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Jorge Sánchez y Dyesi Flores, de 57 y 42 años, junto a sus hijos en Reynosa, México. Dejaron su casa en El Salvador en mayo de 2016 por un ultimátum: "No vayan a amanecer aquí".

Estas familias amenazadas de muerte están encalladas en la frontera mientras miles de cubanos entran

Estas familias amenazadas de muerte están encalladas en la frontera mientras miles de cubanos entran

Huyen de las maras en Centroamérica: amenazas, desapariciones, violaciones y muertes de familiares directos. Pero estas dos familias aseguran que los agentes fronterizos de Estados Unidos, que atienden a centenares de cubanos cada día, no han escuchado sus potenciales casos de asilo.

Jorge Sánchez y Dyesi Flores, de 57 y 42 años, junto a sus hijos en Reyn...
Jorge Sánchez y Dyesi Flores, de 57 y 42 años, junto a sus hijos en Reynosa, México. Dejaron su casa en El Salvador en mayo de 2016 por un ultimátum: "No vayan a amanecer aquí".

Reynosa, México.- Una familia es de Honduras y la otra de El Salvador. No se conocían, pero abandonaron sus casas la misma semana de mayo de 2016 amenazados de muerte por las maras. Son seis por familia. Se presentaron en el puente internacional que da acceso a Hidalgo, Texas, la misma semana de diciembre, para pedir asilo a las autoridades estadounidenses.

Cada familia ya lo ha intentado dos veces y en todos los casos los mandaron de vuelta al lado mexicano. Aseguran que los agentes de la Patrulla Fronteriza no los escucharon, ni comprobaron sus documentos: amenazas, desapariciones, violaciones y muertes de familiares directos.

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“No puedo atender a nadie más que a los cubanos”, aseguran que les contestaron.

En el puente, decenas de cubanos esperan a diario para ser atendidos en las oficinas de la Patrulla Fronteriza, en una oleada que se ha intensificado en el último año. Por ley, los ciudadanos de Cuba pueden presentarse en un puerto de acceso al país, pasar una inspección de antecedentes y recibir un salvoconducto para entrar a Estados Unidos. Al cabo de 3 meses pueden trabajar legalmente y de 12, pueden solicitar la residencia legal.

Para los centroamericanos, damnificados por la violencia y corrupción en sus países, el asilo es su esperanza para quedarse en Estados Unidos. Pero no lo tienen tan fácil y los expedientes que acaban en refugio concedido son una minoría.

Las detenciones de centroamericanos por cruce ilegal han aumentado mucho en las últimas semanas y el Gobierno ha tenido que movilizar velozmente recursos para atenderlos. Pero también creció el número de centroamericanos que intentan acceder al país por los puntos de acceso legal, según dijo a Univision Noticias Manuel Padilla, jefe de la Patrulla Fronteriza en el Valle del Río Grande.

Están en su derecho y así han entrado al país algunos migrantes. “La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza recibe solicitantes de asilo de Cuba, Centroamérica y otros países”, responde por correo electrónico un portavoz de la institución, Richard Pauza. Admite las diferencias de proceso entre los cubanos y el resto de nacionalidades.

La esperanza de los centroamericanos es cruzar por el puente y lograr un permiso temporal hasta que un juez escuche su caso dentro del país. Para estas dos familias, varadas en Reynosa, en el estado mexicano de Tamaulipas, el objetivo es conseguir que un agente los atienda y les permita refugiarse en Estados Unidos.

Un hijo muerto, un nieto desaparecido y dos desplazadas

A Juan, de 62 años, no le sirvieron los documentos que llevaba en la mano cuando pidió a la Patrulla Fronteriza que escuchara su caso en la aduana de Hidalgo, Texas. Tampoco la denuncia de desaparición de un nieto y el acta de levantamiento del cadáver de un hijo.

La sombra de las maras oscureció en los últimos tres años la vida de esta familia hondureña, que vivía a cinco horas de Tegucigalpa y cambió varias veces de domicilio huyendo de ellas.

La Mara Salvatrucha le pidió repetidamente dinero a una de sus hijas (la llamada ‘renta’) y, al no poder pagar, intentaron reclutarla. Melania tenía 24 años, le dio miedo y emprendió la ruta clandestina a Estados Unidos, donde está viviendo de manera ilegal desde 2014 en una ciudad sureña.

Esaú y su hijo, segunda y tercera generación de esta familia que huye de...
Esaú y su hijo, segunda y tercera generación de esta familia que huye de Honduras. La madre del niño de 4 años ya dejó el país.

Mientras, en Honduras, “intentaron acaparar a otro miembro de la familia”, cuenta Juan, de 62 años, el mayor del grupo. Reclutaron a su nieto, un adolescente que vivía en una zona conflictiva de la ciudad.

El lunes 11 de mayo de 2015, el tío del joven, Alberto, lo vio en la escuela, en el receso, y ya nunca más supieron nada de él.

Lo buscaron por hospitales, comisarías y centros de rehabilitación. La madre del niño, aterrada, se marchó a vivir a Europa. Ahora llevan con ellos la denuncia de su desaparición.

A Alberto, el tío del desaparecido, meses después se le acercaron tres jóvenes: “Tu sobrino, ese ya no lo busques”, asegura que le dijeron. Y de “manera discreta” le explicaron que ahora le tocaba a él trabajar para la mara.

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Con todo, otro hijo más, salpicado también por la “mala vida”, decide huir a Estados Unidos para encontrarse con su hermana y esconderse de la mara. Había cumplido pena de cárcel en Honduras un tiempo atrás (pero Univision Noticias no obtuvo documentación para corroborarlo).

Logra entrar a Estados Unidos cruzando el Río Grande, pero es aprehendido. Según muestra su ficha migratoria, pasa unos meses detenido en Pearsall, Texas, hasta que lo deportan en diciembre de 2015. El padre recuerda ahora:


“Si ese muchacho me lo mandaban para Honduras, iba a ser un hombre muerto, porque ya tenía problemas serios con las pandillas”.


Efectivamente: el hijo llegó a Honduras el 22 de diciembre de 2015, pasó las Navidades en familia y pensó en maneras de volver a cruzar a Estados Unidos. Sabía que lo buscaban. El 29 de febrero de 2016 es asesinado en la calle en una ciudad de la costa.

El documento del forense afirma que fue hallado con tres disparos: en el cuello, en la clavícula y en el cráneo.

Juan, de 62 años, muestra la documentación con la que se presentó en el...
Juan, de 62 años, muestra la documentación con la que se presentó en el puente fronterizo entre Reynosa, México, e Hidalgo, Estados Unidos. Asegura que no le dejaron entregar esos papeles.

El abuelo de la familia dice que ese mismo año intentaron reclutar a un hijo de 18 años. La abuela asegura que la mara vigilaba la casa.

“De inmediato, una noche tuvimos que salir. Dejamos gallinas, perros, gatos, la casa con todas las cosas dentro”. Ahora algunas propiedades de la familia ya fueron ocupadas por las propias maras.

Cruzaron México lentamente. Trabajaron en la construcción, pidieron comida, les dieron dinero y lograron aventones (autostop) para subir hacia el norte. Ahora están en Reynosa, en uno de los puntos más afectados por la violencia de los cárteles en México, esperando volver a ir al puente internacional para pedir asilo por tercera vez.

Son un padre, una madre, dos hijos y dos nietos. Descartan probar suerte en el Río Grande, donde diariamente cruzan centenares de migrantes bajo el control de los coyotes y del cartel. “Cobran 800 dólares por persona y somos seis. Imagínate, es un dinero que no tenemos”, justifica uno de los hijos.

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“Tienen una noche para huir del país”

La familia salvadoreña tampoco quiere cruzar el Río Grande, que separa México de Estados Unidos. “Es un peligro con los menores de edad”, dice la madre, Araceli, de 42 años. Quieren que la Patrulla Fronteriza escuche su caso en el puerto de entrada legal.

El 16 de mayo de 2016 huyeron de El Salvador:


“Llegaron unos hombres con pistolas a nuestra casa y nos dijeron que nos iban a matar. Como éramos evangélicos como ellos, nos dijeron que nos daban unas horas para que saliéramos del país. ‘No vayan a amanecer aquí”


Y no amanecieron en casa. Recogieron unos vestiditos, las partidas de nacimiento de los hijos, y dejaron el resto todo botado en casa. Tomaron el primer autobús que pudieron.

Era una revancha, dice la madre: “Querían que nuestros muchachos se metieran a la mara. Ella –y señala a su hija de 15 años– fue maltratada por un marero porque no la metía a la mara. El hombre me la llevó a la fuerza y me la violó”.

La madre llora, la hija no. Solo escucha. El marido, Alberto, de 57 años, se suma a la conversación.

Cruzada la peligrosa y corrupta frontera entre Guatemala y México, la pesadilla no se acabó. Uno de los pandilleros que los perseguían en El Salvador encontró a la familia en la ciudad de Tapachula: “Llegó, me señaló a mí, traía una pistola en la mano. Y allí quedó preso”, relata el padre.

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Las autoridades mexicanas detuvieron al agresor y concedieron un salvoconducto a la familia para que cruzara el país hacia el norte de manera legal y sin el acecho de las autoridades migratorias. (La familia usa este documento para demostrar la persecución y es el único con el que Univision Noticias pudo corroborar su testimonio).

Tras cruzar México, de albergue en albergue, y de campo en campo para ganarse unos pesos, llegaron a Reynosa: su esperanza es el Puente Internacional de Hidalgo, que separa Tamaulipas de Texas.

Sus dos primeros intentos fueron fallidos: “Nos rechazó la migración y nos trató como si fuéramos perros”.

El Servicio de Inmigración de Estados Unidos (USCIS) explica en su web que el asilo se estudia en casos de personas que llegan al país por haber sufrido o por temer que sufrirán persecución por raza, religión, nacionalidad, opinión política o pertenencia a un grupo social concreto.

La Patrulla Fronteriza, a cargo de los puntos de entrada al país, dijo a Univision Noticias que no son los responsables de conceder asilo ni de determinar si hay un miedo demostrable. Derivan el caso a un agente del servicio de inmigración. Pero sí procesan a personas en búsqueda de asilo y que no son procedentes de Cuba. Las detienen e inician el proceso.

Los cubanos siguen un proceso diferente y único, que forma parte de la ley de ajuste de 1966. En los primeros 10 meses del año fiscal 2016, 46,635 cubanos entraron por puertos de acceso a Estados Unidos, más que en todo 2015 y casi el doble que en 2014, según datos recogidos por Pew Research.

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Las dos familias centroamericanas en Reynosa, que lo probabron dos veces cada una hasta ahora, están en su derecho. Dicen que lo van a volver a intentar.

Contribuyeron a la producción de esta historia Federica Narancio y Humberto García.

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