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Tráfico de Personas

Las confesiones de un 'excoyote' sobre cómo logró burlar a la Patrulla Fronteriza

Quien fue un guía de indocumentados a través de las peligrosas montañas de San Diego relata cómo operó exitosamente durante varios años vigilando los movimientos de la Patrulla Fronteriza. Su antiguo trabajo, dice él, fue esencial para que varios migrantes pudieran vivir mejor en Estados Unidos.
20 Ago 2018 – 9:15 AM EDT

TIJUANA, México.– Recargado sobre la oxidada barda de metal que divide a México y California, 'El Chilaquil' observa detenidamente las casas de sus vecinos en la colonia Nido de las Águilas de Tijuana, se asegura que nadie lo esté vigilando. Se pone de pie, jala aire y acepta contar sus experiencias como traficante de inmigrantes, un trabajo ilegal, a lo largo de 15 años.

"Me gustaba la chamba de andar cruzando gente porque se ganaba buena lana (dinero)", dice este hombre de 46 años y originario de la Ciudad de México. Su apodo viene de la palabra chilango, como le dicen a sus paisanos. Así pide ser identificado y oculta su rostro, porque no quiere que le hagan algo malo por hablar con reporteros.

De 2001 a 2016, 'El Chilaquil' fue un coyote, guiando por la frontera entre Tijuana y San Diego a grupos de hasta 25 indocumentados que buscaban el sueño americano. Llegó a ganar 5,000 dólares al día. En la mejor época, según él, burló dos veces en una misma noche a la Patrulla Fronteriza.

"Están en todos lados. A veces están en la moto, andan a caballo, caminando, tienen perros", detalla sobre cómo vigilaba desde Tijuana a los oficiales migratorios al otro lado de la valla de fierro.

"Tiene uno que cazar el punto (momento preciso para cruzar) desde temprano en la mañana, para ver cuántas motos subieron al cerro, cuántas andan allá arriba, y cuándo y a qué hora hacen el cambio de posición para que nosotros podamos entrar (a EEUU)", detalla.

Durante la entrevista, vestía una chamarra roja, unos jeans y un par de Converse gastados. Con su acento capitalino que no ha perdido a pesar de llevar varios años en el norte de México, él explicó que los 'polleros' (como también les llaman en este lugar) tratan de ganar "con maña" (astucia) una batalla desigual. Sus únicas armas son el teléfono celular, la habilidad física y la experiencia.

Para él, el mejor periodo para arriesgarse a pasar la frontera es durante la madrugada, de 2:00 a 6:00 am.

"Porque a esas horas es cuando está ocupada toda la migra o unos están durmiendo, otros haciendo cambio de turno. Los agarramos dormidos y podemos pasar rápido", detalla.

"Yo los llevaba por allá arriba, allá está el lente de migración (una cámara de vigilancia) que usan todo el día", dice apuntando hacia las montañas de San Diego, el paso más peligroso que usan las bandas de traficantes de personas.

"¿Quieren quedar así?"

'El Chilaquil' dice que su fama llegó hasta su tierra natal, a 1,700 millas de Tijuana. Sus conocidos se enteraron sobre lo que hacía y comenzaron a pedirle que los ayudara a llegar a EEUU. La voz se corrió y pronto la mayoría de sus clientes venían de la Ciudad de México. Los hospedaba en una casa rentada de Tijuana, esperando el mejor momento para brincar la barda fronteriza.

"Eran mis paisanos y no los podía dejar morir solos. Me daban una feria (dinero) y se iban contentos. Fue la manera en que yo más trabajaba. Los ayudaba para que fueran a una vida mejor", asegura.

Este hombre de ojos azules no tiene una cifra precisa de cuántos indocumentados guió durante tantos años. Asegura que, en promedio, tardaba entre seis y ocho horas, partiendo desde un barranco entre Tijuana y Tecate, para llegar a alguna casa en California donde los alojaban por un tiempo, antes de transportarlos a sus destinos. Pocas veces descubrieron sus grupos, afirma él.


"Todo salió bien. Y eso que pasábamos con frío, con neblina y con agua (lluvia), bien mojados; ahora sí que como 'pollos' (así también les dicen a los indocumentados)", relata.

Su táctica era la misma que usan muchos 'coyotes': avanzar con cautela al frente de los migrantes y verificar que nadie se vaya quedando atrás. "Siempre hay que hablarles recio para que caminen: ‘¡Órale, hijos de la chingada! ¡Rápido!’. Porque también uno los va dejando y dejando y no caminan. Por eso los agarra la migra. Hay que moverlos y ser listo para que no se mueran".

En sus recorridos, 'El Chilaquil' encontró unos 15 cadáveres o restos de personas, a veces simplemente mechones de cabello o ropa. Los usaba para que sus clientes no desfallecieran. "Encontrábamos cuerpos tirados, muertos, ahí en medio del desierto. Yo les decía ‘¿quieren quedar así? ¿No?, entonces , órale, caminen, sin voltear para atrás, rápido y con buen modo, cabrones’", recuerda sobre sus agresivas órdenes.

A pesar del maltrato verbal, este 'excoyote' dice orgulloso que ningún migrante bajo su responsabilidad perdió la vida. "Los cuidaba para que llegaran a su destino (…) Para mi es valiosa una persona, porque es un ser humano", expresó.

Los pocos encuentros que tuvo con 'la migra' fueron agresivos, según él. Cuatro veces le dieron en las piernas con balas de goma para que dejara de correr. "Dicen que no duelen esos balazos, pero ¿cómo no? Sí duelen. A mí me dieron y me tiraron", contó.

En el barrio de los 'coyotes'

'El Chilaquil' vive desde hace 17 años en la colonia Nido de las Águilas, una comunidad empobrecida conocida por ser hogar de traficantes de personas. Antes vivió en Phoenix, Arizona, y en San Diego, California, donde trabajó durante seis años en una carnicería hasta que lo arrestaron por manejar borracho y lo deportaron. Tiene cuatro hijos, repartidos en ambos países.

Una vez este chilango intentó restablecerse en su tierra natal, pero la difícil situación económica lo hizo volver a Tijuana. Ahora vive en la casa de sus tíos, cuyo patio colinda con el muro fronterizo. Trabaja como albañil, recibiendo un escaso sueldo. Pero afirma que no quiere ser traficante otra vez.

"Ganaba 6,000 o 7,000 dólares al día. Le daba dinero a mi familia y me iba a la Coahuila (una zona de Tijuana donde proliferan bares y prostíbulos). Disfruté del alcohol, la música, la mota (marihuana), las mujeres, de todo. No todo fue amargura, también hubo dulzura", asegura.

Esa vida desenfrenada se fue acabando paulatinamente debido a la recesión económica de 2009. Por la falta de empleo, miles de migrantes regresaron a sus comunidades y bajó el flujo hacia el norte.

"Ya no hay quién vaya para Estados Unidos. A muchos los deportaron, otros ya están quemados (fichados), ya no quieren ir porque solo les dan cuatro horas de trabajo (al día) y no les conviene", comenta mientras a su espalda un agente migratorio en una moto todoterreno sube el cerro.

Las autoridades aseguran, por su parte, que la reducción de los cruces fronterizos sin autorización está ligada a su exitosa estrategia de procesar penalmente a los contrabandistas de migrantes. Antes no había tanto interés en castigarlos. Un ejemplo: en febrero arrestaron a Luis López, alias 'El Moncho', el líder de una banda que ingresó a más de 5,000 indocumentados a EEUU de 2004 a 2008.

El Nido de las Águilas, donde abundan las calles de tierra, está en la mira de la Patrulla Fronteriza. Pero 'El Chilaquil' dice que ya quedan pocos 'coyotes' y que los retirados –como él– ahora trabajan en oficios de sueldo mínimo. "Unos se cambiaron de colonia, pero de otros no supe qué fin tendrían", aseguró.

"Los 'coyotes' arriesgan el pellejo"

Como varios de sus vecinos, 'El Chilaquil' cree que construir una barda más grande sería una pérdida de dinero. "Entre más le pongan florecitas a su muro, pues ya se sabe que los mexicanos y todos los que llegan empezarán a rascarle hasta que le hagan un hoyo. Se va a caer más rápido", señaló.

A decir de la Patrulla Fronteriza, los traficantes de personas solo están interesados en obtener ganancias económicas, sin importarles qué les pasa a sus clientes. Pone como ejemplo que los guían por peligrosos senderos en las montañas de San Diego y que han abandonado a su suerte a migrantes, incluso a niños, que ya no podían seguir caminando.

Además, estos han protagonizado mortales persecuciones, que no les interesa llevar a criminales convictos, que colaboran con carteles de la droga (a quienes les pagan para que los dejen operar en sus territorios) y que incluso algunos de ellos son delincuentes peligrosos.

La zona por la cual cruzaba 'El Chilaquil' es un vasto territorio que está lleno de acantilados, cañones, cimas empinadas y que registra un calor intenso durante el verano y bajas temperaturas en invierno. Algunos llegan a sus destinos tres días después. Otros se quedan en el camino.

"Los contrabandistas siempre ponen las ganancias antes que la vida humana", advirtió David S. Kim, subjefe de la agencia en el sector El Centro, al informar sobre la muerte de un indocumentado el 6 de julio. El migrante fue encontrado inconsciente en la autopista 98 debido a la sobreexposición de calor. Los paramédicos le prestaron auxilio, pero no pudieron revivirlo.

A pesar de estos casos y acusaciones, 'El Chilaquil' prefiere ver el tráfico de personas como un servicio social y hasta reclama que pocos se acuerden de ellos cuando han logrado el sueño americano.

"Sin nosotros nadie la habría hecho en Estados Unidos. Porque los 'coyotes' arriesgan el pellejo, la vida, todo por la gente que ahorita está arriba, pero al último ni se acuerdan de uno", lamenta. "Dicen que no es malo ser 'pollero' o 'coyote', porque también ayudas a la comunidad. Si no fuera por ellos, nadie hubiera hecho nada".

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