Moda

El bordado mexicano Otomí se hace tendencia para no desaparecer

Dos marcas están trayendo estos tradicionales bordados a Estados Unidos para conservar la tradición... Y conquistar nuestros closets y hogares.
21 Jun 2016 – 5:49 PM EDT

Pauline Mason y su pareja vivía en Puebla, México, cuando vio por primera vez los bordados de la comunidad Otomí. Al conocer a las mujeres que los elaboraban quedaron prendados de ellas, y decidieron traer sus creaciones a Nueva York para continuar la tradición que lleva siglos dando puntadas. Fundaron una empresa, Nahual, y ahora distribuyen objetos de decoración alrededor del mundo. Desde México hasta Brooklyn.

Las mujeres Otomíes trabajan en sus hogares siguiendo la tradición heredada de generación en generación. Son madres, en su mayoría, que gestionan su empleo de forma independiente. "Todo el trabajo se realiza de manera doméstica," cuenta Mason. "Algunas hacen el diseño y realizan también los bordados, y otras se dedican únicamente a bordar." Nahual colabora actualmente con las mujeres de tres pueblos distintos del Estado de Hidalgo.


Elaboran las piezas a mano siguiendo un meticuloso proceso que requiere horas de trabajo. Primero confeccionan la base del bordado usando algodón, y después dibujan con lápiz las siluetas de los motivos que bordarán. A continuación se pasa a la labor de bordado, la parte más delicada. Utilizan el punto conocido como "satin stitch," largas puntadas de hilo que acaban pareciendo satén. Aunque es una técnica laboriosa, "es económica," dice Mason.

Al otro lado de Estados Unidos, en San Francisco, es la marca Olli la que ofrece los bordados. Olli fue fundada por Joanne Zorkendorfer, una neozelandesa cuya pasión por lo bordados hechos a mano le llevó hasta los Otomí.

Según cuenta la leyenda, los animales y las plantas (pájaros, pavos, ciervos, armadillos...) que aparecen en los bordados están inspirados en unos dibujos que hay en una cueva de la zona, con cierta influencia de la estética azteca.

En 1960 esta técnica resurgió como fuente de ingresos adicional para la región, afectada entonces por la inestabilidad económica causada por la sequía. Esto les impulsó a abrirse comercialmente y vender sus creaciones por primera vez. Antes de aquel momento, elaboraban los bordados para ellas mismas, para vestidos de novias y ocasiones especiales. Ahora dan la vuelta al mundo.

La demanda por los bordados Otomí está creciendo en Estados Unidos, pero debido a que los elabora a mano una pequeña comunidad, la producción tiene un límite y no pueden crecer mucho más. Pero de momento, la tradición está a salvo.

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