5 escenarios en una Venezuela sin Maduro (y lo que significan para el resto de América)

Con el pretexto de la lucha contra el narcotráfico o del cambio de régimen, el mensaje del derrocamiento de Maduro es inequívoco: EEUU está dispuesto a actuar unilateralmente, con fuerza y, potencialmente, de forma ilegal. 🔴 Sigue aquí nuestra cobertura en vivo.

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Robert Muggah* para The Conversation
Video Tras captura de Maduro, ¿cómo puede cambiar la relación entre EEUU y gobiernos aliados de Venezuela?

La operación militar que sacó a Nicolás Maduro y a su esposa de Venezuela y los puso bajo custodia estadounidense marca un hito en la política hemisférica. En una operación que duró poco más de dos horas, las fuerzas estadounidenses depusieron a un presidente extranjero. Esto se produjo tras meses de amenazas y un constante aumento de la presencia militar en la región.

Ya sea bajo el pretexto de la lucha contra el narcotráfico o del cambio de régimen, el mensaje es inequívoco: Estados Unidos está preparado para actuar unilateralmente, con fuerza y, potencialmente, de forma ilegal. Y esto tendrá amplias ramificaciones en toda América Latina, sobre todo para la propia Venezuela.

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La reacción a la intervención estadounidense en toda la región fue instantánea. Colombia desplegó tropas en su frontera, preparándose para la posible llegada de refugiados y denunciando los ataques como una afrenta a la soberanía regional. Cuba se unió a Irán, Rusia y otros adversarios de Washington para condenar la incursión en Naciones Unidas. Un puñado de gobiernos, en particular el de Argentina, ofrecieron un apoyo rotundo.

La próxima aparición pública de Maduro probablemente será en un tribunal de Nueva York. Pero, ¿qué les depara el futuro a Estados Unidos y Venezuela? El presidente Donald Trump declaró que su país "dirigirá" Venezuela hasta que haya "una transición de poder segura, adecuada y juiciosa". También dijo que su administración "no teme desplegar tropas sobre el terreno".

Pero hasta ahora, se conocen pocos detalles concretos. Mucho depende de lo que haga Washington a continuación y de cómo responda la fragmentada clase política venezolana. Como experto en relaciones entre Estados Unidos y América Latina, creo que son probables cinco escenarios generales.

1. Trump declara la victoria y se retira

En el primer escenario, Trump proclamará la misión cumplida, presentará la captura de Maduro como un triunfo de la voluntad estadounidense y reducirá rápidamente la presencia militar. Las instituciones venezolanas quedarían prácticamente intactas. La actual vicepresidenta Delcy Rodríguez, el ministro del Interior Diosdado Cabello y el ministro de Defensa Vladimir Padrino López presidirían un gobierno reconstituido que mantendría su compromiso con el estilo de gobierno de izquierda desarrollado por el fallecido Hugo Chávez, ahora sin su último líder, Maduro.

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Esto convendría a los generales estadounidenses, deseosos de limitar la exposición de sus tropas, así como a las potencias extranjeras, ansiosas por evitar un vacío de poder. Pero ofrece poco a la oposición venezolana o a los gobiernos regionales que han soportado años de flujos de refugiados.

Sobre todo, desperdiciaría la influencia que Washington acaba de obtener con tanto esfuerzo y dinero. Tras haber dado el paso extraordinario de secuestrar a un jefe de Estado, simplemente volver a un chavismo ligeramente reformado resultaría, incluso para los estándares de las intervenciones extranjeras estadounidenses, extrañamente decepcionante.

2. Un levantamiento popular derroca al chavismo

Una segunda posibilidad es que el impacto de la destitución de Maduro resquebraje el aura de inevitabilidad del gobierno y desencadene un levantamiento masivo que barra al chavismo del poder.

Con la presidencia vacante y las fuerzas de seguridad desmoralizadas o divididas, una amplia coalición de partidos de oposición, grupos de la sociedad civil y chavistas descontentos podría impulsar un consejo de transición, quizás bajo los auspicios de la Organización de los Estados Americanos o las Naciones Unidas.

Sin embargo, por muy sencillo que parezca, este tipo de revoluciones —especialmente las apoyadas por la interferencia externa— rara vez se desarrollan sin problemas.

Años de represión política, crimen organizado, miseria económica y emigración han debilitado a la clase media y al movimiento obrero organizado de Venezuela. Los colectivos armados —grupos paramilitares con intereses en el antiguo orden— se resistirían ferozmente. El resultado podría no ser un rápido avance democrático, sino una transición inestable: un gobierno provisional frágil, violencia esporádica e intensas luchas internas por las amnistías y el control del sector petrolero.

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3. Escalada estadounidense para instalar una oposición afín

Otro escenario contempla que Washington aproveche su nueva posición para presionar con fuerza a favor de un cambio de régimen completo. Esto podría significar endurecer las sanciones contra los que aún ostentan el poder, ampliar los ataques contra las instalaciones de seguridad y las milicias, apoyar encubiertamente a las facciones insurgentes y utilizar el posible juicio de Maduro como un escenario global para deslegitimar al chavismo de una vez por todas.

En este escenario, un líder de la oposición reconocido asumiría el cargo tras algún tipo de elección controlada, consejo de transición o traspaso negociado, potencialmente alguien como la premio Nobel María Corina Machado. Estados Unidos y sus aliados ofrecerían la reestructuración de la deuda y financiación para la reconstrucción a cambio de reformas de mercado y alineamiento geopolítico.

Los riesgos son obvios. Una transición abiertamente orquestada por Estados Unidos empañaría la legitimidad del nuevo liderazgo tanto a nivel nacional como internacional. Profundizaría la polarización, afianzaría la narrativa de imposición imperial que el chavismo ha promovido durante mucho tiempo e invitaría a la injerencia indirecta de China, Cuba, Irán y Rusia. Un movimiento chavista debilitado pero no derrotado podría recurrir a la resistencia armada, convirtiendo a Venezuela en otro escenario de insurgencia de baja intensidad.

Video “Happy New Year”: el saludo de Maduro mientras es escoltado por la DEA para la toma de huellas

4. Bajo tutela y administración estadounidense

Una transición controlada es la opción que Trump ha planteado abiertamente, con Washington asumiendo un papel de tutela interina en Venezuela. En la práctica, se asemejaría a una administración fiduciaria en todo menos en el nombre. Las prioridades iniciales serían imponer una cadena de mando básica y restaurar la capacidad administrativa, estabilizar la moneda y el sistema de pagos, y secuenciar las reformas para evitar el colapso del Estado durante el traspaso de poder.

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El calendario político sería fundamental. Washington influiría en gran medida en los acuerdos de gobernanza interina, las normas electorales y el calendario de las elecciones presidenciales y legislativas, incluida la reconstitución de las autoridades y el establecimiento de condiciones mínimas para las campañas y el acceso a los medios de comunicación. Estados Unidos no necesariamente tendría que ocupar el país, pero podría requerir la presencia de fuerzas estadounidenses sobre el terreno para disuadir a quienes intenten desestabilizar la situación.

La lógica económica de este camino dependería de la rápida restauración de la producción de petróleo y los servicios básicos mediante el apoyo técnico estadounidense, contratistas privados y un alivio selectivo de las sanciones vinculado al cumplimiento de ciertos criterios. Empresas como Chevron, la única gran compañía petrolera estadounidense que aún opera en Venezuela, o proveedores de servicios petroleros como Halliburton, probablemente serían los primeros beneficiarios.

Sin embargo, los riesgos son profundos. Al igual que con la oposición favorable a Estados Unidos mencionada anteriormente, una tutela estadounidense podría exacerbar el sentimiento nacionalista y validar la narrativa antiimperialista del chavismo. La amenaza implícita del uso de la fuerza podría disuadir a quienes intenten desestabilizar la situación, pero también podría profundizar el resentimiento y endurecer la resistencia entre los grupos armados, los remanentes del madurismo o cualquier otro grupo que se oponga a la ocupación estadounidense.

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5. Conflicto híbrido e inestabilidad controlada

Un resultado final podría ser un híbrido complejo de algunos o todos los escenarios anteriores: una lucha prolongada en la que ningún actor prevalezca por completo. La destitución de Maduro podría debilitar al chavismo, pero no eliminar sus redes en el ejército, la burocracia y los barrios de bajos ingresos.

La oposición podría verse revitalizada, pero dividida. Estados Unidos, bajo la administración Trump, será militarmente poderoso pero estará limitado por el cansancio interno con las guerras en el extranjero, las próximas elecciones de mitad de mandato y las dudas sobre la legalidad de sus métodos.

En este escenario, Venezuela podría sumirse en años de inestabilidad controlada. El poder de facto podría compartirse entre una élite chavista debilitada, figuras de la oposición cooptadas en un acuerdo de transición y actores de seguridad que controlan feudos locales. Podrían continuar los ataques esporádicos y las operaciones encubiertas de Estados Unidos, calibrados para castigar a quienes intenten desestabilizar la situación y proteger a los socios preferidos, pero evitando una ocupación a gran escala.

¿Doctrina Monroe 2.0? Sea cual sea el futuro, lo que parece claro por ahora es que la operación contra Maduro puede ser vista, tanto por partidarios como por críticos, como una especie de Doctrina Monroe 2.0. Esta versión, continuación de la idea original del siglo XIX que advertía a las potencias europeas que se mantuvieran alejadas de la esfera de influencia estadounidense, es una afirmación más contundente de que no se permitirá que los rivales extrahemisféricos de Estados Unidos, ni sus aliados locales, tengan voz ni voto en la región.

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Esta señal agresiva no se limita a Caracas. Cuba y Nicaragua, ya sometidas a fuertes sanciones estadounidenses y cada vez más dependientes del apoyo ruso y chino, interpretarán la incursión en Venezuela como una advertencia de que ni siquiera los gobiernos consolidados están a salvo si sus políticas no se alinean lo suficiente con las de Trump. Colombia, nominalmente aliada de Estados Unidos pero actualmente gobernada por un gobierno de izquierda que ha criticado la política estadounidense hacia Venezuela, se encuentra en una situación comprometida.

Los estados pequeños y medianos también tomarán nota, y no solo los de América Latina. Panamá, cuyo canal es fundamental para el comercio mundial y la movilidad naval estadounidense, podría sentir una presión renovada para acercarse a Washington y controlar la creciente influencia china en puertos y telecomunicaciones. Canadá y Dinamarca, a través de Groenlandia, percibirán las repercusiones en el Ártico.

Mientras tanto, para los venezolanos, parece que Estados Unidos está dando otra vuelta de tuerca, con una mínima garantía de inseguridad y un precario limbo para el futuro previsible.

*Robert Muggah es cofundador del Instituto Igarape.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Puedes leer el original en inglés en el siguiente enlace.