null: nullpx
Amor

¿Por qué es necesario ser vulnerables?

La doctora Brené Brown, entre muchos otros investigadores, fomentan mostrarse vulnerables.
8 Abr 2016 – 12:12 PM EDT
¡Nuevo!

Presiona aquí para reaccionar

Reacciona
Comparte

“Ser vulnerable es mostrarte verdadero y valiente. Ser veraz y valiente no es siempre cómodo, pero definitivamente nunca es sinónimo de debilidad”. Lo dice el sitio web de la doctora Brené Brown, investigadora de la Universidad de Houston cuyos temas de especialización son la fragilidad humana, la vergüenza y el valor personal, entre otros.

La plática TED de la doctora Brown, “El poder de la vulnerabilidad”, tiene más de 25 millones de vistas, lo que la convierte en una de las más populares a nivel mundial. Y es fácil adivinar porqué: a contracorriente de la tendencia de muchas corrientes de autoayuda, que instruyen que debemos mostrarnos siempre seguros, fuertes, exitosos y en control, un mensaje como el de ensalzar la debilidad llega como agua fresca.


En esa conferencia, Brown dice que la verdadera razón por la que estamos aquí es para conectarnos entre nosotros: así estamos hechos, nos es indispensable para tener bienestar, señala. Luego habla de cómo a través de sus muchos años de trabajo profesional (pero también de crecimiento personal) encontró que las personas más plenas, las que tienen un mayor sentido de valía interior son las que no esconden su lado débil, vulnerable, porque al reconocerlo pueden realmente establecer vínculos fuertes con otros. Es decir, esas personas enfrentan la vida con coraje, palabra que viene del latín cor, que significa corazón, y en su significado original quiere decir contar la historia personal con todo el corazón. Así, quienes han aprendido a afianzar su autoestima en el hecho de aceptarse imperfectas, en ser auténticas y dejar ir el debo ser para mostrar el soy, encuentran que justo se trata de condiciones indispensables para conectar con los demás.


En su trabajo de investigación, la doctora Brown también encontró que ser vulnerables, si bien no es cómodo, sin duda nos hace más felices, porque significa que estamos vivos. En otras palabras, aceptar que somos débiles implica soltar las certezas y el deseo de controlar, dejarnos ver dudosos y con temor, amar a corazón abierto aunque no haya garantías, practicar la gratitud, asumir que somos imperfectos y así, justo así, merecemos ser queridos.

La cercanía emocional

Este énfasis en aceptar la debilidad humana se conecta con los hallazgos de otra investigación, realizada en abril de 1997 por el psicólogo Arthur Aron, de la Universidad Estatal de Nueva York en Stony Brook. Junto con un grupo de colegas suyos, Aron publicó un innovador estudio sobre cercanía emocional. En él, Aron y compañía planteaban que si dos personas respondían el cuestionario preparado durante largo tiempo por el grupo de expertos y realizaban las tareas propuestas en él, podían terminar por enamorarse en cuestión de horas. En estricto sentido se trataba de un experimento para crear un vínculo emocional en un contexto controlado, el cual partía del presupuesto de que “la mejor manera de acercarte a tu compañero (en el estudio) es compartir con él o ella y que, al mismo tiempo, él o ella compartan contigo”. Durante 45 minutos, las parejas participantes en la investigación se respondían mutuamente preguntas específicas sobre sus vidas y realizaban tareas cuyo objetivo era construir intimidad. Por ejemplo, el estudio ponía sobre la mesa cuestionamientos como “¿Cuál es el recuerdo más terrible que tienes?”, “Si te murieras hoy, ¿qué lamentarías no haberle dicho a alguien cercano y por qué no se lo has dicho?” o “¿Cuál ha sido el momento más vergonzoso de tu vida?”. De ese modo abría la puerta a las zonas más resguardadas de la personalidad, las más privadas.

El trabajo encontró que la apertura recíproca provocada por las preguntas incidía de manera fundamental en el deseo de establecer una relación en varias parejas participantes. En otras palabras: cuando unos y otros quitaron barreras y realmente se involucraron en responder con total sinceridad, el estudio llevó a la creación de un lazo emocional fuerte. No es raro, después de todo: así como nadie puede abrazar a quien va vestido con una armadura que lo cubre por completo, es fácil sentirnos a gusto con quien abre los brazos, no se juzga y se acepta a sí mismo(a), porque es muy probable que también acepte a los demás.

En ambos campos de trabajo, tanto el de la doctora Brown como el de Aron y colegas, la fragilidad resulta un componente fundamental para vivir a fondo y también para establecer conexiones realmente significativas. Se aplica en todos los terrenos de la actividad humana, y quizá lo hace de manera especial en cuanto a las relaciones de pareja, como parece haber entendido C.S. Lewis, escritor inglés y autor de Las crónicas de Narnia. En el libro Los cuatro amores, Lewis afirmó: “Amar es ser vulnerable. Ama cualquier cosa y tu corazón será estrujado y, probablemente, roto. Si quieres la garantía de conservarlo intacto no lo entregues a nadie, ni siquiera a una mascota. Envuélvelo cuidadosamente entre pasatiempos y pequeños lujos; evita cualquier involucramiento. Guárdalo bajo llave en el ataúd de tu egoísmo pero incluso en ese féretro, seguro, oscuro, quieto y sin aire, va a cambiar. Nadie lo hará pedazos, pero se volverá irrompible, impenetrable, sin salvación. Porque amar es ser vulnerable”.

Quizá hemos estado perdiendo el tiempo en planear complicadas estrategias de conquista, publicando libros y lanzando al mercado películas sobre cómo seducir, de qué manera enamorar. La clave era mucho más sencilla: quitarnos la armadura.

Además ve:


¡Nuevo!

Presiona aquí para reaccionar

Reacciona
Comparte
RELACIONADOS:AmorRelaciones Personales
Publicidad