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Playa Bagdad, la zona controlada por el narco entre EEUU y México por donde los migrantes no se atreven a cruzar (fotos)

Unas pocas millas al sur de la desembocadura del Río Bravo (o río Grande para los estadounidenses) se ubica la Playa Bagdad, un remoto paisaje de dunas, lagunas medio secas y viejas casetas de madera en el extremo más oriental de la frontera donde no hay barreras que eviten el cruce de indocumentados.
31 Ago 2019 – 05:45 PM EDT
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Las gaviotas sobrevuelan los puestos de comida en Playa Bagdad. Unas pocas millas al norte desemboca el Río Bravo (o río Grande para los estadounidenses), el serpenteante límite natural que divide México de EEUU en una extensión de 1,885 millas. A diferencia de la frontera en la costa del océano Pacífico, aquí no hay barras de hierro que se meten en el mar para evitar el cruce de indocumentados. Los miles de migrantes que cruzan México para buscar asilo en EEUU y se acumulan en otros puntos al oeste no se acercan a esta playa. Crédito: Emilio Espejel/AP
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Este lugar en el extremo norte de la costa del estado mexicano de Tamaulipas apareció súbitamente en los mapas en 1848, cuando se trazó la frontera durante la guerra méxico-estadounidense. Según explicó el historiador Andrés Cuellar a la agencia AP, el área fue puerto de salida del algodón sureño estadounidense durante la guerra de secesión y resurgió varias veces de sus ruinas después de huracanes. Crédito: Emilio Espejel/AP
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Un pescado flota en la orilla de la Playa Bagdad, donde además de la pesca, el contrabando siempre estuvo presente. Hace muchos años se cruzó ilegalmente plata, durante la ley seca, alcohol, y desde los años 80 marihuana y cocaína. La zona es un paisaje de dunas, lagunas medio secas y varias de playas salpicadas de viejas casetas de madera. Crédito: Emilio Espejel/AP
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A unas nueve millas al sur del río Bravo se encuentra un poblado donde conviven turistas con pescadores, y algunos de ellos también se dedican a transportar cocaína. Del lado de EEUU la zona está prácticamente deshabitada y la ciudad más cercana, Brownsville, está a 24 millas. Hay un control de la Patrulla Fronteriza, una tienda de armas y un terreno donde lanza cohetes empresa SpaceX. La ubicación remota de la playa y la falta de vigilancia facilita el narcotráfico, un negocio que cambió la vida del lugar. Crédito: Emilio Espejel/AP
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Aunque es un lugar por donde se podría cruzar fácilmente a EEUU, pocos lo hacen porque los cárteles lo usan para el tráfico de droga. Según la DEA (la agencia antinarcóticos de EEUU) en estas tierras también hay cementerios clandestinos. Marco Antonio Álvarez, en la fotografía, afirma que el crimen organizado “no quiere que se caliente el punto”. Sabe de lo que habla porque estuvo en la cárcel por 'coyote' y también cruzó droga. Ahora le pagan 300 dólares al mes, no aclara quién, por vigilar el río a metros de su desembocadura. Crédito: Emilio Espejel/AP
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La zona es hoy en día un punto de embarque y desembarque de droga rumbo a Texas, según explicó Sammy Parks, agente especial de la DEA. “Es un paso corto, fácil, abierto y no hay mucha vigilancia”, dijo Mike Vigil, exjefe de operaciones de esa agencia. No se ve ninguno de los 1,215 efectivos de la nueva Guardia Nacional que, según el gobierno mexicano están desplegados en Tamaulipas. Crédito: Emilio Espejel/AP
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Los pescadores recogen su captura cerca de la orilla de la playa. Hace tres décadas, gente como Álvarez compaginaba este oficio con el cruce de migrantes a 20 dólares por persona para llevarlos hasta Brownsville. Cuando entró la cocaína y las cosas cambiaron, “todo lo empezó a controlar la maña”, dice Álvarez refiriéndose al crimen organizado. Crédito: Emilio Espejel/AP
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El origen del nombre de Playa Bagdad es un cúmulo de mitos: que si las dunas recuerdan los desiertos de Mesopotamia, que si saquearon un barco y aquello parecía “Alí Babá y los 40 ladrones”, o que si quien lo bautizó era amante de “Las Mil y una noches”. Emilio Espejel/AP
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Vigil cree que es porque por aquí pasaron algunos de los camellos que el ejército estadounidense compró en el siglo XIX en uno de sus experimentos más peculiares para conquistar las zonas desérticas. El ayuntamiento de Matamoros, al que pertenece Playa Bagdad, lo presenta como destino turístico, pero según Álvarez, hay que pagar extorsión por todo. Crédito: Emilio Espejel/AP
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Tamaulipas es desde hace años uno de los estados más violentos de México, marcado por el miedo, el silencio y las autoridades infiltradas por el narco. Dos exgobernadores están detenidos y con procesos penales abiertos. En la fotografía, turistas locales pescando en las aguas de Playa Bagdad, el 2 de agosto de 2019. Crédito: Emilio Espejel/AP
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Un cartel da la bienvenida a quienes llegan a Playa Bagdad. Guadalupe Correa, de la Universidad George Mason, dijo que los carteles de la droga reparten el territorio basándose en distintos esquemas de corrupción. Ahora, el gobierno estatal dice estar colaborando con el federal y el estadounidense sobre todo en el intercambio de información. Crédito: Emilio Espejel/AP
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El Cartel del Golfo, en una sangrienta guerra con Los Zetas, mantiene el control de esta zona. Según explica el agente Parks, lanchas de pescadores cargan droga en estas playas para llevarla hasta Isla del Padre o Corpus Christi, en Texas. Otras entran por el río o por las lagunas y llegan a Estados Unidos por carretera a través de los puentes internacionales. Crédito: Emilio Espejel/AP
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El gobierno federal reconoció recientemente que algunas aduanas están en manos del narco y uno de los lugarres donde ese control de facto se siente es donde termina el río Bravo. En la fotografía un vendedor de ostras del lado mexicano de la playa. Crédito: Emilio Espejel/AP
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Álvarez explica que la zona es controlada por “la guardia”, pero no la Guardia Nacional, sino exoficiales que “reportan para la maña”. En el poblado la música de banda de los comederos de la playa se mezcla con los gritos de los vendedores de ostiones, camarones o cerveza. Crédito: Emilio Espejel/AP
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“Es un lugar muy peligroso”, dice Parks. “Se han encontrado fosas clandestinas en el área y una amenaza local es que alguien quiera ‘llevarte a la playa’, lo que implica que desapareces”. Tamaulipas tiene más de 6,000 desaparecidos. Un hombre se bajó de una camioneta en la desembocadura del río para preguntar a los periodistas de la agencia AP qué hacían en el lugar. “Cómo turistas pueden grabar lo quieran”, dijo. “Aquí hay libertad de expresión”. La ironía era tan obvia como la invitación a marcharse. Crédito: Emilio Espejel/AP
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