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Tiroteos

"Los trajimos de Venezuela para protegerlos": hablan los padres de niños venezolanos víctimas del tiroteo

Hay una víctima mortal: Joaquín Oliver, hay heridos de bala, como Daniela Menescal y hay otros azotados por el pánico de lo que vivieron. Venían buscando la paz perdida en su país natal. De esa ironía hablan en medio de la tragedia.
17 Feb 2018 – 02:07 PM EST

“Me lo llevé de Venezuela para darle seguridad y futuro” era la frase que repetía el papá de Joaquín Oliver, asesinado en el tiroteo de Parkland, según relató un familiar cercano un día después de enterarse de la noticia.

Manuel Oliver y Patricia Padauy, padres del chico, empezaron en 2003 el 'sueño americano'. Su padre, diseñador gráfico, consiguió un trabajo para un grupo musical y llegaron a Florida con sus dos hijos: Andrea Ghersi y Joaquín. Entonces, el niño tenía tres años. Creció en Florida, pero como él mismo escribió en su red social Instagram "donde está mi corazón: Venezuela".

Activo en la política, Joaquín -apodado cariñosamente 'Guac'- dejó un registro de fotos y videos que lo muestran en actividades de apoyo al rescate de la democracia en su país natal. También se puede ver su celebración cuando la familia obtuvo su estatus de ciudadanos estadounidenses: “¡Lo logramos! Hace 14 años nos mudamos a este maravillosos país, y 14 años después podemos decir que ya somos oficialmente ciudadanos de Estados Unidos. Nunca había estado tan orgulloso”.

En las horas de angustia del 14 de febrero mientras Oliver no aparecía, y sus padres esperaban información de las autoridades horas después del tiroteo, un familiar de Joaquín que también decidió irse de Venezuela decía que estaba convencido de que Joaquín y sus hijos estaban mejor en EEUU. “La situación allá es mucho peor, incluso a pesar de esta tragedia, hicimos lo que pensamos que era lo mejor para ellos”, dijo muy conmovido.

Adelis Ferro, amiga de la familia, comentó que "era amigo de todo el mundo, mucha gente lo quería, tenía una novia y esa pobre niña caminaba de allá para acá el día de la noticia, con un dolor inmenso. Él amaba el béisbol y jugaba desde pequeño, justo se había tomado un descanso este año".

Venezuela es un país agobiado por problemas de toda índole. En 2016, la criminalidad se disparó a un punto histórico de más de 26,000 muertes violentas solo ese año y la organización de investigaciones sobre crimen organizado y violencia InSight Crime la ubicó en 2017 como número uno en homicidios (89 por cada 100 habitantes), por encima de El Salvador.

Además, las crecientes protestas de oposición al gobierno de Nicolás Maduro han provocado una fuerte represión. Actualmente hay más de 200 personas encarceladas por razones políticas, según cifras del Foro Penal Venezolano, respaldadas por la OEA.

Se calcula que más de 100,000 familias venezolanas viven en Florida, según cálculos del plesbicito simbólico de julio de 2017. Los venezolanos no tenían cultura de emigrantes hasta la crisis política y económica bajo los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. EEUU es uno de los destinos preferidos para quienes emprenden la huida y las peticiones de asilo político se dispararon particularmente desde la represión de 2014, según cifras oficiales. Unas 7,000 solicitudes se han aprobado desde entonces.


"Mi hija huyó por el mar y ahora le toca esto"

"Yo tuve que salir corriendo de Venezuela en el primer avión que encontré, el 2 de mayo de 2016. El gobierno me estaba buscando y no tuve tiempo, recibí una llamada y me dijeron que venían por mí, de hecho el Sebin (la policía política) había llegado a algunas de mis oficinas (...) Tomé el primer avión a Panamá y luego me vine a Miami. Mi hija Sofía tuvo que huir de Venezuela por el mar, porque no tuve tiempo de dejarle firmado un permiso de salida del país. Y ahora le tocó huir del tiroteo de su escuela".

Todavía en medio de la conmoción de lo que vivió esperando a su hija afuera de la secundaria Marjory Stoneman Douglas High School en Parkland, Florida, el pasado 14 de febrero, Otero contó cómo no dejaba de pensar en esa ironía y en su hija.

"A ella le ha tocado vivir cosas duras, vamos a tener que buscarle ayuda profesional para superar esto", dice. Su hija, Sofía, acaba de cumplir 17 años. Justo cuando recordaba eso en un audio para sus amigos se le quebró la voz. "Es duro. Me vine con mi familia a lo que era nuestra casa de vacaciones para protegerlos, para huir de la violencia, para que ellos estén bien. Nosotros no queríamos salir de Venezuela, a nosotros nos echaron de nuestro país".

Iván Otero cuenta que tenía una empresa tecnológica en Venezuela "y el gobierno quiso robar mi tecnología (...) Comenzaron a hostigar con presencia de funcionarios policiales en las sedes de mi compañía y luego en mi casa, en San Antonio de Los Altos (a media hora de Caracas)".

El 14 de febrero, cuando pudo, Sofía le escribió a su mamá para que le dijera a su papá que se alejara del colegio porque había disparos. Él no podía creerlo porque aunque estaba dentro del estacionamiento de la escuela y no escuchaba nada. Pero de pronto comenzó a ver cómo salían los muchachos en fila, algunos llorando.

"Yo siento que a mi me echaron de mi país, me botaron de mi país y ahora estoy en estas circunstancias. Le doy las gracias a Estados Unidos por permitirme estar aquí, no puedo hacer otra cosa, existe una organización entre los americanos para atender este tipo de cosas, reaccionan. Pero tienen que hacer algo con el control de armas".

Otero, actuario de profesión, se toma un tiempo para analizar "el problema de las armas y la segunda enmienda de la constitución de Estados Unidos, que se hizo hace 250 años y que ya hoy no tiene ningún sentido, porque esa legislación se hizo cuando los estadounidenses no tenían dominio de su territorialidad, tenían que defenderse de las invasiones que ocurrían por mar, hoy nadie tiene que protegerse de una invasión. Tienen que hacer algo".

Además, advierte sobre la facilidad con la que se expenden armas de potente calibre, tan distintos y potencialmente más peligrosos de los que existían cuando se elaboró la segunda enmienda consitutcional.

A su hija Sofía le está costando superar el trauma. Le pide a su papá que verifique todo el tiempo que las puertas están cerradas con llave. Él sabe que va a necesitar ayuda psicológica "y mucho apoyo".


Sientes que te expulsaron de tu país, nos estábamos adaptando

Hace dos años, Mónica Carrillo vino con su esposo y sus tres hijos a Parkland, Florida, porque se sentían inseguros en Venezuela. Lucio (17), Nicole (16) y Antonela (13) son alumnos de la escuela de Parkland donde ocurrió el tiroteo el pasado 14 de febrero. Los dos más grandes están en el high school y la más pequeña estudia en middle school, en el edificio contiguo.

"Cuando Lucio empezó a ir a fiestas, empezamos a sentir que corríamos peligro (por la inseguridad personal), mi esposo salía con un arma, asustado, de noche. Luego puso un aviso en el periódico para vender algo y empezó a recibir unas llamadas telefónicas intimidantes, nos asustamos... empezamos a sentir que teníamos que hacer algo pronto". En 2016 decidieron emprender nueva vida y los tres se estaban adaptando muy bien al sistema escolar.

"Mi vida es otra desde lo que pasó ese día. Que te vengas para acá porque te sientas inseguro en tu país, hace que te preguntes ¿habré tomado la decisión correcta?".

"En Venezuela sentí que me estaban botando de mi país. Yo estoy aquí obligada, yo no quería salir de allá, me siento muy agradecida con los EEUU, pero yo quiero es estar en mi país", reflexionaba a pocas horas de lo ocurrido y de pasar uno de los mayores sustos que recuerde.

Ese día, sus dos hijos mayores evacuaron la escuela, ilesos, pero muy nerviosos, preguntaban a su vez por sus hermanos, y ella no podía correr a abrazarlos y tranquilizarlos, porque su hija menor no salió del edificio hasta las 6:00 pm "había desinformación, decían que sospechaban que estaban dos tiradores adentro. Aquello era horrible".

Su hija Nicole es la más afectada por la situación traumática. "Ella me llamó llorando desde un teléfono que le prestron ese día desde el salón, yo busqué tranquilizarla, pero me decía que se iba a morir". Habían hecho un simulacro semanas atrás y se asustaron mucho ambas. Por eso el mensaje esta vez fue: "Quiero que sepas que esta vez sí es verdad. Te quiero mucho". Ahí, Mónica se echó a llorar.

Ella piensa que los maestros jugaron un papel de liderazgo muy importante. A la mañana siguiente recibió un correo electrónico de la profesora de Nicole: quería saber cómo amaneció porque la vio muy nerviosa.

La niña cuenta que la maestra los resguardó en una esquina y cuando tocaban el vidrio de la puerta les decía que no emitieran ningún sonido y se quedaran tranquilos.

Los padres de Daniela Menescal Guariguata vinieron en octubre de 2014 de Venezuela buscando protección y un futuro mejor. Ella fue herida con tres esquirlas de munición en el tiroteo de Parkland y compartió con Univisin Noticias su historia.


Luego de ver un tiroteo en Caracas decidieron venir a EEUU

La familia de José Gregorio y María Elena Hernández también está muy afectada por la masacre de Parkland. Su hija, Valeria Alejandra estudia en noveno grado del Stoneman Douglas y fue una de las primeras en evacuar la secundaria cuando sonaron las alarmas de incendio.

El teléfono de los Hernández no ha parado de sonar con mensajes y llamadas de familiares desde Venezuela y desde otros estados de EEUU para preguntar cómo están después de la tragedia. “Casi siempre es al revés, las historias de inseguridad nos llegan de nuestra gente en Venezuela. Alguno llegó a decirme que prefiere calarse a Maduro que vivir algo así”, dijo José Gregorio.

Su esposa interrumpió: “Pero no es así, a pesar de la tragedia, aquí hemos podido disfrutar 19 años de tranquilidad. No se compara con lo que se vive en Venezuela, lo de aquí es una lotería”.

Los Hernández cuentan que desde que Hugo Chávez ganó las elecciones en 1998, tomaron la decisión de irse de Venezuela. Pero no fue sino hasta que vivieron un episodio de inseguridad cerca de su casa en Caracas, que finalmente hicieron sus maletas en mayo de 1999. “Íbamos con mi hija de dos años en el carro, e intentaron secuestrar a una persona cerca de nosotros y presenciamos un tiroteo”, contó María Elena.

Escogieron mudarse a la ciudad de Coral Springs porque tenían a un familiar allí, y porque era una de las ciudades más seguras de Florida. Además, porque los colegios de la zona están calificados como los mejores del condado.

Pero después del tiroteo en la secundaria de Parkland, todo se ve diferente. “Se siente como que nos han robado esa sensación de seguridad”, confiesa la madre de Valeria. Una sensación, a la que -ella misma reconoce- se había acostumbrado hace 19 años cuando salió de Venezuela.

María Elena sabe que es afortunada en medio de la tragedia, lo repite una y otra vez. Pero ahora está pensando qué va a hacer con su hija, porque ella no sabe si quiere regresar a los salones de la Marjory Stoneman Douglas. “Me cuesta volver a llevarla todos los días al lugar donde vi carpas y furgonetas de la morgue. No sé qué vamos a hacer. Ahora toca pensar en eso”, dijo.

Decidió enseñarles en casa por miedo a los tiroteos

Ayorainy Bogan es venezolana y madre de tres hijos. Desde el acto en memoria de las víctimas en la Parkridge Church de Parkland al día siguiente del tiroteo, reflexionaba sobre la muerte del también venezolano Joaquín Oliver. “Es tan paradójico que uno viene huyendo de la inseguridad y pase esto. No hay adjetivo que pueda describir tanto dolor”.

Bogan llegó a EEUU hace 17 años embarazada de su segundo hijo. En su país trabajaba en el sector del turismo. “Tenía que viajar mucho dentro de Venezuela, y la situación se fue haciendo cada vez más peligrosa”. Sus hijos no iban a la escuela Stoneman Douglas porque ella decidió hacer ‘homeschooling’ o enseñanza desde casa para los tres. “Una de las razones por las que decidí hacerlo fue precisamente por los tiroteos en las escuelas en EEUU”, declaró.

La venezolana confiesa que cree que falló en algo con respecto al atacante Nikolas Cruz. “Mi hijo lo conoció hace unos meses y le pareció muy raro. Pensó que algo no estaba bien. Ahora yo no dejo de pensar que ha podido reportarlo. Si como padres hubiéramos estado más atentos a eso… quizás”, se lamenta.

Yairo Rincón es de la isla de Margarita, en Venezuela, de donde vino hace tres años. Estudió en la secundaria Douglas y es amigo de dos víctimas mortales del tiroteo: Martín Duque y Alaina Petty. En su cuenta de Twitter no pudo resumir mejor lo que han expresado algunos padres:


Univision Noticias habló con él dos días después de la masacre: “Es surreal ¿En Parkland? ¿Qué pase esto en Parkland? Donde puedo sacar mi celular caminando por la calle a las 4 AM? Jamás me lo imaginé”.

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