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Personas desaparecidas

Separada de su bebé: la carta de una desaparecida argentina con instrucciones para criar a su hija

A María Teresa Manzo la llevaron a un centro de detención clandestino durante la última dictadura militar de Argentina, de la que esta semana se cumplieron 45 años. Desde allí escribió las siete páginas más duras de su vida.
28 Mar 2021 – 11:10 AM EDT
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María Teresa Manzo tenía solo 28 años cuando unos militares la secuestraron junto a su hija en una calle de Buenos Aires. Era noviembre de 1978 y el general Jorge Rafael Videla perseguía, torturaba y mataba a los que consideraba opositores a su régimen. Esta semana, el 24 de marzo, se cumplieron 45 años de ese periodo negro: la última dictadura argentina.

Las llevaron al centro de detención clandestino El Olimpo, desde donde María Teresa escribió, a mano y destrozada por los golpes, las siete páginas más duras de su vida. Consciente de que podrían matarla en cualquier momento, dejó una carta a sus padres con instrucciones para criar a la pequeña.

"Queridos papi y mami, estoy segura de que cuando vean a Victoria sin mí, en manos de personas que no conocen, se van a asustar bastante. Lo que ha pasado es que estoy presa, pero estoy bien. Caí el jueves a la tarde, iba con Victoria", comienza el texto, según recuerda a Univision Victoria Winkelmann, la niña que le arrancaron de los brazos con solo dos años y medio.

Cada 24 de marzo Victoria, que ahora es psicóloga y tiene tres hijos, recibe "mensajes muy lindos" de personas que conocieron a sus padres o militaron con ellos. También de aquellos que se encuentran con la carta de su madre. "Les causa mucha emoción, se preguntan cómo hizo esta mujer para escribir eso en ese lugar, cuando estaba destruída física y psíquicamente", explica por teléfono desde su casa en Escobar (Argentina).

Consejos sobre juegos, sexualidad y lecturas

En su carta, María Teresa logra contener el desgarro del dolor y ser pragmática: sus padres rondan ya la sesentena y necesitan orientación para educar a su bebé como ella lo habría hecho.

"Yo les pido que, aunque les cueste un poco, la lleven, aunque sea unas horas, a la guardería o a una escuela de verano, para que pueda jugar con chicos", lee, del original, Victoria.

Aquí puedes escuchar la lectura completa que hace Victoria Winkelmann de la carta que dejó su madre para su crianza

María Teresa no olvida un solo detalle y piensa en el largo plazo: "Te recomiendo tres libros que son económicos y que te van a ayudar mucho a entender a Victoria. El niño de tres años, El niño de cuatro años, Sexología de la familia. Espero que ese libro de educación sexual te sirva para responder a las preguntas de La Bicho y también habla sobre eso con la tía Mari, que es psicopedagoga".

Siempre que relee la carta, a Victoria le impresiona cómo su madre pudo sentarse a pensar en el futuro desde un lugar tan oscuro como El Olimpo. "Cómo pudo escribir y ponerse fría y hacer una guía a mis abuelos sobre mi crianza: el ojito desviado al oftalmólogo, las vacunas que tenía colocadas, que aprenda natación", relata.

"Tenés suerte que te damos a la nena"

María Teresa conocía información de interés para la dictadura pero nunca la reveló. Con ese cebo, logró que los militares sacaran a la bebé del centro de detención y la llevaran con sus abuelos.

La cita fue en un hotel de Buenos Aires el 3 de diciembre de 1978. A Leonildo, el abuelo, le entregaron a Victoria con la carta de su madre. María Teresa observaba la escena desde el auto, había pedido verlo para estar segura de que realmente su bebé quedaba con sus padres.

Leonildo rogó hablar con su hija, pero los militares no le dejaron. "Tenés suerte que te damos a la nena", le dijo el hombre que le llevó a Victoria. Nadie volvió a ver a María Teresa.

Ser hija de desaparecidos

Victoria solo tenía dos años y medio pero recuerda con detalle el secuestro. "Caminábamos por la vereda y paró un auto. A mi madre la pusieron atrás, le ataron las manos y le vendaron los ojos. A mí me colocaron en el asiento de adelante y yo iba mirándola", relata.

Y sigue: "Siempre tuve ese recuerdo impecable, también el del lugar donde estaba detenida mi mamá. Tanto así, que declaré como testigo en uno de los grandes juicios que se hicieron a los militares de la dictadura".

Victoria encontró la carta de su madre "husmeando" en los cajones de la casa de sus abuelos, con diez años. A partir de entonces inició la reconstrucción de su historia personal. Su abuelo le entregó una carpeta con todas las denuncias y misivas que había enviado buscando a su hija. Le había escrito hasta al propio dictador Videla.

Gracias al Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), Victoria encontró en 2013 los restos de su padre, Oscar Winkelmann, desaparecido un año antes que su madre. Los restos de María Teresa nunca los hallaron. Murió en uno de los últimos "vuelos de la muerte", un método de exterminio de la dictadura por el que arrojaban a los detenidos al mar desde un avión.

"Si no hubiera tenido ya dos años, no estaría contándote esto"

María Teresa, presa y sabiendo que iba a morir, trata de insuflar optimismo a sus padres en su despedida: "Yo sé que esto les va a costar mucho superarlo pero tiren para adelante, no se den manija con su desgracia y piensen que con La Bicho tienen un poco del flaco (su marido) y otro poco de mí y miren bien a la pioja, que esa sonrisa hermosa que tiene los va a hacer felices, aunque sea por un rato".

En casa de sus abuelos, de los "nonitos", "nunca se profundizaba en cómo había sido todo", recuerda Victoria. No fue hasta sus 14 años que le entregaron la carpeta con todos los documentos sobre sus padres, pero ella siempre supo que era hija de dos desaparecidos de la dictadura.

Así lo había querido María Teresa: " No eludas las preguntas que te hace. Vive preguntando el porqué de todas las cosas. Ahora esos porqué se van a concentrar en su mamá", le pide a la abuela.

"Yo tenía dos años y medio y ya hablaba mucho, preguntaba mucho. Era una molestia (para los militares) y eso me salvó. Si hubiera sido un bebé más pequeño, quizás no estaría contándote esta historia", concluye Victoria. Unos 500 niños, hijos de detenidos, desaparecieron durante la dictadura, según la estimación de la Asociación Abuelas de la Plaza de Mayo.

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