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Abuso Infantil

El caso del niño muerto en un clóset vuelve a cuestionar la supervisión de los trabajadores sociales

El niño fallecido en Echo Park recuerda al caso de Gabriel Fernández y otros que murieron torturados a pesar de que su situación fue investigada por el Departamento de Menores de Los Ángeles.
25 Ago 2016 – 8:28 PM EDT

LOS ÁNGELES, California.- En un clóset, desnutrido y tapado con una cobija, así estaba el cuerpo sin vida de un niño de 11 años cuando lo encontró el martes la Policía de Los Ángeles (LAPD). La muerte de este niño es la última de una serie de homicidios de menores que se repiten año tras año y cuyo bienestar depende de una acertada supervisión de los trabajadores sociales del condado.

La madre del pequeño –quien aún no ha sido públicamente identificado-, Verónica Aguilar, de 39 años, es la única detenida hasta el momento. La mujer vivía con su marido y padrastro del niño en una casa en Echo Park, donde también residían otros tres adolescentes.

“En mis 25 años de policía, éste es uno de los peores casos que he visto”, aseguró el detective de LAPD Moisés Castillo a Univision 34 Los Ángeles. Poco ha trascendido de los detalles de la muerte del niño, pero las primeras informaciones revelaron que la madre no daba de comer al menor y lo encerraba en el clóset.


La situación de supuestos abusos que sufría el niño había sido reportada al Departamento de Menores y Servicios de Familias (DCFS) de Los Ángeles –se cree que en al menos tres ocasiones-, una información que no fue confirmada a Univision por DCFS, aunque sí por la Policía.

Aquellos informes fechados entre 2009 y 2012 no hicieron saltar ninguna alarma. Según el diario Los Angeles Times el niño no acudía a clases desde 2012 y se apunta a que en los últimos años el niño podría haber pasado tiempo en México.

Entre la tortura y la negligencia

Entre 2007 y 2013, 68 menores fallecieron bajo condiciones de abuso, abandono o violencia en las calles mientras estaban bajo supervisión de DCFS, según datos de una investigación llamada ‘Niños sin amor’ realizada por Univision 34 Los Ángeles.

En esas estadísticas se incluye el fallecimiento de Gabriel Fernández, quien murió en mayo de 2013, cuando tenía 8 años, víctima de golpizas que le habría propinado su madre y la pareja de esta, ambos entre rejas.

El menor sufrió torturas que iban desde comer heces de gato y su propio vómito, hasta ser rociado con gas pimienta y quemado con cigarrillos. En su autopsia descubrieron que tenía fracturas de cráneo, costillas rotas, dientes arrancados y balines en la ingle.

La tragedia conmocionó a la comunidad de Antelope Valley por las condiciones que sufrió en vida, pero también porque desde octubre de 2012 su caso estaba bajo la supervisión del DCFS. Cuatro empleados de ese departamento enfrentan ahora cargos criminales por abuso infantil y falsificación de documentos públicos. La Fiscalía cree que los trabajadores sociales realizaron reportes falsos sobre las condiciones del niño.


Antes que Gabriel, Viola Vanclief, de 2 años, fue asesinada a martillazos en Florence (2010) por una madre de acogida a la que DCFS había aceptado para regentar un hogar de crianza a pesar de ser esquizofrénica.

En 2009, Lars Sánchez fue decapitado con un cuchillo de cocina por su madre, Yolanda Tejerina, quien tenía problemas psiquiátricos. DCFS también había revisado el caso y consideró que el hogar en el que vivía el niño era “estable”.

Ese mismo año, Jasmine Granados, de 19 años, murió cerca de Westmont mientras se encontraba en un hogar de acogida con su madre, también menor de edad. Todo bajo la supervisión de DCFS.


El pasado mes de abril, representantes sindicales del sector de los trabajadores sociales del condado de Los Ángeles se manifestaron para reclamar más recursos y acusaron a la Fiscalía de criminalizarlos, tras los cargos presentados por la muerte de Gabriel Fernández.

Detrás de la negligencia de los trabajadores sociales que parece repetirse tras cada uno de esos fallecimientos se encuentra, según los empleados, una excesiva carga laboral por la falta de personal y las numerosas incidencias que suceden en un condado como el de Los Ángeles donde viven más de 10 millones de personas y cuenta con una población de 18,000 niños en hogares de crianza.

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