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"Díaz-Canel será un títere mientras Raúl siga": los cubanos miran la sucesión presidencial con escepticismo

Ningún cambio sustancial se espera en Cuba ahora que Miguel Díaz-Canel sustituye a Raúl Castro bajo la consigna "Somos continuidad".
19 Abr 2018 – 05:59 PM EDT
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Una mujer cubana sigue por televisión el nombramiento de Miguel Díaz-Canel como sucesor de Raúl Castro en la presidencia de Cuba. Crédito: Yamil Lage / Getty Images

LA HABANA, Cuba.- En una bodega estatal en la calle San Miguel, Centro Habana, hay un pequeño televisor de 21 pulgadas colocado encima de cartones de huevos vacíos. La antena del televisor no es un cable, sino un perchero de metal. El artefacto marca Sanyo está arrinconado en una esquina y tiene granos de azúcar blanca desperdigados en los botones.

La señal que emite el televisor no es nítida, las imágenes se ven ensombrecidas bajo una llovizna gris que difumina los rostros.

El martes en la noche, Martín y Armando, los dos bodegueros, pidieron prestado el televisor por dos días a un vecino del barrio. Y durante miércoles y jueves, mientras la gente llega a la bodega con jabas de nylon, jabas de mimbre, un carrito de ruedas para mandados y la libreta de abastecimiento, a comprar los frijoles, el arroz, los espaguetis del mes o una caja de fósforos, en el televisor se ven las imágenes que llegan en vivo desde el Palacio de las Convenciones de La Habana donde la Asamblea Nacional aprueba el nombramiento de Miguel Díaz-Canel como nuevo presidente de Cuba, en sustitución de Raúl Castro.

La bodega es pequeña y extremadamente oscura. Un bombillo alargado de luz fría que cae desde el techo envuelto en telarañas no es suficiente para alumbrar el local. En una de las paredes hay un cartel azul y blanco sujetado con cuatro pedazos de esparadrapos que dice: “Por Cuba: Elecciones generales 2017-2018. Genuina demostración de democracia”.

En el piso hay un huevo roto y la bodega huele a vinagre.

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Miguel Díaz-Canel es oficialmente el nuevo presidente de Cuba

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"¡Martín, asere! ¿De verdad tú tienes puesto eso aquí?", le dice un hombre con uniforme de custodio al bodeguero.
"Asere, hay que estar actualizado para que no nos pasen conejo por liebre después", responde Martín, alcanzándole una caja de cigarros en un mostrador de madera.

El custodio se larga de la bodega después de hacer un ademán con el brazo izquierdo y refunfuñar: “Por eso estamos como estamos, porque la gente le sigue haciendo el juego”.

En ese instante la señal de la televisión hace un impasse en su transmisión y colocan un bloque de opiniones.

Una mujer negra, de unos 40 años, dice: “El destino ya está trazado, seguiremos con el Socialismo hasta el final de sus consecuencias”. Y un joven oficial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) acota: “Nosotros somos el legado de la Revolución y no la dejaremos caer. El cambio es necesario pero garantizará la continuidad de un pueblo libre y abnegado”.

El comentarista que lleva los hilos de la revista informativa especial que transmite la televisión cubana exhorta a un "tuitazo" a los que lo ven. Les dice que Cuba está en un momento crucial de su historia, “trascendental” remarca, y que todos los cubanos y cubanas “debemos apoyar la continuidad del proceso revolucionario”.

#PorCuba y #SomosContinuidad son las etiquetas que el comentarista quiere que la gente posicione en las redes sociales y que se hagan trending en una isla de 11 millones de personas donde solo 11,980 hogares tienen conexión a internet y donde una hora de navegación cuesta un dólar y el salario básico de sus habitantes ronda los 30 dólares mensuales.


Desde su estudio climatizado y confortable, el comentarista tiene la intención de convencer al resto de las familias cubanas que no tienen conexión en sus casas que acudan en masa a las 635 áreas públicas wifi que el gobierno ha habilitado en los últimos años en el país y que posteen “mensajes de apoyo” recostados a una columna y bajo el sol, sentados en una acera, en un improvisado banco o debajo de un árbol.

“Todos sabíamos que el tipo iba a ser Díaz-Canel. Ese chama se ve educado e inteligente. Además, Raúl le descarga un bulto”, comenta Armando, el otro bodeguero.

Armando y Martín son una pareja explosiva detrás del mostrador, algo así como Laurel y Hardy, legendario dúo del cine mudo. Armando vendría a ser Laurel: 39 años, flacucho, rostro asustadizo e inquieto. Martín sería Hardy: 53 años, gordo, bigote desaliñado, todo carisma, su sonrisa es su presentación.

“Al final, ya eso estaba decidido, no entiendo por qué adelantaron un día las elecciones a última hora. ¿Si no era Díaz-Canel quién iba a ser? Ya los viejos tienen que ir para sus casas a leer el periódico”, dice una señora que entra a la bodega.

La señora saca de una jaba de nylon una botella plástica y se la entrega a Martín. Mirando el televisor le dice: “Échame ahí el aceite”. Martín se interna en un cuartucho, toma un embudo, lo coloca en la boca de la botella de la señora y abre un enorme tanque del que sale un espeso chorro de aceite.


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Dos rubias nórdicas que vienen por el medio de la calle fotografiando las esquinas desbordadas de escombros y basura y mirando hacia los balcones en ruinas de Centro Habana detienen su paso en la puerta de la bodega. Con ojos curiosos miran la imagen imprecisa que emite el televisor.
En ese instante, Alina Balseiro, presidenta de la Comisión Electoral Nacional, dice desde el estrado que de los 605 diputados al parlamento cubano el 53.22 % son mujeres, que la edad promedio es de 49 años y que el 86.7 % de los escaños están ocupados por hombres nacidos después del triunfo de la revolución en 1959.


"Entren titis, pa que vean lo que es elecciones de verdad", le dice Martín a las chicas nórdicas.

"Esto sí es democracia: sale una tipa y dice por quién todos tienen que votar, no hay opciones, uno y ya. Este es el tipo y camina. Aprendan, para cuando regresen hagan esto mismo en sus países", agrega Armando entre risas.

Las muchachas no entienden nada. Ni hablan español ni saben lo que sucede en el pequeño televisor embarrado de azúcar al que todos miran. Terminan dándose vuelta y marchándose.


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Alina Balseiro da a conocer los resultados electorales. Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez es el nuevo presidente de Cuba, ha sido elegido por 603 de los 604 diputados que votaron, para un 99.83 %.
En el momento de la decisión no hay clientes en la bodega. Mientras barre el suelo, Martín dice: “Al final, Díaz-Canel será un títere mientras Raúl (Castro) siga. Yo no espero muchos cambios. Yo voy a seguir aquí dándole a la gente su comidita mensual y ya. Si tiene que haber un cambio en este país, tiene que empezar por aquí, por la comida. Si la gente no come, no puede trabajar, por eso se roba tanto en este país”.

Armando le responde: “Eso no se sabe, habrá que esperar, a lo mejor el tipo sorprende y modifica las cosas”.

El sobrino de Martín, un adolescente de 16 años, llega en bicicleta a la bodega. Se apea, la coloca en una esquina y saca de un bolsillo un Smartphone. Luego le dice a su tío: “Vengo del parque y mira lo que publicó Pánfilo en su Facebook”. El chico voltea el teléfono y Martín lee: “Lo que Díaz quiera, perdón, lo que Dios quiera”. Los tres ríen al unísono.

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