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Honduras (pais)

La pobreza convierte pueblos de Honduras en lugares fantasma: "Es triste ver a los hijos despedirse"

Mes a mes, decenas de hombres y jóvenes salen empujados por la pobreza, la falta de empleos y el sueño de cambiar sus vidas en Estados Unidos. Por eso, muchas aldeas en Honduras, se han ido quedando solo con mujeres, ancianos y niños.
6 Sep 2021 – 04:19 PM EDT
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El panorama en zonas de los municipios del norte de Honduras es tan desolador que parecen pueblos fantasma. Pocos rostros se ven por las calles y entresijos de tierra de comunidades en El Porvenir, Cedros y San Ignacio. Pareciera que solo mujeres, ancianos y niños habitan esas aldeas y caseríos.

Con seis meses de embarazo, en la aldea La Guadalupe, encontramos a Paola Acosta, sentada en las afueras de su casa de habitación. Tiene 26 años, dos hijos y un esposo que salió indocumentado de Honduras con la intención de llegar a Estados Unidos.

“Duele porque la verdad hay tiempos que no hay dinero para comprar comida, o se enferman algunos. Entonces, uno se desespera y hay momentos en que uno desea hasta morirse”, dice Paola al referirse al motivo que los obligó a tomar esa decisión como pareja.

Pero hoy, seis meses después de su salida, el esposo de Paola se encuentra varado en Caborca, una ciudad mexicana situada en el noroeste, en el estado de Sonora. Allí permanece junto a cientos de migrantes centroamericanos más, dice, en espera del momento oportuno para avanzar y cruzar a Estados Unidos.

“Él tiene que ver cómo come. Si le salen trabajos, trabaja, y si no, tiene que aguantar o pide comida en la casa del migrante. Así está pasando”, comenta la joven, quien afirma que le encomienda diariamente su esposo a Dios.

Los hombres salen mes a mes

Reina Cruz, coordinadora de una organización que apoya a los migrantes retornados en El Porvenir, da pistas sobre por qué allí solo se ven caras de mujeres con sus niños y de ancianos. El problema, asegura, es serio.

“Ver que la materia humana, que es joven, es la que más se nos está yendo y queda la gente de edad que no puede trabajar, o mujeres solas con sus hijos, eso es lamentable”, afirma.

Esta defensora de los derechos de los migrantes conoce cientos de historias con las que podría llenar libros. Dice que ha sido testigo de la gradual reducción de la población, sobre todo de hombres jóvenes que mes a mes salen de esta región por falta de oportunidades de las municipalidades o del gobierno central de Honduras.

“Aquí no hay fuentes de empleo y, las personas que tienen algo de tierra para sembrarla, no tienen cómo comprar ni la semilla, mucho menos fertilizantes, o lo que se requiere hasta cultivar algo”, acota.

Muchos han emprendido la travesía hacia el norte, pero algunos han debido regresar con las manos vacías "porque empeñaron sus cositas y regresan sin nada, y con deudas”.

Deportado cuatro veces, pero más le agobia la pobreza

A René Cruz lo abordamos en otra calle de esta aldea. Está trabajando tres días a la semana como ayudante de albañil. Y mientras llevaba una carreta con arena en sus manos, se detuvo a narrarnos que es uno de los pocos hombres jóvenes que hay en su comunidad porque recientemente lo deportaron... por cuarta vez.

“Voy a volver a regresar porque está difícil la situación, porque aquí los empleos no son buenos, pagan poco”, comenta, mientras detalla que apenas recibe 200 lempiras al día, es decir, unos 9 dólares, para mantener a su esposa y sus dos hijas.

Este hombre, de 35 años, de tez blanca curtida por el sol, dice que no desconoce los peligros de la ruta migratoria porque en uno de sus viajes fallidos estuvo a punto de morir ahogado en el río Bravo, mientras ayudaba a salvar la vida de los dos acompañantes con los que salió de su pueblo. Pero sostiene que la pobreza en la que vive lo agobia más, “pienso regresar y si Dios me permite, Dios me da el esfuerzo de llegar, mandar a traer mi familia”.

René y sus compañeros de viaje fueron rescatados por varios agentes de migración y después fueron deportados a Honduras. Otros migrantes que salieron de estos poblados lograron avanzar y se encuentran en México o quizá, dice, ya cruzaron a Estados Unidos.

Las mujeres 'salvan' los campos

En el norte de Francisco Morazán, las comunidades subsisten, en gran parte, gracias a la agricultura. Pero son pocos los hombres que quedaron para trabajar la tierra. Eso lo evidencia con claridad Ramona Meléndez, quien muy afanada, fertilizaba la parcela de maíz que compró con el dinero que le envío uno de sus hijos desde Estados Unidos.

“Esto es obra de lo que Dios les ha dado allá, pues han comprado este pedacito de tierra y la casita”, dice con aires de orgullo. Sin embargo, de la alegría, los ojos de Ramona pasaron a llenarse de lágrimas pues su segundo hijo, de 30 años, salió de aquí hace 5 meses, sin que aun haya podido llegar a Estados Unidos.

“Una de madre nunca deseara que sus hijos se separaran, máximo cuando nos dicen mamá, papá, nos vamos a ir. Es triste ver a nuestros hijos despedirse y sin saber con qué se van a topar en el camino”.


Ese sufrimiento lo conoce muy bien esta mujer campesina porque su hijo mayor, antes de llegar a Estados Unidos, fue secuestrado en México. Ella y su familia tuvieron que pagar el rescate a los integrantes de un grupo de delincuentes que les exigieron varios miles de dólares. “Gracias a Dios, salió con vida de ese episodio. Pero los extrañamos”, acota.

No hay una forma precisa de medir cuántas personas, en particular hombres y jóvenes, salen mensualmente de estos pueblos. Las personas a las que abordamos estiman que emigran entre 15 y 20 hombres de estas aldeas y caseríos, en su mayoría de edades que oscilan entre los 17 y 30 años.

La certeza que sí tienen es que los hombres que han dejado atrás estos pueblos forman parte del ejército de migrantes que han hecho que, en los primeros siete meses del 2021, Honduras recibiera 4,074 millones de dólares en concepto de remesas, un 36.2% más que en el mismo período del 2020, según datos del Banco Central de este país centroamericano.

Pero, ¿a costa de qué?, se pregunta Reina Cruz. “De familias desintegradas, hijos abandonados, mujeres y ancianos que están quedando solos y a la buena de Dios en nuestros pueblos”, se responde.

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