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Rosemarie Ashamalla, el "hada madrina" que ayuda a los expandilleros a borrarse sus tatuajes

Aunque muchos creen que es solo un asunto estético, para los hombres y mujeres que están dejando atrás las pandillas borrarse los tatuajes visibles puede ser un asunto de vida o muerte. En Sunrise Center más de 200 pandilleros al año confirman su camino hacia la legalidad en un proceso largo y doloroso.
8 Abr 2018 – 08:40 AM EDT
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Rosemarie Ashamalla creó en Los Angeles Sunrise Outreach un centro para remover tatuajes y ayudar a expandilleros a transicionar a la legalidad. Crédito: Jane Bruce

Rosemarie Ashamalla está convencida de que removerle el tatuaje a un expandillero, borrarle las marca que le ha dejado su pasado estampado en la cara, en sus manos, en su cuello, no es un asunto estético, sino un asunto de vida o muerte.

“Puedes ser un hombre de bien, que has abandonado las pandillas y las calles por años, puedes ir paseando con tu hijo de la mano y, aun así, si llevas un cierto tipo de tatuaje en tu cuerpo tienes dos destinos: que otro pandillero te vea y quizás atente contra tu vida, o que un policía te detenga”, sentencia esta mujer que decidió que lo mejor que podía hacer para ayudar a muchos que dejan el crimen y no saben cómo reintegrarse a la sociedad era creando una fundación para borrar tatuajes.

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“Rosemarie se ha convertido en un hada madrina para nosotros que no tenemos los medios para pagar los miles de dólares que vale quitarte los tatuajes de las pandillas”, explica el expandillero de los Playboys, Jaime Martínez, quien después de meses de largas y dolorosas sesiones dice sentir “como si por fin pudiera sacar la cabeza del agua y respirar”.

Ashamalla vivió de joven en la frontera entre México y Estados Unidos y, aunque su madre era del Líbano y su padre de Egipto, aprendió a defenderse con el español. Aprendió también las dificultades que tenían que lidiar los jóvenes inmigrantes para hacerse un camino en Estados Unidos. Por eso, tras lograr estudiar una maestría en La Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) y después de trabajar incesantemente como voluntaria decidió que tenía que crear su propia organización, “una que me ayudara a trabajar por evitar toda la desgracia que tenían que afrontar esos inmigrantes en Estados Unidos”.


Cuando empezó a buscar dinero para su fundación se dio cuenta de que era más fácil conseguir fondos prestando ayuda médica que dando ayuda social, y fue ahí cuando tuvo la gran idea: “Le hice ver a la beca a la que apliqué que remover tatuajes no solo era un asunto que requería procedimientos médicos, sino que además era una cuestión de salud pública. Con menos expandilleros caminando las calles con tatuajes en su cuerpo, menos riesgo de tener muertos inocentes”.

Fue así como creó en Los Angeles Sunrise Outreach Center, una organización que hoy en día atiende a más de 200 expandilleros al año y que cuenta con una máquina que cuesta más de 120,000 dólares con la que logra quitar tatuajes gigantes sin dejar cicatrices. “Quitarse los tatuajes del cuerpo es un paso fundamental hacia la legalidad. Estas marcas son marcas de violencia y muchos llegan al centro cuando han dejado las pandillas y quieren conseguir un trabajo pero los tatuajes no los dejan porque los mantiene atados al pasado, no les permite avanzar y los condena a una economía marginal o a la pobreza”, asegura Ashamalla.


Efectivamente, dos de las razones fundamentales por las que llegan hombres y mujeres a Sunrise en busca de ver sus pieles limpias de tinta es que no consiguen trabajo, por el gran estigma que les trae los tatuajes, o que se van a convertir en papás y quieren dar un buen ejemplo. “Hay una dirección en los seres humanos de limpiarnos cuando vamos a tener un hijo, tu hogar, tus relaciones, la forma en la que vives. Muchos de estos expandilleros quieren que sus hijos lleguen a un ambiente limpio y eso pasa por limpiar su cuerpo. Yo diría que nos la pasamos removiéndole los tatuajes a muchos futuros padres”.


Quitarse un tatuaje de unas cuantas pulgadas puede costar miles de dólares. El precio se incrementa si los tatuajes son verdes y azules que, según la experiencia de los especialistas que trabajan en Sunrise, son los pigmentos más difíciles de quitar, al igual que ocurre con los pigmentos parecidos al del color de la piel.

“A nuestra fundación llegó una mujer que había gastado 9,000 dólares quitándose unos tatuajes de su rostro y su cuerpo. Nosotros le empezamos a ayudar con el proceso y terminó pagando solo 700 dólares después de 9 sesiones”, explica Ashamalla. El proceso, sin embargo, en la mayoría de los casos es gratuito o de un valor simbólico.

Borrar una enorme calavera o las letras gigantes de la MS-13 tatuadas en el pecho no es solo un proceso costoso, es también uno muy doloroso. Es tan doloroso, tan largo y dispendioso que Ashamalla ha presentado varias propuestas y proyectos para que este procedimiento sea aceptado como una prueba suficiente para que un hombre que ha pertenecido a una pandilla le pueda demostrar a la policía y a la corte que ya no está ligado a la criminalidad.

“Por diversas razones, la eliminación de tatuajes se presenta como un buen candidato para esto. Es un proceso a largo plazo, doloroso y arduo que, por definición, involucra a profesionales médicos y a menudo consejeros también. Debe estar documentado médicamente, y, por lo tanto, los registros médicos, así como el testimonio de profesionales médicos y de otro tipo, presumiblemente están disponibles para el tribunal.

Finalmente, este es un acto extremadamente improbable que sea llevado a cabo por un miembro activo de una pandilla, ya que indica claramente la disociación y el rompimiento con la organización criminal”.


Tras años de trabajar con pandilleros que quieren transformar su vida y que quieren lavar sus pieles de dibujos y juramentos violentos, Rosemarie Ashamalla solo puede concluir: “La idea tan arraigada entre las autoridades de que un pandillero nunca deja de serlo, que ser un pandillero es un estado inmutable es insostenible desde mi experiencia. Yo en Sunrise he visto cómo ciento de hombres han renacido para la sociedad”.

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