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Coronavirus

“Cambio ropa por despensa”: la oferta de una mujer que se quedó sin dinero para comida por la pandemia

Una residente de la ciudad fronteriza de Tijuana, en México, decidió ofrecerles a sus vecinos sus mejores pantalones y blusas a cambio de cualquier alimento. La respuesta de la gente no se hizo esperar.
31 Jul 2020 – 07:56 PM EDT
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Rebeca Atondo, de 50 años, dice que su alacena se le fue vaciando la semana pasada y tocó fondo el domingo, pues se quedó sin un centavo por comprar alimentos especiales debido a sus enfermedades.

Al día siguiente, llena de vergüenza, sacó una mesa al patio de su casa en Tijuana (México), acomodó sus mejores pantalones y blusas, y a sus vecinos les escribió esta oferta en una cartulina: “Cambio ropa por despensa”.

“Ofrecía cambiar mis pantalones, blusas y collares por despensa. No los puse en venta porque la gente ahora no está comprando”, dice Atondo en una entrevista telefónica con Univision Noticias. “Es la primera vez que lo hago y me sentí mucho muy avergonzada. Nunca me imaginé llegar a hacer eso”.

La difícil situación económica que atraviesa esta mujer está relacionada con la pandemia y su salud.

Debido a los golpes que han recibido muchas industrias en la frontera, a su esposo le redujeron considerablemente su jornada laboral en una maquiladora y, por ende, su sueldo. Ella no puede trabajar porque padece de fuertes dolores en músculos y articulaciones, y los medicamentos la derriban.


Los últimos ahorros de esta pareja se fueron comprando suplementos alimenticios que ella necesita por su delicada salud. “Solo uno me costó 900 pesos (unos 40 dólares), que es casi lo que compro de mandado (despensa) a la semana”, lamentó. “El domingo me sentí un poco desesperada”.

Al día siguiente, antes de no tener qué llevarse a la boca, ella se puso a ofrecer su mejor ropa. Dice que planeaba intercambiar, por ejemplo, un pantalón de mezclilla por una lata de comida. Pero nadie le llevó algo para hacer el insólito trueque. Unos vecinos le compraron algunas prendas por 10 y 15 pesos (menos de 1 dólares). Nada más.

Su historia fue contada por el periódico local El Imparcial, el cual publicó el número de celular y hasta el domicilio de Atondo en el este de Tijuana. Poco después comenzó a recibir llamadas telefónicas de extraños dispuestos a ayudarla. Unos fueron hasta su casa para llevarle alimentos y otros le enviaron 1,100 pesos (unos 50 dólares), suficientes para que su familia se alimentara un par de días.



“La gente que ha venido lo ha hecho con mucho corazón”, agradece esta mujer, que es madre de cuatro jóvenes. “Me han traído pollo, huevo, fruta, verdura, cosas enlatadas”, detalla.

La historia de esta mujer recuerda la de un niño de la Ciudad de México que se puso a cambiar sus juguetes por comida, pues su madre se quedó sin dinero en medio de la contingencia.

La crisis de Rebeca Atondo viene desde el año pasado, cuando dejó de confeccionar ropa porque sus enfermedades no se le permitieron. “Si yo pudiera trabajar no hubiera hecho esto. Pero hay días en que no me levanto, que duermo todo el día por el dolor y porque me siento muy cansada”, dice.

La madrugada de este jueves tuvo una recaída aparentemente por la combinación de dos medicinas que está tomando y terminó internada en un hospital. La dieron de alta por la tarde y regresó a su casa aún más agotada que de costumbre.

Por si fuera poco, ella y su esposo se contagiaron de coronavirus hace dos meses. Pudo ser por un brote en la maquiladora de su marido y por otro en su colonia, Fraccionamiento Lomas del Pedregal, donde han fallecido al menos cuatro personas por complicaciones relacionada con el covid-19.

“La pasé muy muy mal. Demasiado mal. Estuvimos 10 días en cama mi esposo y yo”, relata.

Atondo no sabe si volverá a ofrecer su ropa en el patio de su casa, pues la generosidad de sus vecinos ha sido suficiente para salir adelante estos días. “Ha sido una bendición muy grande y, la verdad, me siento muy orgullosa de vivir en Tijuana, por saber que hay gente con un corazón tan grande”, expresa.

📷 "Sin ellos no llegarían los alimentos a los hogares": estos migrantes nunca dejaron de cosechar pese a temer contagiarse

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