Ese viernes 25 de junio de 1965 el diario más influyente de Colombia publicó como noticia principal de primera página que el padre Camilo Torres había pedido a las autoridades eclesiásticas que lo revelaran de sus obligaciones sacerdotales para formar una revolución.
Documento de archivos de Washington sostiene que el cura guerrillero colombiano Camilo Torres pidió patrocinio a EE UU antes de tomar las armas
Camilo Torres, el sacerdote alzado en armas que fue abatido por el gobierno de Colombia en 1966, ha sido noticia en los últimos días por el hallazgo de sus restos. En un capítulo poco conocido de su vida un documento desclasificado del Departamento de Estado sostiene que el religioso, antes de cambiar la sotana por un camuflado, pidió ayuda económica al embajador estadounidense en Bogotá

“Me he dado cuenta de la necesidad de una revolución para poder dar de comer al hambriento, vestir al desnudo y realizar el bienestar de las mayorías de nuestro pueblo”, escribió Torres al cardenal Luis Concha, según El Tiempo.
En un país profundamente religioso como Colombia, la decisión pública y desafiante de Torres causó un gran escándalo.
A la hora de publicarse la noticia las puertas de la embajada de Estados Unidos en Bogotá estaban cerradas por ser un festivo religioso. Pero por sus pasillos, y en medio de los escritorios vacíos, caminaba el sacerdote rebelde rumbo al despacho del embajador Covet Thomas. Oliver.
El embajador lo había invitado luego del que el cura lo llamó para que lo recibiera, según el recuento del diplomático. Stephen A. Comisky, el cónsul de asuntos políticos, se unió al encuentro y tomó nota.
La discreta visita sin burócratas a la sede diplomática era una buena oportunidad para enterarse de “qué tenía en mente” el cura y “tomar una impresión de primera mano de su carácter y su pensamiento político”, escribió Comisky en un informe confidencial de cuatro páginas.
El informe narra los detalles de lo que parece un cándido e insólito encuentro. De un lado se sentaron intrigados los diplomáticos ya contagiados del pavor de que en cualquier momento iba a estallar una revolución social en Colombia, según lo dejaron ver en otros informes, y del otro un guerrillero en ciernes que se uniría seis meses después, en nombre de Jesucristo, a la guerrilla marxista leninista antimperialista Ejército de Liberación Nacional ( ELN).
El ELN, que continúa hoy activo en Colombia y Venezuela fue designado como agrupación terrorista en 1997 por Estados Unidos.
El documento al que tuvo acceso este periodista en los Archivos Nacionales de Estados Unidos, fue citado inicialmente por él en el periódico El Nuevo Herald de Miami y la revista Semana de Colombia.
Fechado un mes después de la reunión en la embajada el Aerograma, como se conocía este tipo de correspondencia, fue clasificado en su momento como confidencial. Por ley los papeles confidenciales de Estados Unidos comúnmente se desclasifican a los 25 años de su creación. Luego se ponen a disposición del público en un gigantesco repositorio de los Archivos Nacionales que funciona en el campus de College Park, estado de Maryland.

La revolución necesaria
El cura Camilo, como se le conoce en Colombia, dedicó la primera parte del encuentro en la embajada a describir su reunión con el cardenal Concha para luego explayarse en un análisis de la dificultosa situación del país.
Un año antes de este encuentro los colombianos habían sido testigo del nacimiento del ELN y de de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia ( FARC) otra organización guerrillera.
El cura Torres le dijo a sus interlocutores gringos que Colombia estaba dominada por una oligarquía férrea en cuya cúspide sobresalían los dirigentes políticos liberales Alfonso López y Carlos Lleras. Se quejó de que estos personajes no habían hecho nada distinto a mantener las cosas como estaban en un modelo social en el que no existía la clase media.
“Por lo tanto y con el fin de alcanzar una democracia representativa, era necesaria una revolución”, escribió Comiski al citar al sacerdote. “Solo de esta manera podría romperse el poder de la oligarquía”.
A la pregunta del embajador si no pensaba que esos mismos objetivos podrían alcanzarse dentro del marco legal del sistema democrático existente, Camilo dijo que no lo veía viable, pero subrayó que la revolución no necesariamente debía ser violenta.
Tras el triunfo de la revolución, explicó el cura Camilo, se pondría en marcha un gobierno “neutral” que jugaría de “los dos lados” en la competencia entre la democracia y el comunismo, escribió el cónsul.
“Él [Camilo] dijo que francamente cree que sería pura tontería para Colombia y otros países de América Latina comprometerse con un lado de la competición, porque se puede ganar mucho más siguiendo el ejemplo de la República Arabe Unida”, afirma el reporte.
Pasando el sombrero
Hacia el final de la conversación, anotó Comiskey, Torres reveló lo que, según los diplomáticos, “era probablemente el propósito básico de su llamada” para la entrevista con el embajador. El sacerdote abordó el tema por la tangente al traer a colación la realización de un seminario sobre el desarrollo de Colombia que recientemente había patrocinado la embajada en Girardot, una población cercana a Bogotá.

“Torres opinó que sería útil que sus ideas fueran escuchadas en este tipo de foro e insinuó que agradecería el patrocinio de la embajada”, asegura el reporte.
Al embajador no le sonó la propuesta. Le respondió que “no sería completamente apropiado para un grupo no colombiano patrocinar ese tipo de conferencia (de Torres)”, pero sugirió que sería considerada.
Como era costumbre en este tipo de informes, al final el embajador plasmó su opinión. Dijo que a pesar de que el cura eludía el papel violento de la revolución, “casi todo lo que se conoce de él apunta en otra dirección”.
Agregó que la prensa colombiana “que no es precisa ni justa al reportar sobre personas como Torres, es posible que haya hecho un esfuerzo por pintarlo como un ‘cura rojo’ [comunista] del tipo más revolucionario, pero si tal esfuerzo se ha hecho y ha exagerado su radicalismo, creemos que contiene un considerable elemento de verdad”.
El confesionario
A continuación, ya con menos escrúpulos, el embajador echó mano a comentarios duros contra Torres que le había escuchado a Alvaro Gómez Hurtado, uno de los políticos más asiduos al confesionario cizañero de la embajada.
Según el reporte, Gómez advirtió a los gringos que tanto el cura como María Eugenia Rojas de Moreno Díaz, hija del dictador Gustavo Rojas Pinilla, “ destruyeron sus lazos con el establecimiento y se empeñaron en llevarlo a la ruina”.
Posando de siquiatra, Gómez le comentó al embajador que Torres venía de una buena familia, pero que de niño quedó “emocionalmente inseguro” por el duro golpe de la separación de sus padres.
“Al no recibir el afecto y el reconocimiento que deseaba de sus padres y la clase a la que pertenecía, Torres está empeñado en destruir el sistema existente alcanzando el poder político a nivel nacional”, fueron las palabras que según el diplomático escuchó de Gómez.
De su propia cosecha el embajador o quizás el propio redactor del informe, agregó que la teoría de Gomez encajaba en el contenido de declaraciones públicas del sacerdote como cuando dijo que se había acogido a la iglesia porque Dios y la religión son amor, “presumiblemente una cualidad que le faltó como joven”, expresa el Aerograma.
El embajador también se aventuró a un dictamen final para concluir que si bien Torres parecía durante la visita a la embajada mentalmente confundido [fuzzy minded] “no parecía inestable mental o emocionalmente”.
Torres fue abatido el 15 de febrero de 1966 en su primer combate. La frase del día en el encabezamiento de la edición de El Tiempo que había anunciado su renuncia a la sotana decía: “Las cosas hay que hacerlas, aunque salgan mal”








