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Perdieron las mujeres: por qué el triunfo de Donald Trump significa la derrota del feminismo

Los resultados de esta elección demostraron que, incluso en el país más poderoso del mundo, el feminismo tiene todavía una carrera larga por delante.
9 Nov 2016 – 8:53 AM EST

Durante más de un año de campaña electoral, la contienda entre el entonces candidato republicano Donald Trump y su rival demócrata Hillary Clinton estuvo dominada por temas claves como el racismo, la inmigración y, muy importante, una conversación de género.

Tras la creciente retahíla de comentarios sexistas por parte de Trump, incluso mujeres que no apoyaban a Clinton mostraron su descontento.

Ellas reconocieron en su propia historia los comentarios sexistas de los que han sido víctimas. Como los hechos sobre la menstruación y la conductora de televisión Megyn Kelly o los juicios por su físico como al que fue sometida la ex miss Universo Alicia Machado. Y la conversación misógina al lado de Billy Bush pareció despertar una fuerza feminista (y para algunos casi pasada de moda) en el país.

Y es que, contrario a lo que se pensó cuando se nominó a una mujer a la candidatura presidencial, la conversación estuvo lejos de poner en la mesa políticas de salud, sociales o laborales que plantearan un camino distinto para ellas. El tono de la campaña obligó a Clinton (y a sus seguidoras) a defender en lugar de proponer. La conversación se concentró en explicar asuntos básicos como por qué "grab them by the pussy" no es una conversación de gimnasio sino una amplia referencia a un delito sexual.

En respuesta llegaron en avalancha nuevos iconos feministas, redes que explotaron tras cada comentario misógino o sitios como Quartz que hicieron listas de las cosas absurdas en las que “las mujeres gastaron su tiempo escribiendo, tuiteando, facebookeando para educar a la gente en estas elecciones” al explicar asuntos obvios, apartidistas y de sentido común.

En un momento crucial, llegó la primera dama con un histórico y conmovedor discurso en pro delas mujeres. Y hubo quien, como Diane Guerrero, nos prometió que si las mujeres salían a votar “ podían detener a Trump”.

Eso no sucedió.

Esta noche, no solo Hillary Clinton no ganó. El triunfo del candidato republicano marca (además de la imposibilidad de romper el tan comentado techo de cristal que había impedido que una mujer llegar a un puesto así de alto) una derrota para el feminismo.

Señala –entre muchas otras cosas- un machismo latente y normalizado en el país más poderoso del mundo. En el que las mujeres llegaron a votar hace menos de 100 años, ganan en promedio 20% menos que los hombres que desempeñan el mismo trabajo, en el que (a estas alturas) queda claro por qué tienen una mayor presencia en puestos directivos y que tiene como representante a un hombre que –casi a manera de caricatura- representa todos sus temores.


Para la columnista Catalina Ruiz-Navarro “lo que estamos viendo es el contraataque a los grandes avances en materia de feminismo de los últimos años. Los feminismos siempre han tenido que ver con una lucha de poder: el poder se concentra en los cuerpos de los hombres blancos, y la crítica feminista busca que se redistribuya este poder. Lo que estamos viendo es un peligroso recrudecimiento del status quo, una fijación en que todo se quede igual y no cambie de manos ese poder”.

Los resultados de esta elección nos demostraron, contrario a lo que algunos pensaron, que las mujeres en 2016 todavía tienen un camino largo por andar. La igualdad de derechos y condiciones no es un asunto cercano, ni siquiera con una candidata a la presidencia o con un presidente como Obama que se autodenomina “feminista”

Cuando una mujer presidenta parecía una evolución natural en un país poderoso, inevitablemente, la derrota de Hillary y las condiciones en las que se llevó a cabo la campaña nos hace a pensar que estamos más lejos de lo que creíamos de alcanzar un mundo en el que las mujeres sean consideradas iguales.

Derechos reproductivos, paga igualitaria, cuidado de los hijos son conversaciones que por ahora parecen haber quedado en un segundo plano. Sin embargo, hay una esperanza en el Senado. Nunca como con el resultado de estas elecciones, según informa AP, las mujeres ( incluida una primera latina) han ocupado tantos escaños.

Es ahí, quizá, donde las mujeres deben empezar una nueva batalla.

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