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Ilustración Mujer haciendo Yoga

Sí, hago lo que quiero, ¿y qué?

Sí, hago lo que quiero, ¿y qué?

Carta a aquellos que se preocuparon y angustiaron tanto por el paso a las filas del divorcio.

Ilustración Mujer haciendo Yoga
Ilustración Mujer haciendo Yoga

Por Rose Mary Espinosa

Quiero dedicar unas palabras a todos quienes se preocuparon cuando me divorcié y siguen preocupados porque, a pesar de algunos intentos posteriores, aún no doy con the one.

Agradezco su solidaridad: esos momentos en que compartieron conmigo el sabor del fracaso y el temor a estar sola, miedo y sabor de los que ya me he despojado, pero ustedes, por alguna razón, se niegan a superar.

Atesoro que les hayan dolido los cambios que la separación me trajo en lo económico y lo social: cómo se afectó mi estilo de vida y cómo aquellas amistades, construidas a lo largo de tantos años, tomaron partido o prefirieron no involucrarse, pero que, de cualquier manera, desaparecieron de mi vida.

Entiendo su reserva para contarme que se habían encontrado a mi ex y su pareja en turno. Sé que esto lo hacían de buena fe, como cuando evitaban descripciones a detalle y preferían decirme: ‘’Pero no te llega ni a los talones’’. Y también sé que no hubo nada personal en el caso de una amiga que, aun cuando me conoció mucho antes que a mi ex, a la hora de la hora, a quien invitó a su boda fue a él.

A la fecha me enternece que se hayan preocupado por mí, anticipándose a los ‘’malos pasos’’ que yo pudiera dar, como cuando comparaban a mis nuevos novios o simples dates con mi ex: hicieran lo que hicieran, siempre saldrían perdiendo por losers, por freaks, por engreídos o por codos: ‘’Extrañamos cuando tu ex nos invitaba los drinks’.

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Recuerdo cómo algunas reaccionaron cuando les presenté a un chico con el que salía y que era nueve años más joven. Una de ustedes dijo: ‘’Yo también tuve mi temporada de salir con moquis’’, comentario que no respondí, si bien no estaba tan segura de que en mi caso sería una temporada, una moda, una vez.

Mujer solitaria
Agradezco todo.


De lo ideal y lo correcto

Insisto. No me cansaré de agradecer tanta buena intención, pero también quiero aprovechar para decirles que sus consejos no sirvieron para gran cosa, por el contrario, las más de las veces metieron ruido y fueron no sólo inoportunos sino dogmáticos, especulativos y falsos: recomendaciones basadas en experiencias y expectativas ajenas y el ideal y lo correcto según X, Y o Z.

En verdad les digo que estoy mucho más entretenida en explorar otros modos de crecer y desenvolverme, aunque no sean los que ustedes conocen o aceptan. Ya lloré mis pérdidas, viví mis duelos, cerré o entrecerré círculos. Por eso, aunque valoro que sigan preocupándose por mí, no comparto la nostalgia que sienten por mi pasado cuando yo misma ni siquiera recuerdo que todo haya sido tan maravilloso… ni tan grave. De hecho, cuando se refieren a mi ex, siempre estoy a punto de preguntarles: ‘’¿cuál de todos?’’. Hay libros que ya cerré y, si los hojeo de vez en cuando, lo hago con otra mirada, con otros fines, a veces sólo por accidente.

Si les asusta lo exigente y caprichosa que me he vuelto, déjenme compartirles que yo lo veo como un mayor conocimiento de mí misma, una forma de trabajar en mis propios bloqueos y prejuicios a propósito de la intimidad y así detectar a tiempo patrones que tanto daño me hicieron. Es curioso, yo me celebro y aplaudo mientras ustedes no me bajan de quisquillosa y pone-peros.

Sin maldiciones gitanas

Quisiera decirles que, si verdaderamente sienten algún aprecio por mí y desean mi bien, dejen de preocuparse por mi condición actual: si tengo o no tengo pareja, si la que tengo es fija, si es mucho mayor o más joven, si tiene o no tiene hijos, si es de aquí o vive fuera… basta. Si de algo les sirve saberlo, yo muy rara vez pienso en ello y, honestamente, no pasa nada. De hecho, es parte de mi trabajo de desintoxicación: no mirarme con los ojos con que otros me miran ni etiquetarme según sus juicios y prejuicios.

En estos momentos no me entusiasma mucho la idea de volver a casarme o juntarme con alguien, no porque no haya disfrutado del matrimonio o no valore la convivencia, sino porque, de alguna manera, al fin estoy descansando de aquellos tiempos en que consultaba con alguien absolutamente todo: qué comer, adónde viajar, a quiénes invitar o no a una cena. . .

No hace mucho un novio con el que rompí estrepitosamente me auguró que terminaría tan sola como los personajes de mis relatos. Él creyó lanzarme una maldición gitana y, aunque en su momento me hizo dudar, hoy me pregunto: ‘’Y si así fuera, ¿qué?’’.

Mujer escribiendo una carta
¿Sola como los personajes de tus relatos?
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