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Relaciones Personales

La vida en pastillas: ¿happy pills?

Nada ha demostrado que esto incida directamente en nuestra felicidad.
25 Abr 2016 – 02:01 PM EDT
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Zoloft, Prozac, Lexapro, Effexor… todos son nombres mucho más comunes para el imaginario popular de lo que deberían. De hecho, los antidepresivos se han convertido en algo tan cotidiano que, incluso un editorial de la Clínica Mayo, invita a no rendirte si el que estás tomando no funciona; ya que hay una gran variedad en el mercado y solamente es cuestión de seguir buscado hasta encontrar el que mejor te funcione; no sin antes pasar por las ventajas y efectos secundarios de cada uno de los activos.

Como si se tratara de una pieza de calzado o la comodidad de unos audífonos, la noción de que este tipo de medicinas son algo “normal” ha llegado a puntos exagerados. Pero la creencia de que nuestro cerebro es un gran caldo de químicos, en el cual los desbalances se curan aventando más químicos, es errónea, como expone el neurobiólogo David Anderson en esta conferencia querer curar las depresiones con medicina es como aventarle aceite al área del motor de un coche y esperar que esto resuelva el problema.

En otro video corto producido por TED, se deja una cosa clara: la depresión es hoy la causa número uno de discapacidad a nivel mundial y el gran problema es que, a diferencia del colesterol alto u otras enfermedades, es intangible. Aunque la medicina ha avanzado en el tratamiento de esta condición, aún falta mucho por comprender acerca del funcionamiento del cerebro humano, haciendo de estos tratamientos y diagnósticos un ejercicio de prueba y error.

Más y más antidepresivos

Solamente en Estados Unidos el consumo prevalente de antidepresivos subió de un 6.5% en el año 2000 a 10.4% diez años después –y sigue en aumento-. Según el manual en línea de la FDA, una de cada 5 mujeres sufre de depresión y, aunque la lista incita a hablar con un médico, no desaprueba que un tema tan delicado como éste se trate con una enfermera o farmaceuta.


Pero el acceso excesivo a los antidepresivos no solamente es un tema que azota a Estados Unidos. Según el reporte de la OECD publicado en 2015, países como Islandia, Australia y Canadá sufren un índice similar de consumo, mientras que muchos otros países primermundistas no se encuentran tan lejos en la escala.

¿Somos acaso una sociedad más deprimida que generaciones atrás? En realidad pareciera que no, pero que estamos más dispuestos a mencionar nuestros problemas e inquietudes. Sin embargo, como argumenta Mel Schwartz en su ensayo para Psychology Today, lo que pasa es que se han repartido indiscriminadamente recetas para tratar este tipo de padecimientos, como si se tratara siempre de un problema que se resuelve con drogas.

En ocasiones hay pacientes que sufren de pérdidas, abuso, problemas laborales o relaciones dañinas, lo que justifica que estén pasando por un periodo de depresión, pero esto no es motivo suficiente para acudir a las pastillas. Algunos estudios sugieren que entre el 25 y el 60 por ciento de los antidepresivos se prescriben para desórdenes que no tienen condiciones psicológicas


Un alto porcentaje de médicos ha optado por la salida rápida: mandar una receta por antidepresivos en lugar de atacar el problema de raíz. Si bien la terapia es un proceso de recuperación lento, en la mayoría de los casos es un acercamiento más eficiente ante el malestar. Con el pasar de los años nos hemos convertido en una sociedad más consciente de nuestros padecimientos psicológicos; sin embargo, la medicina aún no se ha puesto al corriente y sigue repartiendo dosis de Prozac, Zoloft, Lexapro…

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