Así reaccionan estos expandilleros al verse en fotos sin tatuajes en la cara después de décadas

Una de las obstáculos más grandes que tienen que sobrellevar los que han logrado sobrevivir y escapar de las pandillas cuando quieren reintegrarse a la legalidad y conseguir un trabajo son los tatuajes que llevan en su cara y cuerpo. El fotógrafo Steven Burton al conocer esta realidad hizo una serie fotográfica en la que removió por completo los tatuajes.
15 Jul 2017 – 9:20 AM EDT

¿Y si estos ex pandilleros pudieran borrarse los tatuajes de la cara?

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El fotógrafo Steven Burton quiso hacer un experimento: ¿Cuál sería la reacción de un hombre que después de haber estado por años en una pandilla y después de rehabilitarse e integrarse en la sociedad se pudiera ver por un instante sin los tatuajes que cubrían su cuerpo e inevitablemente develaban su pasado?

Steven no sabía mucho de pandillas. En realidad se había cruzado con la historia de algunos hombres desertores de estas mafias violentas y organizadas después de ver un documental titulado G Dog, sobre el cura Greg Boyle que ha entregado su vida para darle una nueva oportunidad a los jóvenes que logran salir de las pandillas y quieren crear un nuevo destino.

Tras acercarse a la organización de Boyle, Homeboy, y después de trabajar con los relatos humanos y de dolor que emergían detrás de caras rudas y atemorizantes de esos hombres que alguna vez habían estado delinquiendo en las calles, el especialista en fotografía les pidió a algunos que se dejaran retratar.

“Cada uno de los hombres que conocí en Homeboy tenía una historia cruda, y más que interesarme sus crímenes empecé a indagar en las circunstancias que los habían llevado a terminar en una pandilla. Detrás de todos había historias de falta de oportunidades, abusos y violencia desde su infancia”, le contó Steven Burbon a Univision, “yo quería encontrar una manera de dar cuenta de esa humanidad, de ese dolor, de esa realidad que había detrás de todos esos tatuajes”.

Después de realizar una serie de retratos, se fue a su estudio en el centro de Nueva York y empezó a trabajar sobre las imágenes que había tomado. “Fueron 20 horas de retoques por imagen para remover esos nombres y dibujos, signos y números tatuados en las pieles que habían cumplido por igual la función de bautizarlos en la criminalidad, la de identificarlos con la cultura callejera y, sobre todo, que se habían convertido en una manera de hacer casi imposible que cambiaran de pandilla o escaparan de esa vida”, explica Steven mientras prepara con sus retratos el libro ‘Skin Deep’ que saldrá publicado a finales de septiembre por PowerHouse Books.

Después de desvestir a los expandilleros de su armadura de tinta, Steven los invitó a su estudio. La mayoría ya rehabilitados e insertados en el mundo laboral fueron apareciendo para conversar con el fotógrafo sin tener muy claro qué se traía entre manos.

Steven les enseñó las fotos intervenidas y por primera vez en décadas muchos vieron su cara sin el rastro de las pandillas sobre ella.

“Me arrepiento de mis tatuajes, me arrepiento de todo. He logrado todo esto en un año y medio, lo que hubiera podido haber hecho en 9 años que estuve en las pandillas”, se oye a uno de los más jóvenes que participó en este proyecto.


“ Wow, ¡No hay nada!, es increíble, este soy yo ahora y este el que fui. No me veía así hace décadas, quisiera ver esto cada día, pero veo esto otro desde que tengo 13 años. Vaya si te hacen diferentes estos tatuajes”.

“Así es como lucía, Dios, es increíble, empecé a tatuarme desde que tengo 10 cuando empecé derrumbarme, no me reconocería a mi mismo si me viera por la calle así. Me veo como una persona diferente”.


“Hemos pasado por mucho, nos juntamos con la gente incorrecta. Cualquiera pudo haber estado en nuestros zapatos. Nosotros nos convertimos en nuestros peores enemigos. Este que veo en la foto es un ser humano, un ser humano como tú”.

Aunque muchos de ellos están ya en el proceso de remover esos tatuajes, la mayoría debe lidiar con intentar hacer una vida normal y dentro de la legalidad con las huellas de lo que fueron expuestas en su cuerpo.“Mi pretensión era crear un ejercicio que pusiera en evidencia cómo la sociedad está muy cerrada a entablar una conversación con aquellos que estuvieron en la marginalidad y ya no lo están. Y cómo la mayoría se aventura a juzgar a alguien solo por lo que ve en su cara sin dares tiempo a pensar qué historias se cargan detrás”, concluye el fotógrafo que espera llevar su proyecto a las cárceles de Estados Unidos. Justo a esos lugares en donde la mayoría de sus protagonistas se hicieron los tatuajes.


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