Cárcel

El abrazo de 30 segundos que pone fin a 16 años de condena injusta

Luis Vargas cruzó la calle corriendo, la primera calle que atravesaba en libertad tras más de 16 años encarcelado por un crimen que no cometió. Al otro lado le esperaba su madre, doña Blanca, con la que se fundió en un largo y esperado abrazo.
27 May 2016 – 6:43 PM EDT

Como sacado de una película, así fue el momento en el que Luis Vargas corrió al encuentro de su madre, Blanca Alatorre. La mujer lo esperaba ansiosa y con lágrimas en los ojos al otro lado de la calle, frente a un edificio federal migratorio en la ciudad californiana de Santa Ana. Allí fue donde el jueves este mexicano gozó por primera vez de su libertad tras más de 16 años encarcelado injustamente.

Vargas cruzó la avenida con una sonrisa y se fundió en un abrazo de 30 segundos con doña Blanca, quien siempre defendió su inocencia. Mientras ella sollozaba de alegría él la besaba en la mejilla, una y otra vez.

“Lo primero que quería hacer al salir ya lo hice y es abrazar a mi madre”, dijo Vargas a Univision 34 Los Ángeles.

"Realmente todavía ahorita no me ha pegado (el hecho de estar fuera)", comentó a los microfónos en sus primeras declaraciones en libertad.

"Gracias a Dios, gracias a las oraciones de docenas de personas estoy aquí con mi preciosa madre", añadió Vargas quien en 1999 fue condenado a 55 años de prisión por asaltar sexualmente a tres mujeres, unos cargos que incluían la violación de una menor.

Unas pruebas genéticas encargadas en 2012 por Innocence Project California, organización que se dedica a estudiar sentencias injustas, demostrarían que Vargas había sido castigado por unos delitos que no cometió.

“A veces la justicia se equivoca”, advirtió el mexicano quien no obstante está agradecido del destino que le tocó, porque de la prisión salió hecho “un hombre nuevo”. Dentro de la cárcel se dedicó a estudiar, obtuvo tres licenciaturas y terminó dando clases a otros reclusos.

Por una lágrima

Luis Vargas fue condenado por la descripción del agresor realizada por los testigos, por tener una lágrima tatuada bajo su ojo izquierdo. Ese detalle hizo que le confundieran con el criminal conocido como el “Violador de la lágrima”, que se presume ha cometido decenas de abusos sexuales y por el que el FBI ha ofrecido 100,000 dólares de recompensa por su captura. Unos test de ADN terminaron por limpiar su nombre.

“Yo hasta intenté borrarme este tatuaje con una piedra, pero ahora mi madre me ayudará a borrar todas las lágrimas que yo he derramado”, dijo.



Del 'beeper' al celular

“Cuando yo estaba libre lo que existía eran los 'beepers'”, comentó al encontrarse por primera vez con un teléfono inteligente. A sugerencia de los periodistas tuvo su primera experiencia con uno de esos celulares con reconocimiento de voz. Le preguntó dónde estaba el restaurante con el "T-bone más grande" para su primera cena libre. Se echó una carcajada de incredulidad cuando vio que el teléfono le contestaba “okie dokie”.

“Me muero por comer unos chiles rellenos hechos por mi madre”, afirmó con una sonrisa de picardía. En su menú de caprichos culinarios también estaba una jugosa hamburguesa.

Optimista luce el futuro de este mexicano de 47 años, cuyo abogado trabaja en que le concedan el asilo en EEUU, país donde se encuentra de forma irregular ya que cruzó ilegalmente la frontera. Parte de su plan es pelear en los tribunales por una indemnización por los años que pasó en la cárcel injustamente.

"Ni siquiera un millón por año puede borrar lo que yo sufrí”, dijo Vargas, aunque esa pueda ser exactamente la cantidad que le concedan los tribunales si se toma como referencia los casos anteriores como el suyo.

El encarcelamiento erróneo de Luis Vargas tuvo un costo aproximado para las arcas públicas de más de 850,000 dólares.

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