Es diferente la estatua desnuda de Hillary Clinton de las estatuas sin ropa de Donald Trump

Llevar el debate político a la vergüenza y desnudez de los candidatos fue una mala idea desde el principio. Pero ahora en un momento en el que las mujeres alzan sus voces ante los comportamientos del candidato republicano, la estatua de Hillary Clinton resulta doblemente compleja y molesta.
19 Oct | 2:31 PM EDT

Cuando más de 12 estatuas desnudas del candidato republicano Donald Trump aparecieron en agosto en varias ciudades de Estados Unidos, muchos, más allá de celebrar o repudiar el acto que se le atribuyó al colectivo de arte Indecline, temieron las consecuencias que esta idea podría traer a la arena política.

Es verdad, Donald Trump había hecho que el debate político pasara por el cuerpo en múltiples ocasiones. Cuando debatió, por ejemplo, con Marco Rubio si el tamaño de sus dedos (y de lo que eso significa socialmente) importaba, cuando amenazó con "contar secretos" sobre la esposa de Ted Cruz, o cuando habló una y otra vez, y una vez más de forma denigrante del cuerpo femenino, pero ¿iba entonces el debate político empezar a pasar por la desnudes de los candidatos? ¿Íbamos a usar sus cuerpos expuestos en público como un argumento para rebatir sus ideales?

Si se permitía que Estados Unidos se llenara de unas esculturas de Donald Trump desnudo, con sus genitales expuestos y sus testículos (símbolos populares de la virilidad) retirados y ocultos en un tremendo follaje de pelo ¿cuánto había que esperar para que algo similar pasara con la candidata demócrata Hillary Clinton?

Claro, no hubo que esperar mucho.

Justo en la antesala del debate presidencial de este miércoles, frente a una estación de metro de Manhattan, Nueva York, una escultura que representaba a la candidata con unos protuberantes senos expuestos, con la cabeza de un banquero de Wall Street que se desprendía de su dorso en una actitud lasciva y con unas piernas de bestia materializó el temor que muchos albergaban y que incluso columnistas ya habían predestinado al preguntar cómo veríamos si algo así se hiciera con Hillary o con Barack Obama.

La complacencia con las estatuas de Donald Trump ante las que muchos se tomaron fotos y postearon en sus redes y que fueron leídas como arte, -al punto que una galería las va a subastar-, de alguna manera había abierto el camino para que una escultura obscena de Hillary Clinton apareciera en cualquier ciudad.


Claro, como era de esperarse al tratarse del cuerpo de una mujer esta iba a ser más vulgar, sin un comunicado que explicara su razón y sin una justificación artística o satírica detrás, pero al fin y al cabo iba a apelar a lo mismo, a denigrar a la candidata desde su cuerpo.

Las estatuas de Donald Trump y la de Hillary Clinton sí son diferentes. La compleja historia de lucha que han tenido que padecer las mujeres para poder ser vistas como ciudadanas que no se reducen a su cuerpo, a sus genitales y a sus condiciones reproductivas son largas y complejas y están tan arraigadas socialmente que hacen imposible que el cuerpo de un hombre desnudo sea leído igual que el de una mujer. Quizás eso nos haga comprender la rabia que hizo que esa transeúnte tirara la estatua al suelo, mientras que las de Trump se popularizaron por internet.

Además, esta estatua llega en un momento álgido en el que hay una profunda indignación de parte de las mujeres para con los ideales y los comportamientos de Donald Trump lo que la hace doblemente molesta.

Pero después de todo este debate salido de los atriles y de las ideas, reducido a la vergüenza, se hubiera podido evitar si simplemente hubiéramos dejado tanto a Trump como a Clinton tranquilos con su porpia desnudez. Después de todo y aunque compitan en una carrera para la presidencia, sus cuerpos siguen siendo solo suyos.

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