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Selena no pudo, pero estas pruebas contaron por ella cómo Yolanda Saldívar la mató

A 23 años del asesinato de la 'Reina del Tex-Mex' examinamos el archivo del juicio que culminó con la convicción a cadena perpetua de la expresidenta del club de fans de la cantante. De la mano del fiscal del caso, Carlos Valdez, te mostramos documentos y objetos nunca antes vistos públicamente.
27 Mar 2018 – 4:25 PM EDT

Corpus Christi – Un crujido leve se escucha cuando Carlos Valdez abre la puerta de una pequeña oficina del archivo de la Corte del Condado de Nueces y absorto camina hacia la mesa donde descansan 16 cajas de cartón. Es un cuarto austero, repleto de documentos y de memorias. Se detiene frente a la foto de Selena Quintanilla. Es una imagen que colinda entre el silencio del recinto y el murmullo de la evidencia.

De golpe, el tiempo se detiene. El abogado regresa al pasado y desempolva la prueba que presentó al jurado, que en dos horas y 20 minutos encontró a Yolanda Saldívar culpable del asesinato de la ‘Reina del Tex-Mex’.

“La gente no ha visto esto antes”, comenta el letrado, que cambia del inglés al español mientras viaja por los recuerdos.

Foto a foto: esto fue lo que le pasó a Selena el día que Yolanda la mató

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Veintitrés años atrás, vestido casi igual con un traje oscuro, corbata y un pañuelo en el bolsillo, el entonces fiscal entró a una sala del juzgado de Houston. Otro recinto “sobrio y cuadrado” como lo describió en su libro ‘Justice for Selena’, para armar el rompecabezas sobre la muerte de la cantante de 23 años, el 31 de marzo de 1995. En esta ocasión, el recorrido por la saga de venganza, obsesión y avaricia lo hace junto a Univision Entretenimiento.

Como aquel primer día del desfile de prueba, toma la fotografía de Selena en sus manos y la muestra. Es el exhibit 1 del ministerio público y la primera pieza de evidencia que admitió el juez Mike Westergren durante el proceso judicial, que se trasladó de Corpus Christi a Houston a petición de la defensa. Selena aparece feliz, sonriente, con su pelo recogido, usando unos aretes grandes y una rosa roja en sus manos. Es una foto sencilla, lejana al glamour que rodea a las celebridades y más cercana a la mujer que -aún en la cima del éxito- frecuentaba el restaurante Hi Ho (en su vecindario) para comer uno de sus platos favoritos: carne guisada.

“La foto era para que el jurado siempre la recordara porque es muy fácil recordar a la acusada porque está ahí en la sala”, dice el abogado, que actualmente aspira a un puesto de juez de distrito.

Esa imagen es la que estuvo colgada en la pared de la corte “como si mirara” a los seis hombres y seis mujeres del jurado durante las argumentaciones finales de la fiscalía. Esa es la fotografía que ahora aparece en el primer cajón de evidencia como una pista de la vida de aquella chica de barrio que se convirtió en una megaestrella y en un mito después de su muerte.

Exclusiva: fotos de la vida privada de Selena

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Las cajas del archivo, que recogen un pedazo de la historia de Selena, están en el tercer piso del juzgado, a tan solo unos pasos de la sala -en el primer piso- donde la cantautora de ‘Bidi, Bidi, Bom, Bom’ y su esposo, el guitarrista Chris Pérez, contrajeron matrimonio el 2 de abril de 1992.

Las cajas llevan la etiqueta ‘State of Texas vs Yolanda Saldivar” y en su interior guardan la mayoría de los 122 exhibits que presentaron la fiscalía y la defensa. Son miles de papeles con transcripciones, informes, declaraciones juradas ante notarios públicos y fotografías. Hay balas, ropa como la blusa y el pantalón que vestía Saldívar cuando alegadamente la agredieron en México y hasta los tenis blancos ensangrentados (marca Reebok) que la convicta llevaba el día que mató a Selena.

También están los cinco cassettes que recogen la negociación entre la policía y una Saldívar histérica, que se encerró en una camioneta en el estacionamiento del motel Days Inn luego del crimen, y que el jurado escuchó en su totalidad durante el juicio, que inició el 9 de octubre de 1995 y se extendió por tres semanas.

Todo está ahí en una oficina, a mitad de un pasillo, repartido entre una montaña de cajas. Esperando.

La bala que mató a Selena

Debajo de la fotografía de la hija menor de Abraham y Marcella Quintanilla, asoman las imágenes del revólver Taurus modelo 85 que Saldívar (una enfermera que fundó el Fan Club de Selena y los Dinos en 1991) compró por 232 dólares y 13 centavos en la tienda ‘A Place To Shoot’, en San Antonio, el 13 de marzo de 1995 y cuyo gatillo apretó para dispararle por la espalda a la artista y empresaria que le había confiado la contabilidad de sus dos tiendas Selena Etc.

Los agentes recuperaron el revólver negro con cabo de madera en el interior de la camioneta roja que Saldívar manejaba el día del crimen. El revólver, que la empleada del motel Norma Martínez describió como un “arma grande como de vaquero”, ya no existe. Un juez ordenó su destrucción después de que la recuperaran tras desaparecer de la Corte del Condado de Harris, donde todo el expediente estuvo almacenado hasta que el caso quedó oficialmente cerrado. No es la única pieza de evidencia que desapareció después del juicio y volvió a aparecer.

De una bolsa plástica, Valdez saca una caja de balas y cinco sobres pequeños. Los abre uno a uno para enseñar los tres plomos que quedaron en el tambor del arma homicida y otro que la policía recuperó en la camioneta roja.

“Este es el casquillo de la bala que mató a Selena”, indica Valdez, mientras toma en la mano el remanente del proyectil que penetró la parte trasera del hombro derecho de Selena y salió por su pecho.

La punta de la bala que terminó con la vida de la hermana de Suzette y A.B. Quintanilla nunca apareció, pero el jurado vió una fotografía de una punta similar para entender cómo explotó al atravesar el torso de la artista, quien murió 16 días antes de su cumpleaños.

“Son balas de punta hueca que cuando entran al cuerpo se expanden para crear mayor daño”, explica el fiscal jubilado.

Ese potente pedacito de metal, según el informe de autopsia, cortó una arteria principal y quebró el lóbulo pulmonar derecho de Selena causándole hemorragias interna y externa. El patólogo Lloyd White determinó que la cantante falleció por la pérdida masiva de sangre debido al disparo y que su muerte era un homicidio.

La autopsia no se limitó al disparo. White también concluyó que la artista -que apenas 30 días antes había ganado su primer Grammy- no estaba embarazada (contrario a las alegaciones de Saldívar en diversas entrevistas posteriores a su convicción) y que no había alcohol, ni drogas en su cuerpo.

La canción que Yolanda guardaba

Entre la montaña de documentos hay una bolsa de papel que conserva la cartera negra de Saldívar y que las empleadas del motel encontraron en la bóveda de la habitación 158 cuando entraron a limpiar. Tiene la cremallera cerrada. El bolsillo del frente está repleto de papeles doblados.

Sobresalen unas fotografías (tamaño pasaporte) en blanco y negro de Saldívar, donde luce la blusa que llevaba cuando alegó que la violaron en México, una estampa religiosa de San Ramón, una carta (del 17 de marzo de 1995) de un bufete de abogados reclamándole el pago de 6,315 dólares de un préstamo estudiantil viejo, su tarjeta del diploma de escuela superior, su certificación de enfermera expirada, el recibo de la tienda donde compró el revólver, y un papel amarillo, que llama la atención de Valdez.

“No había visto esto antes”, comenta asombrado.

Toma el documento y lo lee en silencio. Inicialmente piensa que es una carta íntima de la convicta, que duerme tras las rejas desde el día en que mató a “su mejor amiga”. Luego nota que se trata de una canción. Tiene razón.

El papel amarillo, con un símbolo de dólar en el margen izquierdo y escrito a manuscrito, es la letra de la ranchera 'Siempre hace frío'. Compuesta por Cuco Sánchez y producida por A.B. Quintanilla, Selena grabó la canción en el 1994 como parte del soundtrack de la película ‘Don Juan DeMarco’, protagonizada por Johnny Depp y donde la cantante aparece en un cameo. No se usó en el filme, pero formó parte del álbum ‘Siempre Selena’.

“A dónde estás, a dónde estás. Mátame cielo, trágame tierra. Quiero morirme si no vuelve más”, dice el tercer estribillo de la melodía donde aparece el símbolo de dólar.

Dentro de la ordinaria cartera están otros artículos que reflejan el mundo de Saldívar. Objetos que destilan poder adquisitivo como una gafas Ray-Ban, un frasco de perfume Cristalle de Chanel, un lápiz labial color 'Rosa Rosa' de Estée Lauder y un estuche dorado con las tarjetas de presentación que la identificaban como la oficial ejecutiva de Selena's Design conviven con cinco balas, un tubo de Fixodent (pasta para fijar dentaduras), una lata de spray para el aliento, un frasco de tranquilizantes a nombre de un familiar y un esmalte de uñas, que se tornó amarillo por el paso del tiempo.

Eso sí, faltaba el sobre con los 1,810 dólares en efectivo (mayormente en billetes de 20 dólares) que estaba en el bolso y que Saldívar, tras su convicción, intentó recuperar. Ese dinero acabó en las arcas del Condado de Nueces como una retribución por los gastos del juicio, señala Valdez.


La carta de renuncia sin firmar

La renuncia de Saldívar ha sido eje de especulación del caso. A pesar de los años todavía cautiva a una legión de seguidores. Pocos han leído el misterioso documento que preparó el abogado de San Antonio, Richard Garza.

La carta de renuncia con fecha del 13 de marzo 1995 (día en que Saldívar recogió el revólver en la tienda) no tiene la firma del licenciado, ni de Saldívar. Tampoco menciona el cargo que ostentaba la mujer en Selena Etc.

Escrita en papel timbrado de la oficina de Garza, la misiva iba dirigida a Selena Quintanilla Pérez sin título y a la dirección residencial de la cantante, que vivía en la calle Bloomington 705 al lado de sus progenitores y de su hermano.

En el documento Garza señala que “ ciertos miembros de la familia hacen imposible que la señora Saldívar trabaje para Selena Etc”. El abogado pide el pago de 349 dólares por llamadas de trabajo a Monterrey y el salario de 900 dólares de Saldívar. Aclara que la mujer retendrá su 1% en una compañía cuyo nombre completo no se entiende.

Valdez no recuerda los pormenores del documento, pero en su libro explica que la asesina reclamaba un porcentaje del negocio de ropa que la cantante iniciaba en México.

En declaraciones juradas, Abraham Quintanilla y Chris Pérez mencionan la situación laboral de Saldívar en los negocios de Selena. El papá de la cantante señala que su yerno le comentó que Selena había despedido a Saldívar el 9 de marzo, pero que luego de reunirse con la mujer unos días después acordó mantenerla en la nómina -sin acceso a las boutiques de Corpus Christi y San Antonio- hasta que terminara unas gestiones relacionadas a su línea de ropa en Monterrey.

Chris también indica que escuchó a Selena hablar por teléfono con Saldívar sobre una carta que le había enviado un abogado. La cantante se sintió " traicionada" por la mujer a quien cariñosamente llamaba ‘Buffy’.

La confesión: "Le disparé mientras caminaba"

La mañana del 31 de marzo de 1995, Selena salió de su casa en la camioneta azul de su esposo para recoger a Saldívar en el motel Days Inn y llevarla a un hospital regional a recibir atención médica después de una alegada agresión sexual sufrida en México. Pese a que Saldívar, según varios testigos, dijo que la habían violado, en su confesión consigna que había sido víctima de un “intento” de violación. Los médicos que la evaluaron no identificaron signos físicos de una agresión.

De regreso al motel, las mujeres pelearon en la camioneta por los estados bancarios de los negocios de la vocalista que en ese entonces grababa su primer disco en inglés y que a esa hora debía estar en el estudio de su familia localizado a unas cuadras de la hospedería.

“Ella dijo que su papá le había dicho que yo era una lesbiana. Me enojé y le dije que ya no quería trabajar para ella”, apunta Saldívar en la confesión que su abogado Douglas Tinker trató de suprimir para que no llegara a manos del jurado.

La pelea continuó en la habitación. Acabó cuando Saldívar sacó el revólver de su cartera.

“Ella comenzó a tirar todos los archivos del maletín o el bolso que yo tenía en la cama... Yo tomé el revólver de mi cartera y Selena empezó a caminar hacia la puerta que estaba abierta”, indica la convicta, que en ese momento tenía 34 años.

“Jalé el martillo hacia atrás y le disparé mientras caminaba hacia la puerta abierta”, agrega.

Herida, Selena salió corriendo de la habitación. “Ayuda, alguien que me ayude”, gritaba.

Cerca del cuarto cayeron su cartera negra Chanel, su teléfono celular, sus llaves y un maletín con documentos.

Varios empleados del motel escucharon el estruendo del ' bang' y observaron a Saldívar -revólver en mano- perseguir a Selena, mientras la cantante dejaba un rastro de sangre a su paso. Las fotos muestran sangre en la puerta de la habitación, las aceras, en las hojas de una palma, en la puerta de entrada al vestíbulo y en la alfombra donde colapsó.

“Eso es sangre. Ella pisó la sangre de Selena”, apunta Valdez al observar las marcas en los tenis que llevaba Saldívar ese día.

El paramédico Richard Fredrickson señala -en su declaración jurada- que al llegar al motel encontró a Selena en el piso en posición fetal. La volteó para iniciar los primeros auxilios. Su cuerpo estaba bañado en sangre desde el cuello hasta las rodillas. En la ambulancia, trató sin éxito de ponerle un suero. Cuando tomó su brazo derecho, la mano se abrió y al suelo cayó una sortija de oro que entregó al sargento Ray Rivera al llegar al hospital Corpus Christi Memorial.

En algún momento de la discusión con Yolanda, la intérprete de ‘Como la flor’ se quitó el anillo de amistad que la fundadora de su fan club le había regalado (aunque lo pagó con una tarjeta de crédito del negocio de Selena, de acuerdo con expresiones públicas de Phillip Randolph propietario de la joyería donde Saldívar compró la prenda). Ese gesto, sostiene Valdez, enfureció a Saldívar, quien resentía el distanciamiento de su ídolo.

“Yolanda Saldívar mató a Selena por una combinación de elementos. Estaba molesta porque se le acababa la buena vida y tenía coraje con el papá de Selena, quien la había amenazado con mandarla a la cárcel por estar robándole a su hija. Ella también le agarró mucho coraje a Selena porque le creyó a su papá”, precisa.

La sortija de oro blanco y diamantes, coronada con un óvalo o huevo de Fabergé y las letras ‘S’ a los lados no se encuentra en el depósito de evidencia en Corpus Christi porque Valdez devolvió los efectos personales de Selena a su familia una vez concluyó el proceso de apelación de Saldívar y el caso quedó cerrado.

Escondidas entre unos papeles emergen dos fotos instantáneas ya borrosas del polémico anillo que, según artículos periodísticos, Abraham Quintanilla lanzó al golfo de México. Esa sortija desapareció junto al revólver después del juicio.

Una investigación del Condado de Nueces encontró que la reportera de sala durante el proceso que duró tres semanas de abril retuvo las valiosas piezas de evidencia sin supuestamente saberlo. La mujer alegó que las descubrió en unas cajas donde guardaba los artículos de su escritorio, que un compañero recogió cuando se retiró del empleo. Devolvió la prueba sin que se presentaran cargos en su contra, revela Valdez.

El día antes de su muerte

La tarde antes de su muerte, la cantante pasó por su tienda Selena Etc., que ubicaba en el 4926 de la calle Everhart, para hacerse las uñas de las manos y los pies. Celia Soliz, la empleada que la atendió esa tarde, recordó que el beeper de la cantante sonó como en 12 ocasiones y que escuchó a Selena conversar con Saldívar.

“Cálmate Yolanda…Tienes que decírselo a alguien. Si te violaron, llama a la policía”, indica Soliz que escuchó decir a su jefa. Selena, acota la declaración jurada, también le confió a su empleada que tenía prueba de que Saldívar le estaba robando dinero y que pensaba encontrarse con ella para despedirla. Previamente le había comentado que iba a contratar a un investigador privado para investigar a Saldívar.

Después de que salió de la boutique, Selena regresó a su casa donde preparó un pescado que su esposo Chris había comprado y cenó con su suegro Gilbert Pérez, quien estaba de visita. Como a las 11:30 de la noche la pareja salió hacia el motel Days Inn (que tras el asesinato cambió a Knights Inn) a buscar los estados bancarios del negocio de ropa de la cantante. Saldívar entregó unos documentos en una bolsa plástica.

“Selena me dijo que (Saldívar) tenía unos arañazos y la ropa rota. Que parecía que se los había hecho ella”, señala Chris en su declaración jurada.

Al día siguiente, Selena partió de su casa cerca de las 9:00 de la mañana.

Según Chris a las 10:45 recibió una llamada de su suegro preguntando donde estaba su hija, que no había llegado al estudio de grabación. El músico envió un mensaje por beeper a su esposa, quien le respondió entre las 11:00 y 11:15 de la mañana, pero no le dijo que estaba con Saldívar.

Una hora después, el guitarrista recibió una llamada alertándolo de que habían herido a su compañera. Minutos antes, mientras caminaba hacia su oficina junto su hijo A.B., Abraham Quintanilla también recibió una llamada informándole que Selena había tenido un accidente.

Los tropiezos de Saldívar

En el juicio y después de su convicción, Saldívar negó que robó dinero a Selena, pero entre la evidencia guardada en las cajas existen copias de los cheques de la cuenta de Selena Etc. que preparó a su nombre o pagaderos a Cash y que depositó en su cuenta.

Existen cartas de algunas fanáticas de Selena quejándose de que el cheque de membresía al fan club había sido cobrado sin que recibieran el prometido paquete de artículos, que incluía una camiseta y un cassette de la artista.

Un documento escrito a mano por la secretaria asistente del fan club María E. Saldívar, sobre unos cheques sin fondos que emitió y que involucraban a su hermana, consigna la informalidad con la que Saldívar manejaba las finanzas de la organización sin fines de lucro, que según Abraham Quintanilla, se creó para beneficiar el negocio “mediante la publicidad”.

Los documentos también revelan que Saldívar acumuló deudas de impuestos (1,108 dólares), de una tarjeta de crédito (640 dólares), un seguro (1,493 dólares) y que la fiscalía del Condado de Bexar, en San Antonio, había recibido una querella en su contra por el robo de un cheque.

Aunque Valdez se preparó para presentar el caso de malversación de fondos ante un gran jurado, luego de la convicción de Saldívar (que fue ratificada unánimemente por un tribunal de apelaciones) desistió de esa estrategia.

“No fue necesario presentarlo porque la pena máxima de ese cargo era 10 años de penitencia y ya tenía cadena perpetua, así que estaríamos gastando tiempo y recursos y no íbamos a recibir nada”, explica.

Pese a la sentencia de cadena perpetua, Saldívar será elegible para libertad condicional el 1 de abril de 2025.

La grabación: “Nunca podré estar con ella”

Debajo de la mesa, cerca del maletín de Saldívar, aparece la caja con los cassettes de las horas en que la entonces sospechosa mantuvo a las autoridades en vilo apuntando el revólver a su cabeza. No están en la misma caja de las transcripciones que la fiscalía preparó para que el jurado reviviera esa jornada de negociaciones en dos formatos: escuchando la voz de la acusada y siguiendo sus palabras en pesadas carpetas de papel.

Un aire de ligera expectación gobierna la pequeña oficina cuando Valdez repasa las transcripciones. El nombre de (María) Élida Saldívar salta a la vista en la primera página, que inicia con el intercambio entre la hermana de Yolanda y el oficial Larry Young que se encontraba en el estacionamiento del motel aquella tarde.

La mujer pregunta si Selena saldrá bien de la operación e insiste en llegar al lugar para que su hermana salga de la furgoneta. Young rechaza su propuesta porque “ hay mucho pasando aquí”.

Después el agente retoma su conversación con Saldívar a quien le pregunta el nombre su mamá. Llorosa la mujer responde que se llama Juanita, pero que en ese momento no desea hablar con ella, que quiere conversar con él. La plática continúa. Saldívar dice que desea morir, que no quiere que los medios de comunicación permanezcan en el lugar y trata de culpar al padre de Selena por lo ocurrido.

“Quiero hablar con mi mamá. Quiero pedirle perdón”, expresa avanzada la conversación.

“Siento que no merezco vivir por lo que he hecho”, añade en otro momento.

En el hospital, el cuerpo de Selena yace en una camilla al tiempo que la noticia de su muerte retumba alrededor del mundo.

“Lo que hice está mal. Todo lo que he hecho está mal”, apunta Saldívar en las cintas.

Durante más de nueve horas la mujer, que mide cuatro pies y ocho pulgadas (1.42 metros) se mantiene atrincherada en la pickup de su sobrino. Solloza y, en ocasiones, balbucea palabras ininteligibles. Habla mucho. Se contradice. Señala que compró el revólver para suicidarse y no para matar a Selena, pero también afirma que adquirió el arma para protegerse de Abraham Quintanilla. Menciona que apuntaba el revólver a su cabeza cuando la cantante abrió la puerta del cuarto y en que ese momento se disparó, unas palabras que su defensa utilizó en el juicio para tratar de establecer que el revólver se disparó por accidente. En la confesión, relata que la puerta estaba abierta.

“Nunca voy a poder estar con ella, ayyyy no”, apunta Saldívar, quien se entregó a las autoridades a las 9:30 de la noche y firmó su confesión a las 11:45 de la noche.

Más de dos décadas después del juicio y de la muerte de Selena, Valdez todavía se sorprende por el interés que suscita su historia y por la trascendencia del legado de la cantante cuyo nombre se ha convertido casi en sinónimo de Corpus Christi.

“Selena tenía un don de Dios… un talento que no toda persona tiene. La gente lo reconocía entonces y todavía lo reconoce”, señala sobre la artista que décadas después de su muerte atrae a miles de personas a la misma ciudad donde nació la actriz Farrah Fawcett, pero que nadie lo recuerda.

Después de varias horas de transitar por el pasado, el abogado -como el personaje de Marty McFly en ‘Back to the Future’- se encuentra listo para abordar su Volkswagen sedan (no un DeLorean) y volver al presente. Contrario a los días del juicio, que lo convirtió en una especie de celebrity, sale despacio de la corte y sin la preocupación de que un jurado haya entendido los hechos de este “simple caso de asesinato”.

Atrás quedan las cajas de evidencia de un crimen, que todavía habita en la memoria colectiva de Corpus Christi.

El silencio regresa a la oficina y solo se interrumpe con el chillido de la voz de Saldívar que sale de una grabadora que reproduce las palabras de la asesina antes de su arresto: “No quiero ir a la cárcel”.

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