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Las fallas de seguridad que abrieron el túnel al Chapo

Las fallas de seguridad que abrieron el túnel al Chapo

La fuga de Joaquín Guzmán Loera está plagada de acciones y omiciones ocurridas en las narices de las autoridades mexicanas durante los últimos 17 meses.

La prisión  del Altiplano y su seguridad Univision

Por Peniley Ramírez / Univision Investiga*

“Sería verdaderamente algo más que lamentable, imperdonable” que Joaquín Guzmán Loera, alias El Chapo, lograra fugarse nuevamente de una prisión mexicana, dijo en febrero de 2014 el presidente Enrique Peña Nieto.

Un año y medio más tarde, este imposible se concretó durante la noche del sábado 11 de julio. Al Chapo, contó la versión oficial, sus cómplices le abrieron un hueco en la regadera de su celda, dejó allí su brazalete de seguridad, bajó 62 pies hasta un túnel, subió a una motocicleta oxidada y anduvo 0.7 millas por debajo de la tierra hasta una bodega junto a una casa a medio construir, donde recobró su libertad.

Visto en sus detalles, este imposible está lleno de hechos reales, que sucedieron en las narices de las autoridades mexicanas durante los 17 meses en que Guzmán radicó como el interno de la celda número 20 en el área de Tratamientos Especiales, presuntamente la zona más segura del penal más seguro de México.

Pocas horas después de la evasión, la agencia The Associated Press publicó que Guzmán había buscado fugarse desde que llegó al penal del Altiplano, de acuerdo con una fuente anónima del gobierno de Estados Unidos.

La información publicada indica que los planes de escape fueron operados por el hijo de Guzmán, quien habría contratado un equipo de abogados y personal de contra-inteligencia militar, para que diseñara un plan de escape.

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La fuente gubernamental dijo a AP que la Agencia Antidrogas de EU (DEA, por sus siglas en inglés) había informado al gobierno mexicano de estos planes de fuga, pero éste lo negó.

Durante la semana pasada varios funcionarios han sido cesados, siete personas fueron detenidas y la postura oficial en México es que la salida fue exitosa gracias a una red de corrupción al interior del penal.

Antes del 11 de julio, la cárcel del Altiplano era el único penal federal en México de donde nadie se había fugado. Estaba acreditada por la Asociación de Correccionales de América (ACA, por sus siglas en inglés), una organización de Estados Unidos con millones de dólares de la Iniciativa Mérida, la cual evaluó que los ambientes son seguros, ordenados, que los reos tienen acceso a que se atiendan sus necesidades básicas y de atención personal, además de que tienen un proceso para reintegrarse a la comunidad.

Estos ambientes "seguros" antes de la fuga del capo ya presentaban diferencias radicales respecto a las medidas que tuvo este penal cuando fue concebido, tanto en su interior como en su exterior.

Un proyecto a detalle

A finales de los 80, el penal fue construido en una zona de verdes maizales y amplios campos ganaderos. La clave para elegir el lugar radicó, precisamente, en que el sitio es una planicie, donde la vista alcanza a varios kilómetros a la redonda. De ahí proviene el nombre actual de este Centro Federal de Readaptación Social (Cefereso): Altiplano.

Cuando se edificó entre 1988 y 1991, se le conocía como Almoloya. Uno de los primeros requerimientos de seguridad instituido por su creador, Juan Pablo de Tavira, fue que no debían existir casas en tres kilómetros a la redonda, pues este espacio formaba parte del área de seguridad de la cárcel.

De Tavira fue el primer director de la cárcel, cuando llegó allí El Chapo Guzmán, en su primera reclusión, en 1993. Un año después, en la víspera de la navidad de 1994, sufrió un atentado que le dejó en coma. Cuando se recuperó, dijo: "El Chapo fue el que intentó matarme en mi casa'', recuerda Alfredo Ornelas, su discípulo.

El fundador de Almoloya finalmente murió ejecutado, en noviembre del 2000, mientras tomaba café con unos amigos en la Universidad de Hidalgo, donde había ido a impartir una conferencia.

“Llegó un desconocido por la parte de atrás y le da un balazo con un arma Magnum, literalmente le voló la cabeza”, cuenta Ornelas.

Para De Tavira, Almoloya era “era como su entraña, él cuidaba todos los detalles”, dice quien fue su jefe de recursos humanos.

La condición de que se respetara el perímetro de seguridad nunca se cumplió, pero se relajó aún más con los años. Lauro Colín Montes de Oca asegura que su casa, una antigua construcción de madera con caballerizas, fue levantada hace más de 450 años.

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Cuando la cárcel estaba en construcción, fueron a verle unos funcionarios, que nunca se identificaron.

“Vinieron a ver para según retirar todas las casas a más de un kilómetro a la redonda del penal…que porque iban a traer a puros reos peligrosos. (…) Yo no estaba de acuerdo porque quién me iba a construir mi casa o qué, quién me iba a pagar mi terreno. Me dijeron, a ver, piénselo, Les dije no, pues yo de aquí no me muevo, quién me va a volver a hacer un rancho como éste”, relata el campesino.

Sus vecinos optaron por la misma posición. Después de un tiempo, de acuerdo con este relato, los oficiales “ya no le movieron, lo dejaron todo así”.

Los encargados del penal tomaron un censo a los vecinos que ya tenían sus casas en los alrededores, para tener control de quiénes vivían cerca de allí. Años después el registro no se continuó y llegaron otros habitantes, de quienes las autoridades nunca obtuvieron datos.

En noviembre de 1995 El Chapo fue trasladado a Puente Grande, en Jalisco. Se fugó de allí en enero de 2001, vestido de mujer, según se lo relataron fuentes a Univision Investiga.

Estuvo prófugo durante 13 años, cuando el cártel de Sinaloa creció, se afianzó y Guzmán se convirtió en el hombre más buscado del mundo.

La casa que ninguna autoridad vio

El 23 de febrero de 2014, una semana después de haber protagonizado una espectacular huida por túneles secretos conectados al drenaje de la ciudad de Culiacán, uno de los principales centros operativos del cártel de Sinaloa, El Chapo fue detenido en un condominio ubicado a 139 millas al sur, en la playa de Mazatlán.

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No opuso resistencia. Estaban allí su joven esposa Emma Coronel y sus dos hijas gemelas, nacidas en agosto de 2012 en un hospital en las afueras de Los Ángeles. Les acompañaba una escolta reducida.

En pocas horas, Guzmán fue presentado a los medios brevemente y trasladado al Altiplano, donde estuvo preso durante su primera estancia en una cárcel federal mexicana.

Tres meses más tarde, cuando aún el gobierno mexicano saboreaba el triunfo de esta captura ante la prensa internacional, llegó un nuevo vecino que nadie conocía al rancho Santa Juana Centro, también conocido como La Palma.

Durante más de 50 años habían vivido allí solamente los miembros de la familia Colín, aunque el terreno en un extremo del rancho ya no les pertenecía.

Lo habían vendido a un vecino, quien a su vez lo traspasó en 1989 a Calixto Estrada, el dueño de un negocio de transportes por grúas, de quien todos hablan en el pueblo con respeto y sin sospecha.

Los habitantes de La Palma y sus caminos cercanos vieron durante más de un año a ese señor de tez morena, amable y callado, que manejaba una camioneta blanca pickup de doble cabina, con capacidad de tres toneladas.

Contrató algunos albañiles locales y comenzaron a construir una casa. En una ocasión, Lauro Colín estaba cerca de allí pastando a su ganado y conversó con los albañiles.

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“Iban construir una casa y unos corrales para el ganado, eso es lo que ellos sabían y lo que a mí me platicaron los albañiles”, recuerda.

Unos meses más tarde, añade el vecino, “los despidió. Terminaron la casa y los despidieron, ya no terminaron los corrales ni nada”.

Nadie le conocía, no era de la zona, pero jamás ningún policía o funcionario se acercó a preguntarles nada sobre su nuevo vecino.

Privilegios en la cárcel

Después de la captura de Guzmán, en febrero de 2014, el presidente mexicano dijo en una entrevista exclusiva a Univision que había instruido a que se tomaran “providencias”, que incluyeran un seguimiento puntual al narcotraficante.

Estas palabras no se cumplieron al interior ni al exterior del penal.

Al interior, Guzmán Loera comenzó a disfrutar de privilegios respecto a sus compañeros, como el de mantener el cabello largo y su negro bigote, que lo caracteriza.

Estas condiciones eran anormales, explica Flavio Sosa, quien estuvo preso en 2007 en la misma zona de tratamientos especiales donde estaba Guzmán, en la celda número 13.

El video que fue difundido por las propias autoridades mexicanas muestra que Guzmán, en su celda número 20, usaba un pequeño televisor, que según Osorio Chong fue autorizado por el Comité Técnico del penal.“En Almoloya todo el mundo tiene que estar perfectamente rapado y sin bigote… no te crece nunca, no te debe crecer nunca, porque todos los días te tienes que afeitar…por lo menos te lo rapan cada 15, 20 días”, recordó.

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Sosa asegura: “Cuando yo estuve nadie podía tener un dispositivo electrónico, teléfono menos, tienes derecho a una llamada telefónica cada semana. (…) Cualquier cosa rara que observe la cámara, inmediatamente llega un custodio y no solamente te llama la atención, sino inmediatamente te sanciona y puede llegar a la guardia del penal”, explicó.

Sosa cuenta que el dicho común entre los presos en México es que “comparándolo con este penal, cualquier otro penal es la libertad, porque en este penal las reglas son verdaderamente estrictas”.

La peor de estas reglas era una exhaustiva revisión que se realizaba en cualquier momento del día o la noche.

“Llega lo que le llaman La Zorra: un pelotón de guardias, unos 20, 25 guardias, cubiertos del rostro, armados, con perros a revisar cada celda. (…) Incluso meten unos alambres a los huequitos que pudiera haber en una celda, si hay un hoyito le meten un alambrito, pegan en la pared, pegan en el piso, los perros olfatean tres veces por mes. Es impresionante”, dice Sosa.

Estas reglas son las mismas que recuerda Alfredo Ornelas, quien era el jefe de recursos humanos del Altiplano la primera vez que Guzmán estuvo allí, en 1993.

Ornelas asegura que las reglas “eran estrictas, enfermizas”  e incluían una serie de circuitos de cámaras y micrófonos que grababan “lo que hablaban los empleados, lo que se platicaba en las oficinas. Habían micrófonos que estaban grabando absolutamente todas las pláticas que habían en las oficinas administrativas, en la subdirección técnica, subdirección jurídica, jefaturas de oficina, en la cocina, por ejemplo todo se grababa… inclusive el estacionamiento del centro”.

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La encargada de aplicar esas reglas en aquel momento era Celina Oseguera Parra, ya que ocupaba la dirección técnica de esa cárcel.

El exfuncionario explica que el puesto que entonces tenía Oseguera significa “el alma de una prisión” y funciona como “una especie de mega médico. La subdirección técnica tiene que hacer un diagnóstico del interno, tiene que diseñar un tratamiento y se lo tiene que aplicar”.

Una fuente de la familia Guzmán contó a Univision que en aquel momento, en una ocasión él fue castigado a un mes de reclusión solitaria porque se llevó a escondidas unas galletas del comedor a su celda.

Oseguera ocupó hasta la semana pasada la coordinación general de Centros Federales de Readaptación Social. Fue cesada luego de la reciente fuga de Guzmán. Dijo a Univision que no estaba dispuesta a compartir ninguna información.

Otro funcionario que vuelve a toparse en la vida de Guzmán es Monte Alejandro Rubido, actual comisionado Nacional de Seguridad y quien era durante la fuga de 2001 el secretario general adjunto del Centro de Investigación y Seguridad Nacional.

Rubido condujo el operativo de búsqueda de Guzmán luego de la fuga y fue el primer portavoz gubernamental en el caso ya que su jefe directo, Osorio Chong, se encontraba camino a Francia con el presidente Peña, para formar parte de una visita oficial cuando el capo desapareció por el túnel.

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El gran aliado en la fuga anterior fue Dámaso López Núñez, quien en 2001 era el subdirector del penal de Puente Grande, en Jalisco, cuando El Chapo se fugó por primera vez.

Desde enero de 2013, el departamento del Tesoro circuló una ficha en la que lo incluyó como uno de los nuevos cabecillas del cártel de Sinaloa. Univision Investiga localizó que López cuenta con procesos judiciales pendientes en Estados Unidos por lavado de dinero y narcotráfico.

Llegaron diez horas después

El registro público de pago de impuestos del Estado de México, donde se ubica el municipio de Almoloya, vecino del penal, tiene aún como dato oficial que en el predio de Santa Juana Centro existen 0.01 metros cuadrados de construcción.

Esto es, que la casa en obra negra donde se ha concentrado la atención de la prensa y las autoridades después de la fuga del capo nunca ha existido oficialmente.

No es una situación anormal. "No hemos pedido permiso pero ya ahora dicen que si ya se pide un permiso, nosotros no lo sabíamos", relata Eva Salazar, quien se encuentra construyendo una ampliación de su casa, sin necesidad de dar a las autoridades ningún aviso de construcción.

La casa donde llega el túnel terminó de construirse entre octubre y noviembre del año pasado, relatan los vecinos.

En diciembre, Cristina Sánchez recuerda que llegaron a habitarla. "Tenían planta de luz, porque en diciembre cuando ellos llegaron, bueno los de la camioneta blanca, pusieron su serie (de navidad) y se veían focos pero suponíamos que tenían planta porque la luz, ya habían este no hay por donde ahorita no había ni postes ni nada".

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En los siguientes meses, el único movimiento que veían en la casa era la camioneta que salía de vez en cuando. "Se veía muy bajita su luz de sus ventanas", recuerda Salazar.

Nada más les indicó que había allí algo raro y jamás vieron salir ningún camión con tierra, escucharon ningún ruido ni vieron llegar alguna otra persona, más que el señor de tez morena, un muchacho joven y dos chicas que vivían con ellos.

El video que entregó a los medios la Secretaría de Gobernación, sobre los últimos minutos del capo en prisión, lo muestra inquieto, caminando de un lado a otro de su celda. Cuando llega el momento preciso, se cambia los zapatos y desaparece de la imagen, detrás del muro que cubría la regadera.

El reloj marcaba las 8:52 de la noche.

"La alerta roja se habilitó 18 minutos después de que el cuerpo se desvanece en la regadera. Si uno hace una valoración, 18 minutos es exactamente, bueno, aproximadamente lo que tardaría en recorrer el túnel y salir de él. Entonces después de que terminó de recorrer el túnel, salió de él, entonces se pone la alerta roja, se cierran cinturones, se blinda todo, pero el señor ya se fue", insiste Aleida Alavez, diputada del partido opositor de la Revolución Democrática (PRD), quien pertenece a la comisión bicameral de Seguridad Nacional.

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La vigilancia que había presumido el presidente no cuadraba con la sala de control que la diputada observó en el penal.

"Al menos que nos digan quién era el responsable de vigilar al Chapo solamente. No había tal. O sea, uno puede ver en la pantalla la división de la imagen en seis celdas, y hasta más, es una imagen como de 18 imágenes que una persona está viendo. 

"Que vaya el presidente y que se dé cuenta que una cámara, bueno, más bien, una pantalla de 18 imágenes la vigila una sola persona", afirma la legisladora.

Un vecino que vive entre el predio y la carretera que va a Toluca, la capital del Estado de México, contó que llegó a su casa poco después de las 9, luego de jugar futbol.

Su madre salió unos minutos más tarde a cuidar sus animales, cuando vio pasar un auto blanco, nuevo, enfrente de su casa, a toda velocidad. Eran cerca de las 9.30 de la noche.

Le extrañó en ese momento que al parecer el conductor no estaba preocupado porque el carro se lastimara con el camino de terracería, que en ningún punto tiene pavimento, sino en llegar rápidamente a su destino.  El chico no quiso contar su testimonio en cámara ni que se revelara su nombre.

Ninguno de los otros vecinos de la zona recuerda haber visto un auto, pero todos coinciden en que los policías federales y estatales llegaron a la puerta principal del penal después de las diez de la noche, más de una hora después de que la cámara captó a Guzmán por última vez.

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En el lado donde vive la familia Colín, a medio camino entre el penal y la casa donde termina el túnel, los vecinos no fueron molestados por policías hasta la mañana siguiente.

"Ninguna, ninguna, ninguna. Ninguna patrulla pasó para acá, únicamente los helicópteros que pasaban pues muy bajito aquí… No, jamás se acercaron hasta aquí hasta por la mañana a las 7.00 de la mañana", dice Sánchez.

El mismo testimonio se repite entre sus familiares, quienes aseguran que la policía habló con ellos por primera vez durante la tarde del domingo, únicamente para preguntarles si habían visto algo raro. Las entrevistas oficiales no duraron más de 10 minutos.

La extradición que llegó tarde

A una semana de la fuga, el único motivo aparente que ha ofrecido el gobierno mexicano para el momento exacto de esta evasión ha sido que el gobierno de EU solicitó oficialmente la extradición del Chapo Guzmán el 25 de junio.

El jueves 16 de julio el secretario de Gobernación mexicano, Miguel Ángel Osorio Chong, lo dijo a la comisión bicameral de Seguridad Nacional, en el Congreso mexicano. Fue el único punto de la reunión que no se clasificó como confidencial.

Habían pasado 17 meses de que el líder del cártel de Sinaloa fuera detenido y exactamente un año de que los albañiles comenzaron a colocar los cimientos de la casa.

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En esos meses cuando la extradición ni siquiera se había tramitado oficialmente, 20 metros debajo del paisaje verde y apacible de los alrededores del Altiplano, el túnel seguía avanzando hacia la celda, mientras los pobladores saludaban de lejos a esas cuatro personas que habitaron la casa y se esfumaron como polvo, la misma noche que el recluso de la celda 20 de tratamientos especiales.

*Contribuyeron con esta investigación Gerardo Reyes, Margarita Rabin, Tomás Ocaña, Juan Cooper, Ney Alvarez y Maye Primera, de Univision Investiga.

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