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Costa Rica

Las acusaciones contra Óscar Arias destapan una ola de denuncias por abuso sexual en Costa Rica

Como sucediera en Estados Unidos con el movimiento 'Me Too', en Costa Rica las denuncias por violación y abusos sexuales contra el expresidente y premio Nobel Óscar Arias provocaron una oleada de acusaciones en el país que han salpicado a sacerdotes católicos e incluso a un funcionario de Gobierno.
19 Feb 2019 – 02:02 PM EST

SAN JOSÉ, Costa Rica. - Una ola inédita de denuncias por abusos sexuales alteró a este país centroamericano acostumbrado a pocas olas. Los ámbitos poderosos de la política y de la dominante Iglesia Católica local cimbran con una serie de acusaciones públicas, canónicas y penales que parecen demostrar que el movimiento internacional #MeToo ha aterrizado en Costa Rica con efectos que no serán pasajeros.

El máximo referente de la política costarricense contemporánea, el premio Nobel de la Paz Óscar Arias, enfrenta dos acusaciones penales por violación y abusos sexuales, además del señalamiento de ocho mujeres más que en estas dos semanas se han sumado con relatos de ataques sexuales, acoso u hostigamiento. Las denuncias aluden a distintos momentos de los 40 años de carrera política del hombre que gobernó en los períodos 1986-1990 y 2006-2010 y que en 1987 recibió el premio Nobel por sus gestionar para la pacificación de Centroamérica.

Arias rechazó los cargos ante la primera denuncia presentada por una doctora que, según su denuncia, fue violada en una ocasión en que ella visitó al exmandatario para pedirle apoyo en la causa contra las armas nucleares. Este jueves acudió a una declaratoria ante el Ministerio Público y prefirió abstenerse de declarar; tampoco habló con la prensa que lo siguió al salir del edificio judicial y lo grabó cabizbajo y desanimado. A sus 78 años, ve comprometido mucho del prestigio que se reflejaba en innumerables invitaciones para conferencias por el mundo y en unos 70 doctorados honoris causa en decenas de países.


Ahora es público lo que relató la doctora de apellido Arce sobre lo que habría ocurrido el 1º de diciembre de 2014 en la casa del expresidente: “El me agarró por detrás y me tocó los senos. Yo le dije que no y que él estaba casado. Fue lo único que se me ocurrió (…) Y cuando no reaccionó a eso yo no sabía qué decirle, porque yo tenía este miedo de que si lo rechazaba él ya no iba a colaborar con nosotros. No recuerdo bien qué me respondió él, pero me siguió tocando, me metió los dedos en la vagina y me tocó toda y me besó. Y después dijo que me esperara un toque y se salió de la oficina. Yo estaba como que no sabía qué hacer, me sentía atrapada en ese momento", contó al semanario local Universidad.

Denuncias que salpican a la Iglesia

Cuando el Partido Liberación Nacional (el más grande del país) y el mundo político aún no digerían la noticia de ver publicadas denuncias por conductas sexuales de Arias que en el pasado no pasaban de ser bulos, cobró importancia el caso de un famoso sacerdote al que la cúpula de la Iglesia Católica lo habría protegido ante una serie de denuncias de hombres que dijeron haber sido abusados sexualmente por él cuando eran menores de edad. Las noticias se han ventilado paulatinamente en meses recientes, pero hasta ahora adquiere una dimensión mayor y obligaron esta semana al arzobispo de San José, José Rafael Quirós, a anunciar que suspende su participación en la cumbre sobre pedofilia que convocó el papa Francisco en Roma para este 21 de febrero.

Quirós recibió desde hace 15 años reportes sobre un esquema de abusos sexuales contra menores que dominaba el sacerdote llamado Mauricio Víquez Lizano, pero no fue hasta el año 2018 cuando el arzobispo decidió suspenderle el ejercicio del sacerdocio. Son nueve las denuncias canónicas, pero la mayoría de casos están prescritos ya y solo hay una denuncia por “violación calificada” ante los Tribunales. Sin embargo, esta acusación corre el riesgo que quedar en nada porque el cura salió del país el 7 de enero con rumbo desconocido y no ha sido notificado ni interrogado en el proceso, un requisito para evitar que este caso también caiga en la prescripción a finales de este 2019.

El Arzobispo de la arquidiócesis de San José dijo el año pasado que antes no actuó porque no tenía el cargo actual y por falta de experiencia entonces; “ese asunto se me pasó”, dijo a dos denunciantes que llevaron la queja ante la representación de El Vaticano en Costa Rica. Michael Rodríguez es uno de ellos. Dice que el nuncio papal Antonio Arcari ha sido poco receptivo, pero sabe que en Roma ya están al tanto de las denuncias en Costa Rica, el único país en el continente con religión oficial definida desde la Constitución. Rodríguez asegura que conoce otros hombres que ahora están dispuestos a denunciar situaciones de abuso que habrían experimentado cuando eran monaguillos a cargo de sacerdotes. ¿Por qué ahora? Porque ven cierto apoyo a quienes se han atrevido a hablarlo en público.

Una denuncia en el gobierno

No había terminado la semana y faltaba una denuncia en otro ámbito de poder. Una joven viceministra de Economía, Laura Pacheco, acudía también a los tribunales para presentar una denuncia de abuso sexual contra el director de un departamento del Ministerio de Justicia encargado de promover una convivencia pacífica en la población. El funcionario, ahora separado de su cargo, se llama Julio Solís y poco importa que perteneciera a la misma agrupación política de Pacheco. “Hice lo que nos corresponde a las mujeres cuando una persona, indistintamente de su posición socioeconómica, laboral o de jerarquía, cree tener la libertad y el poder para disponer de nuestros cuerpos”, explicó la viceministra, quien aseguró que el presidente de la República, Carlos Alvarado, le ha dado su apoyo.

El término “Me too", que surgió en Estados Unidos con las denuncias de mujeres que acusaban a compañeros y superiores de comportamiento inapropiado en el trabajo, cunde ahora en las redes sociales, en la prensa y en los espacios de debate en la radio de Costa Rica, como una posible explicación al destape de las últimas dos semanas de las denuncias sobre abusos contra mujeres. En el caso de la Iglesia Católica también influyó la revelación de escándalos en otros países, sobre todo el que detonó en Chile en 2018. En ambos ámbitos parece crucial la revelación de una primera acusación para que se haya provocado luego un efecto de cascada. Y en todos los casos mencionados hasta ahora se asoma un elemento más allá del sexo: el poder.

Lo explica en la psicóloga Paola Brenes, del Centro de Investigación en Estudios de la Mujer (CIEM): “Algunos dicen que los hombres no se pueden controlar, que tienen ese instinto. Entonces pregunto por qué un profesor ataca a la estudiante y no a la decana. Bueno, porque el agresor elige dónde está la vulnerabilidad”, explicó en el semanario de la Universidad de Costa Rica (UCR).

Es lo que señalan algunos críticos de Óscar Arias: los abusos sexuales denunciados revelan sobre todo un abuso de poder, la concepción de superioridad sobre la persona que tiene en frente, concluye una exdiputada de su mismo partido. Ella prefiere no dar el nombre; como muchas personas hablan del asunto de manera anónima. Aún temen comentar en voz alta la denuncia por violación contra el Nobel y las restantes nueve denuncias. Entre quienes se han manifestado sobresale la expresidenta Laura Chinchilla, vicepresidenta en el último gobierno de Arias. “Desde ya, estamos exhortando a todas las mujeres víctimas de acoso o abuso a que denuncien, sin importar quién sea el agresor. Las mujeres de este país no estamos solas”, escribió.

La investigadora y feminista Sylvia Mesa escribió que confía en el trabajo de la Policía y los Juzgados en este caso, pero ya es de realzar el valor de las denuncias. “Más allá de lo que decidan los tribunales, en este caso celebramos la valentía de haberlo denunciado, que nos recuerda que nadie es impune, ni siquiera un hombre todopoderoso”, afirmó.

Grupos feministas han organizado pequeñas manifestaciones en San José contra Óscar Arias. Han exhibido mensajes de repudio en su casa, en la sede de su fundación y en otros espacios públicos, incluida la vitrina del Museo Nacional donde se exhibe una réplica de la medalla del Nobel de la Paz. “Violador”, le dicen sin cansancio al expresidente, en alusión a un delito que en la ley local se castiga con un máximo de 16 años de cárcel.

A los denunciados por abuso sexual les espera un sistema judicial que en la última década ha evolucionado en favor de las víctimas, según la exjueza Linda Casas. Explica que ahora se da mayor validez a ciertos elementos probatorios que en el pasado se rechazaban por prejuicios machistas, que la existencia de un testimonio único no resta validez a la acusación al tratarse de abusos que suelen ocurrir en ambientes privados y que los años que se tarden en presentar una acusación tampoco es un obstáculo, pues desde la psicología se comprende que pasen varios años antes de que una persona esté lista para acusar.

En paralelo, diputados oficialistas presentaron esta misma semana un proyecto de reforma legal para que los delitos de abusos sexuales a niños o adolescentes no prescriban 10 años después de que cumplen la mayoría de edad, sino 25. Esto podría reducir la impunidad, como la habrá en los presuntos abusos sexuales denunciados por los nueve hombres que ahora solo esperan sin demasiada fe alguna repuesta de la Iglesia.

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