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¿Qué le ha dado América Latina a la moda mundial?

El sombrero panameño, los ponchos y la tanga brasileña son algunos de los legados que los latinos le han dejado al gusto mundial.
9 Feb 2016 – 10:12 AM EST

Por: Angélica Gallón S.

Año tras año, la moda cobra sus rumbos dependiendo básicamente de lo que pasa en cuatro ciudades: Nueva York, París, Londres y Milán. Sin embargo, hay importantes conquistas que se han hecho desde Latinoamérica, que han terminado por darle vida a prendas que son casi unos clásicos inmortales de los que pocos conocen realmente su historia.

Aquí, un vistazo a esas importantes herencias que desde El Caribe, Ecuador, México, Colombia se han hecho a los destinos del gusto global.


1. Sombrero panameño (Panama hat)


Ese elegante sombrero blanco que es el compañero inseparable de muchos alrededor del mundo durante el verano, es en realidad originario de Ecuador, solo que le debe su nombre a que fue la intensa migración de ingenieros americanos que llegaron a Panamá a construir el canal la que le dio su fama mundial.


“Llegó a ser tanta la demanda de este sombrero que era ideal para lidiar con el calor sofocante panameño, que incluso poblaciones colombianas como Aguadas, Caldas tuvieron que darle una mano a los artesanos ecuatorianos que no alcanzaban a suplir la demanda”, asegura el historiador del vestido y docente de la Pontificia Bolivariana, William Cruz Bermeo.

Desde entonces, este sombrero que se hace a mano con palma de iraca y se blanquea con ceniza volcánica, ha sido miles de veces reinterpretado y llevado a las pasarelas. Hoy es un elegante recuerdo de cómo las inclemencias del clima, en ese lado del mundo, los llevó a crear bellas e inmortales soluciones.

2. Camisa de boleros off-shoulder


Esa sensual prenda que por estos días inunda Instagram y que ha puesto la mirada y el deseo en los hombros de las mujeres, es en realidad un vestigio que nos quedó de la moda más tradicional de las islas antillanas y el Caribe, en donde a las mujeres esclavas se les permitió usar vestidos blancos de algodón con los hombros descubiertos.


Esa forma de la blusa, llena de boleros y que dejaba piel al desnudo, terminó colándose en las vestimenta de la más sofisticada aristocracia francesa, al punto que la misma María Antonieta, reina de Francia, terminó por ser retratada por Elizabeth Vigée (que expone por estos día el Museo Metropolitano de Nueva York) con ese sugestivo vestuario.

“Las colonias en el Caribe tuvieron un impacto directo sobre el comportamiento de la moda europea en el siglo S XVIII, tanto que hoy en día el Museo del Traje de Kioto preserva bolsos de esos siglos con formas de piñas, reflejo de cómo esos paisajes y colores se metieron en la moda”, explica William Cruz.

3. Ponchos y rebozos


“Cada vez que vemos por la calle a una mujer elegante vestida con una especie de ruana tenemos que recordar que esa es una pieza que si bien tiene un origen en España, tuvo nacimiento en ese encuentro vibrante de las dos culturas, la europea y la latinoamericana”, cuenta el historiador.


Los huipiles guatemaltecos, las ruana de la pampa argentina o de los andes, el rebozo mexicano que inmortalizó Frida Kahlo, fueron piezas mestizas, es decir, que se fueron creando de la mezcla de prendas distintas como el poncho -pequeño trapo que usaban los campesinos en sus labores- y la ruana española.

Hoy en día, diseñadores como Isabel Marant y el gusto por prendas tradicionales con historia (tan propios de los hípsters) hacen que tenga más vigencia que nunca y que parezca una prenda en extremo contemporánea a pesar de sus viejos orígenes.

4. La tanga brasilera


Contrario a la creencia popular, esta minúscula pieza no procede propiamente del país que profesa su nombre.


En realidad, según investigaciones de la historiadora alemana, Anaje Begenson, es una prenda que tuvo su origen en una perdida isla del Pacífico perteneciente a Chile, en donde las mujeres se tapaban con conchas que amarraban a un hilo.

Con la llegada de los españoles, estas mujeres aprendieron a tejer y reemplazaron las conchas de los moluscos que usaban para tapar su sexo, por telas.

Un español marinero, Yáñez Iglesia y su esposa, Yolanda Luccara, decidieron llevar la sensual prenda para venderla en Salvador de Bahía, Brasil, lugar en donde se asentaron, con tan mala suerte que cuando volvieron a España fueron ejecutados por la Santa Inquisición por prácticas inmorales.

Desde entonces, ese minúsculo triangulo, que deja los glúteos al aire, hace parte de las pasarelas y los más famosos balnearios del mundo.

“Son piezas que fueron creadas y legitimadas para vestir el cuerpo latino que es diferente al europeo, pero que sobretodo hicieron eco del poco pudor que se sentía sobre el cuerpo de este lado del continente”, concluye Cruz.

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