Los terceros países se han convertido en el destino de más de 23,000 deportados durante la administración Trump

Un informe de la ACLU denuncia que miles de personas fueron expulsadas a naciones donde enfrentan conflictos, persecución, tortura o incertidumbre legal. La organización acusa al gobierno de mantener en secreto los vuelos y utilizar estas deportaciones para infundir miedo entre la población migrante

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En menos de dos años, la política migratoria de la administración de Donald Trump ha desvanecido el sueño americano para más de 23,000 personas, confinándolas al exilio en países donde no conocen a nadie. Un informe de la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) documentó las expulsiones de mujeres y hombres a naciones en conflicto o donde pueden ser perseguidas o incluso torturadas.

La información recabada por la organización, denuncia de los migrantes a países donde es posible que no hablen el idioma y donde, por lo general, tienen una situación migratoria sin definir.

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Durante los traslados de las personas, asegura ACLU, las personas permanecen esposadas e incomunicadas, por lo cual descubren su estadía en un tercer país hasta el momento de descender de la aeronave.

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Para la Unión Americana de Libertades Civiles, la política migratoria del presidente Trump, ha causado un efecto de terror en las personas sin un estatus legal, al persuadirlas a autodeportarse. Mientras se lleva a cabo esa estrategia, el gobierno mantiene en secreto los acuerdos, planes de vuelo y cualquier información de las personas deportadas y los motivos por los cuales fueron expulsadas.

“El secretismo es una estrategia, y como hemos visto con otros regímenes que participan en desapariciones forzadas, está diseñada para ocultar estos vuelos a la intervención judicial y pública, atormentar a quienes viajan en ellos y aterrorizar a otros que esperan saber si serán los próximos”, menciona el documento.

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Víctimas de derechos humanos, los principales blancos

La organización considera que las deportaciones a terceros países son aplicadas a personas víctimas de tortura o persecución en sus países de origen. En este verano, según ACLU, las expulsiones se han llevado a cabo a países de América Latina, Asia Central y Oriente Medio, como Ruanda, Guinea Ecuatorial y la República Centroafricana.

“Desde junio, por ejemplo, Estados Unidos ha enviado tres vuelos de deportación a la República Centroafricana, deportando afganos, rusos, jordanos, iraníes y muchos otros. Sin embargo, el Departamento de Estado de Estados Unidos advierte que la República Centroafricana es demasiado peligrosa para visitar, pero si se decide hacerlo, se debe hacer un testamento y dejar una muestra de ADN para la identificación del cuerpo”, menciona el reporte.

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Vuelos de 50 millones de dólares

Cada uno de los vuelos realizados a terceros países ha tenido un costo promedio de 50 millones de dólares, un costo que difunde terror, amenaza con terminar con la esperanza y separar familias, lo que conlleva a las personas a deportarse voluntariamente.

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En caso de tener efectos la autodeportación, los migrantes “se enfrentan a lo que en la práctica es una desaparición forzada en un país” desconocido; el desenlace, es el arresto domiciliario o incluso una prisión, sin motivo, al no tener cargos penales en su contra.

“Ahora existen varios informes de personas deportadas a Guinea Ecuatorial que han sido agredidas y amenazadas por guardias armados. Carecen de estatus legal permanente y, a menudo, no tienen documentos de identidad, dinero ni apoyo una vez deportadas”, asegura ACLU.

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Khalil, una persona identificada por la organización, es un ejemplo de esta realidad. Él es un joven afgano cuyo padre y hermanos ayudaron al ejército estadounidense en Afganistán. Él se refugió en Estados Unidos por temor a los talibanes. En el regreso de Trump a la Casa Blanca, fue deportado a la República Centroafricana, una zona de conflicto donde mercenarios rusos proporcionan la "seguridad" y los musulmanes suelen ser víctimas de la violencia.

ACLU también documenta el caso de un activista iraní prodemocracia a la República Centroafricana, una mujer de Togo que huía de la mutilación genital a Ghana y un nigeriano torturado por Boko Haram a Ghana.

"Nuestro gobierno utiliza su sufrimiento como ejemplo de lo que enfrentarán los inmigrantes si no se deportan voluntariamente, al tiempo que afirma que estos países han dado garantías diplomáticas de que los inmigrantes estarán seguros allí; garantías que el gobierno sabe que, de hecho, carecen de fundamento", considera ACLU.