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Condenas

Este hispano lleva 19 años en la cárcel, pero la víctima del crimen dice que es inocente

David Díaz, un hispano de Los Ángeles, cumple una sentencia de 37 años a cadena perpetua en una prisión estatal por un intento de asesinato, aunque la víctima del crimen afirma que él es inocente y la testigo clave del caso confesó que lo culpó "al azar" porque la presionó la Policía.
14 Jul 2017 – 12:34 PM EDT



LOS ÁNGELES, California.- Este es el caso de un hombre en la cárcel cuya víctima y testigo aseguran que es inocente. Hace 19 años, se cometió un crimen por el que David Díaz ha pasado más de la mitad de su vida preso en la cárcel estatal de Fresno, California, a donde llegó siendo un jovencito.

Díaz cumple una sentencia mínima de 37 años y que se puede extender a cadena perpetua por un intento de asesinato que no cometió, según los testimonios de la propia víctima de ese crimen ocurrido en un vecindario hispano de Los Ángeles durante la noche del 14 de julio de 1998. Una versión sustentada por un testigo clave del caso y otras evidencias que ha recopilado una organización que representa legalmente a quienes -a su juicio- han sido condenados injustamente, Project for the Innocent de la Escuela de Derecho de la Universidad Loyola (Loyola Law School).

Este hombre, de 38 años, está recluido en la cárcel Pleasant Valley, en el condado de Fresno, el sexto penal al cual lo han trasladado desde que un juez le dictó sentencia en 1999. Su pesadilla comenzó durante la madrugada del 11 de agosto de 1998, cuando un comando de la Policía de Los Ángeles (LAPD) irrumpió en su casa en la ciudad de Alhambra y lo arrestó. Jamás volvió a su hogar.

Una joven, Martha Sierra, lo había acusado por el intento de homicidio de su novio, Remberto Preciado, cuando ambos caminaban en el barrio Lincoln Heights. La Policía indicó que se trató de un pleito entre pandillas y que a Preciado le preguntaron "¿de qué barrio eres?" y le dieron un tiro en la pierna.

Sierra estaba en el hospital cuando los detectives le pidieron información sobre el sospechoso y le mostraron un álbum con fotografías de pandilleros registrados en Lincoln Heights. Ella apuntó a un joven delgado, cabeza rapada, cejas pobladas y bigote incipiente. Era David Díaz.

Ese testimonio fue el que más pesó en el juicio contra Díaz, a pesar de que su defensa mostró evidencia de que él se encontraba en el cine con su familia durante la balacera.

Pero 19 años después, Sierra, reconoce que ella eligió a Díaz "al azar", porque los policías la forzaron a que escogiera a alguien, quien fuera. "Me dijeron 'tienes que encontrar al culpable para irte a casa'. Les dije: 'Ok, fue este muchacho'. Pero no sabía quién era", aseguró Sierra a Univision Noticias.

"David Díaz no fue el pistolero", enfatizó quien durante el incidente tenía 18 años (ahora tiene 39). "Me siento mal porque él no debería estar ahí", agregó ella.

Sierra dice que el verdadero culpable ni siquiera se parecía a Díaz, pero que no lo identificó en el álbum que le mostró la Policía. "Todo pasó muy rápido en ese momento, pero me acuerdo que era alto, de piel clara y delgado", describió al atacante, que -según Díaz y sus abogados- murió en un tiroteo.

"Él es inocente"

Aunque en el tribunal se escuchó un testimonio que debió haber echado por tierra la acusación contra Díaz, nada pasó. La propia víctima del tiroteo, Remberto Preciado, declaró en el juicio que ese joven que estaba en el banquillo de los acusados no era quien le dio un balazo en la pierna.

"Él es inocente", afirmó Preciado en una carta enviada a Univision Noticias desde la cárcel estatal Salinas Valley, donde purga una condena por otro caso. "En el juicio yo testifiqué que David Díaz 'no era el pistolero' que me disparó. Él es víctima de una injusticia en las cortes de Los Ángeles", escribió.

"Diecinueve años de su vida le han sido robados", agregó.


Otro hecho inquietante en este caso es la compensación de más de 100,000 dólares que recibió Díaz del gobierno de Los Ángeles para cerrar una demanda colectiva interpuesta por las malas prácticas de los policías que investigaron su caso. El hispano se gastó parte de ese dinero pagando los honorarios de abogados y detectives privados para probar su inocencia, pero ni así lo logró.

"Me rompe el corazón que no ha podido salir de la cárcel. Es una terrible injusticia”, comentó Scott Wood, profesor de la Loyola Law School y quien durante seis años revisó el caso de Díaz tratando de liberarlo. El catedrático contó que consiguió contactar a un testigo del tiroteo, pero este después se negó a cooperar. "No hemos podido obtener nueva evidencia", lamentó.

La abogada Ellen Eggers fue la primera que revisó el proceso y posteriormente lo turnó al Project for the Innocent. Ella relata que la primera de varias veces que lo visitó en la cárcel, él se derrumbó emocionalmente. "Lloró mucho, porque pensó que alguien finalmente lo estaba escuchando", contó.

Eggers afirma que este hispano no ha logrado ser exonerado debido a una mala representación legal, a que las personas que testificaron en su contra no han querido retractarse ante la corte (quizás para evitar que las acusen de perjurio) y a que no se ha encontrado nueva evidencia.

El caso de Díaz es similar al de Francisco 'Franky' Carrillo, quien en 1991, a sus 16 años, fue detenido por agentes del Sheriff del condado de Los Ángeles (LASD) acusado de haber asesinado a tiros a Donald Sarpy. Este hombre fue liberado dos décadas después, hasta 2011, cuando la organización Project for the innocent comprobó que él no tuvo nada que ver en ese homicidio.


En el otoño pasado, el Sheriff angelino no solo le ofreció una disculpa pública, sino que aceptó pagarle 10 millones de dólares para resarcir el daño.

Díaz, al igual que Carrillo, era pandillero. Eggers menciona que ambos eran un blanco fácil de culpar en la década de 1990, cuando ocurría una epidemia de asesinatos con armas de fuego en Los Ángeles.

"Había muchos tiroteos relacionados con las pandillas en Los Ángeles y la Policía no tenía tiempo para investigar apropiadamente y no le importaba arrestar a la persona incorrecta. Resolvían los casos muy rápido, presionaban a los testigos", afirma la abogada.


En fotos: Así ha cambiado en 19 años de prisión el hispano condenado por un crimen del que la víctima dice es inocente

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El drama familiar

David Díaz pasó de la adolescencia a la adultez vistiendo todos los días una camisa azul cielo, un pantalón de mezclilla y unos tenis negros, el uniforme de algunos reos en cárceles estatales. En prisión ha enfermado de ansiedad, hipertensión y otros males.

Si cumple toda su sentencia, saldría libre cuando tenga 57 años, en el 2035.

En la sala de visitas en la cárcel Pleasant Valley, a casi cuatro horas en auto desde Los Ángeles, este preso ha pasado los momentos más felices durante los últimos dos años. Allí se reúne con los suyos.

Su madre, Yolanda Díaz, se ha vuelto una mujer religiosa debido al encarcelamiento de su único hijo varón. "Siento que me robaron a mi hijo, es una injusticia", dice entre sollozos esta mujer de 62 años.

Ella menciona que incluso le ha ofrecido un trueque a Dios para que David salga de su infierno. "Le he dicho: 'saca a mi hijo y llévame a mí’. Es suficiente, la persona (la víctima del tiroteo) no murió, mi hijo no fue". Y en medio del llanto repite: "Es suficiente".

La hermana mayor de David, Ángela, de 41 años, dice que el único consuelo de su familia es que este sigue vivo. "Le decimos a mi mamá: 'tienes a tu hijo, puedes hablar con él aunque sea por teléfono. Hay madres que desearían al menos escuchar la voz de sus hijos'", comenta.

Pero el pasado 21 de enero necesitaban más que una voz. Su hermana Darlene, de 35 años, se casó y a él le correspondía entregarla en el altar. "Me rompió el corazón que David no estuvo ahí", expresó.

Mientras los abogados buscan nueva evidencia, una de las tres hijas de Díaz, Jessica Garibay, de 20 años, le envió una carta al gobernador Jerry Brown implorando la exoneración de su padre. "Anhelo el día en que lo liberen", escribió. "Yo solo tenía un año y medio cuando me lo quitaron".

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