esa región indirectamente ha causado un excedente de 20% en emisiones de dióxido de carbono en la zona. Una circunstancia que, aunque le es ajena a la tecnología, aún afecta su idoneidad.

Económicamente “ sigue siendo mucho más caro comprar un auto eléctrico que uno de gasolina, pero el costo diario de mantenimiento es mucho más bajo, casi inexistente,” según Damià S. Bonmatí, experto en asuntos financieros de Univisión Dinero. Según Bonmatí “ el futuro del eléctrico depende en buena medida de la evolución del precio de la gasolina, que según algunos analistas dicen que podría mantenerse bajo durante los próximos cinco años”. Suena como tiempo suficiente para planchar las arrugas que aún muestra la tecnología. El tiempo lo dirá.


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