Nueva York.- Entre las noticias que no dejan de acumularse, el aumento del costo de vida, las rentas cada vez más elevadas y trabajos que muchas veces no alcanzan para cubrir todos los gastos, para muchas personas el estrés se ha convertido en algo casi del diario. Y aunque es común decir que estamos “estresados”, no siempre es fácil reconocer cuándo esa presión empieza a afectar nuestra salud.
5 cosas que quizá no sabías sobre el estrés crónico y cómo puede afectar tu salud
El cuerpo puede comenzar a mostrar señales de estrés mucho antes de que una persona se considere estresada.

El estrés no solo puede sentirse como preocupación o ansiedad, también puede aparecer en el cuerpo, alterar el sueño, afectar la digestión, cambiar el apetito o hacer que una persona se sienta constantemente en tensión, incluso sin darse cuenta de que está viviendo bajo estrés crónico.
Se estima que entre 190 y 215 millones de personas experimentan regularmente síntomas físicos o emocionales de estrés, mientras que alrededor del 49% vive niveles significativos de estrés a diario, según datos del El Instituto Americano de Estrés.
La doctora Swathi Varanasi-Diaz, farmacéutica especializada en medicina integrativa, explica a UNIVISION que algunas de estas señales pueden aparecer mucho antes de que una persona se identifique a sí misma como alguien estresado.
1. El estrés puede aparecer en tu cuerpo antes de que te sientas estresado: Una de las cosas que pueden pasar desapercibidas es que el cuerpo puede comenzar a manifestar los efectos del estrés antes de que una persona se dé cuenta, por la manera en que funciona la respuesta natural del organismo ante situaciones de presión. El estrés está diseñado para ayudarnos a reaccionar frente a desafíos de corto plazo, pero el problema aparece cuando el cuerpo permanece en ese estado de alerta durante demasiado tiempo y no tiene suficientes oportunidades para recuperarse.
Despertarse varias veces durante la noche, tener problemas digestivos persistentes, sentir tensión en el cuello o los hombros, rechinar los dientes, tener dificultad para concentrarse, notar cambios en el apetito o depender cada vez más de la cafeína o el alcohol son algunas señales.
2. Vivir constantemente en “modo alerta” puede pasar factura: El organismo necesita momentos de recuperación y cuando la respuesta al estrés se mantiene activa durante periodos prolongados, la situación puede dejar de ser simplemente una reacción pasajera ante un problema específico.
Con el tiempo el estrés crónico se ha asociado con alteraciones del sueño, ansiedad y depresión, problemas digestivos, presión arterial elevada, cambios metabólicos, un mayor riesgo cardiovascular y un posible deterioro de la respuesta inmunitaria.
Algunas de sus manifestaciones físicas pueden incluir dolores de cabeza, tensión muscular, apretar la mandíbula, cambios digestivos, cansancio, dificultad para dormir, modificaciones en el apetito, palpitaciones o esa sensación de estar físicamente “en alerta”.
El estrés crónico también puede presentarse como irritabilidad, ansiedad, sensación de estar abrumado, problemas para concentrarse, olvidos, falta de motivación o agotamiento emocional.
3. Hay señales de estrés que podemos terminar normalizando: Cuando una persona lleva mucho tiempo durmiendo mal, con tensión muscular, problemas digestivos o sintiéndose agotada, puede llegar un punto en el que esos síntomas simplemente se convierten en parte de su rutina.
La doctora explica que muchas personas normalizan estas señales porque han vivido con ellas durante tanto tiempo que dejan de reconocerlas como algo fuera de lo habitual.
4. ¿Cómo saber si es estrés temporal o si ya está afectando tu salud? Sentir estrés de vez en cuando es parte de la vida. El estrés temporal generalmente tiene un desencadenante identificable y mejora cuando la situación termina. La persona puede atravesar un periodo complicado, pero después se recupera y regresar a su estado habitual.
Cuando el estrés se vuelve persistente, es cada vez más difícil recuperarse o comienza a interferir con diferentes áreas de la vida y sirve preguntarsena pregunta sencilla: “¿Esto se está convirtiendo en mi nueva normalidad y está interfiriendo con la manera en que quiero funcionar o sentirme?” Si la respuesta es sí, considera que vale la pena hablar con un profesional de la salud.
5. Manejar el estrés no significa simplemente aprender a aguantarlo: Manejar el estrés debería formar parte del cuidado cotidiano de la salud y no ser algo que solo se atienda cuando una persona llega a un punto límite.
Hay medidas básicas que pueden ayudar, como mantener un horario de sueño suficiente y constante, comer regularmente, mantenerse físicamente activo, pasar tiempo al aire libre y conservar vínculos sociales significativos; crear intencionalmente momentos durante el día en los que el organismo pueda salir de ese estado de estimulación constante.
La doctora menciona prácticas como la meditación, los ejercicios de respiración, el yoga, escribir un diario o simplemente salir a caminar sin el teléfono.
También recomienda revisar otros factores que pueden empeorar cómo nos sentimos como el exceso de cafeína, el alcohol, la nicotina, algunos medicamentos, dormir mal o saltarse comidas de manera constante pueden intensificar síntomas como ansiedad, palpitaciones o cansancio.
¿Cuándo es momento de pedir ayuda?
Una persona debería considerar hablar con un profesional de la salud cuando siente que ya no puede manejar el estrés por sí misma o cuando comienza a interferir con su sueño, trabajo, relaciones, alimentación o actividades cotidianas.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que la fatiga, las palpitaciones, los cambios en el sueño, los problemas gastrointestinales y las alteraciones del estado de ánimo pueden tener diferentes causas, y un profesional de la salud puede ayudar a determinar si existe otro problema médico, algún medicamento o una condición que esté contribuyendo a lo que la persona siente.
Este artículo se realizó en colaboración con TMX.




