Crisis en Venezuela

Nicolás Maduro asume un segundo mandato como presidente de Venezuela con el rechazo de EEUU y otros países que lo consideran "ilegítimo"

Mientras el mandatario se juramentaba, distintos países del mundo desconocían al gobierno chavista. La OEA convocó a una reunión extraordinaria en la que lo declaró ilegítimo y Paraguay rompió relaciones con Venezuela. EEUU aseguró que aumentaría la presión contra el gobernante.
10 Ene 2019 – 12:10 PM EST

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, fue juramentado este jueves para un segundo mandato que concluirá en 2025, desafiando un cerco diplomático de gobiernos de todo el mundo, con Estados Unidos a la cabeza, que cuestionan la legitimidad de su reelección. Lo hace en medio de una profunda crisis económica y política que ha empujado a cientos de miles de sus ciudadanos a emigrar.

Aunque para los venezolanos el acto de este jueves no cambia en nada su realidad inmediata, supone el afianzamiento político de un régimen que ya controla todas las instituciones del país y el inicio del aislamiento internacional del gobierno.

Maduro, de 56 años, recibió la banda presidencial de manos del jefe del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ, de línea oficialista), Maickel Moreno, quien se encuentra entre los funcionarios sancionados por el Departamento de Estado y del Tesoro de Estados Unidos como consecuencia de la crisis que vive el país y por el recrudecimiento de las protestas y la represión ocurrida desde mayo de 2017.

"Sé que tenemos grandes retos para los venezolanos y venezolanas (...) Quiero cambiar todo lo que tenga que ser cambiado para mejorar la vida en el país, para consolidar la independencia de nuestro país (...) Quiero que corrijamos muchos errores que hemos cometido", dijo más de una hora después de iniciar un discurso confrontativo con distintos países del mundo y en el que prometió, como ha hecho incesantemente en su gobierno, que mejoraría la situación económica de Venezuela, ahora con la asesoría de Rusia.

Una muchedumbre de seguidores de Maduro, con banderas de Venezuela, ovacionaban al mandatario en las calles cercanas al TSJ, que se encontraban fuertemente resguardadas por policías y militares. Otros sectores de la capital, como el este (feudo de los opositores), lucían desolados. Y muchos negocios y escuelas suspendieron sus actividades.

Normalmente y según establece la Constitución, la juramentación de un presidente en Venezuela debe ocurrir en la Asamblea Nacional. Pero actualmente tiene mayoría opositora, por lo que fue desconocida por el gobierno chavista que, en paralelo, convocó en agosto de 2017 a elegir arbitrariamente a una Asamblea Nacional Constituyente, un cuerpo que también es desconocido por la comunidad internacional.


La juramentación de Maduro se dio en una sala repleta de funcionarios venezolanos, jefes militares y con escasos invitados internacionales, entre ellos, los presidentes de Nicaragua, Cuba, Bolivia, El Salvador y Osetia del Sur, país que solo es reconocido por Rusia y Venezuela. Además, asistieron los representantes de los organismos multilatelares que aún tienen sedes en Venezuela y que dependen absolutamente para su funcionamiento del gobierno de Venezuela.

Maduro cuenta con el apoyo de pocos gobierno de la región, que cuestionan su elección en mayo por considerar que se realizó sin brindar garantías democráticas de ningún tipo. Además de países como Cuba, Bolivia y Nicaragua, también destaca el apoyo a Venezuela de parte del recién electo presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, que hace una semana rechazó las sanciones del Grupo de Lima a Venezuela y mereció este jueves un "¡qué viva México!" pronunciado por Maduro en su discurso. Es apoyado además por Rusia, China y Turquía.

Tanto la Unión Europea — a quien Maduro exigió respeto— como Estados Unidos y el Grupo de Lima —conformado por 14 países— desconocieron la reelección de Maduro en los comicios del pasado 20 de mayo, adelantados por la oficialista Asamblea Constituyente y boicoteados por la oposición, que los consideró un fraude.

Una "usurpación de poder"

Poco antes de ser juramentado este jueves, Estados Unidos desconoció la legitimidad del gobierno de Maduro y prometió aumentar la presión sobre el mandatario venezolano, dijo el consejero de seguridad nacional de la Casa Blanca, John Bolton.

"Estados Unidos no reconocerá la toma de posesión ilegítima de la dictadura de Maduro. Seguiremos aumentando la presión sobre el régimen corrupto, apoyando a la democrática Asamblea Nacional (Parlamento) y pidiendo democracia y libertad en Venezuela", escribió Bolton en Twitter.


Además de Bolton, el secretario de Estado, Mike Pompeo, rechazó en un comunicado la juramentación de Maduro y la consideró una "usurpación de poder". Los Estados Unidos "se mantienen firmes en su apoyo al pueblo venezolano y continuarán usando todo el peso del poder económico y diplomático de los Estados Unidos para presionar por la restauración de la democracia venezolana".

Lo mismo hizo el vicepresidente Mike Pence, que recalcó en su cuenta de Twitter que la juramentación era una "farsa" y que su país se mantendrá "del lado del pueblo de Venezuela y en contra del corrupto régimen de Maduro hasta que la libertad y la democracia prevalezca en Venezuela".


Junto a Estados Unidos, este jueves la Organización de Estados Americanos (OEA) convocó a petición de las misiones de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Estados Unidos, Guatemala, Paraguay y Perú, una reunión extraordinaria en la que declaró ilegítimo a Maduro. Este borrador fue aprobado con 19 votos a favor, seis en contra y ocho abstenciones.

Paraguay también reaccionó justo al tiempo en que Maduro daba su discurso. Rompió relaciones con Venezuela: "He dispuesto el cierre de la embajada y de inmediato retiro del personal diplomático" que se encuentra en Caracas, anunció el mandatario de ese país, Mario Abdo. Llamó además a otros países a expresarse con "hechos concretos a favor del pueblo venezolano".

Además de Paraguay, otros países de la región sentaron su postura tras la juramentación. Uno de ellos Perú, que llamó a consultas a la última diplomática de ese país que quedaba en Caracas y precisó que no permitirá la entrada a Perú de Maduro y otros 100 funcionarios de su "régimen".

El presidente de Argentina, Mauricio Macri, descalificó también al renovado gobierno de Maduro: "Su poder no es auténtico, aunque trata de escabullirse en la victimización. Maduro se presenta como el presidente perseguido. Pero él no es la víctima, Maduro es el victimario", escribió en su cuenta de Twitter.

Este inicio del segundo mandato de Maduro se produce en medio de la peor crisis económica que haya sufrido en su historia moderna Venezuela, el país con las mayores reservas petroleras del mundo, y en momentos en que se afianzan gobiernos conservadores en Latinoamérica.

Según datos de la AN opositora, en los últimos doce meses de 2018, los precios acumularon un incremento de 833,997%, una escalada que, de acuerdo con un estudio de la consultora Ecoanalítica, ya superó en intensidad a los brotes de hiperinflación padecidos por Argentina, Bolivia, Brasil, Nicaragua y Perú entre 1986 y 1990. Hasta ahora, el récord pertenecía a Bolivia con una inflación acumulada de 23,454% entre abril de 1984 y septiembre de 1985. Eso ha hecho que los venezolanos no puedan costear ni siquiera su vida cotidiana con lo que reciben como salario y tengan que decidir entre comer solo lo que se puede pagar —que a veces es solo una comida al día— y evitar cosas tan sencillas como tomar un autobús para ir a casa.

Sin embargo, este jueves Maduro dijo en su largo discurso que "de Venezuela se dicen muchas cosas que no son verdad" y criticó las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos con las que dice se pretende cerrar el cerco al país. El gobernante pidió además una cumbre de países de América Latina y El Caribe para tratar el tema de Venezuela: "Que nos permita superar este clima de intolerancia y división económica que daña a nuestro continente".

Heredero político del fallecido líder socialista Hugo Chávez (1999-2013), Maduro gobierna tras haber sacado del juego a sus adversarios, con el control de todas las instituciones del Estado y el sostén de los militares, a quienes dio enorme poder a través de cargos de gobierno en puestos claves de gobierno, entre ellos en ministerios relacionados con la alimentación.


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