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Los poderes del abrigo rojo de Nancy Pelosi: ¿cómo una prenda hizo que una nación se volviera a enamorar de una vieja figura política?

Primero anula la rebelión interna de su partido y garantiza la presidencia de la Cámara de Representantes; luego le dice al presidente Donald Trump las cosas que nadie se atreve a decirle y, para completar la jornada, sale convertida en ícono politico-fashionista con un abrigo de MaxMara que la marca ha anunciado que volverá a producir, en honor a la representante demócrata que se hizo viral por esta imagen altiva al salir de la Casa Blanca.
15 Dic 2018 – 10:29 AM EST

Nancy Pelosi salió de la Casa Blanca caminando altiva con sus infaltables escudero: unos tacones del alto justo para una mujer de 78 años. Se puso sus lentes de sol y un abrigo rojo tierra de abotonadura lateral y cuello alto y como si todo su atuendo no pareciera ya dispuesto para hacerla parecer la heroína vencedora de una película de acción que deja todo ardiendo detrás de ella, metió sus manos en los bolsillos y pintó en su cara ligeramente una sonrisa.

Decenas de cámaras la retrataron. Había acabado de salir de una tensa reunión con Donald Trump en donde pretendían discutir el presupuesto de gastos del año fiscal 2019 y las posibilidades de evitar el cierre parcial del gobierno anticipado por el presidente. La prensa misma había presenciado y transmitido en vivo la discusión en la que ella, luego admitiría, había intentado ser "la mamá" en la sala, mientras Trump y el líder de la minoría en el Senado, Chuck Schumer, peleaban. Al abandonar el recinto oval, sin embargo, algo en su aire y en su ropa la hacía aparecer como la vencedora de la contienda.

Su fotografía no tardó en hacerse viral y ese simple abrigo que había escogido por la mañana para hacerle frente al frío invernal de Washington, de inmediato, protagonizó memes y cobró un valor simbólico tan poderoso que, tan solo un día después de su aparición en la Casa Blanca, hizo que MaxMara –la marca que lo había producido bajo la referencia ‘GLAMIS’– anunciara algo realmente inusual en la moda: volvería a producir durante el 2019 esa pieza de su colección pasada de 2013 en homenaje a la representante demócrata, esta vez en otros colores.

En realidad, ese abrigo, no era simplemente un abrigo. “Es una prenda roja, de un corte que hace referencia clara a un estilo militar, con el cuello de embudo y los botones altos que casi la hacen parecer un general, por lo que resulta bastante potente. Ella acababa de salir de la Casa Blanca después de una actuación en donde había puesto a Donald Trump en su lugar, y cuando emergió con ese abrigo parecía una verdadera ‘guerrera política’. Esa prenda expresaba la autoridad política de una mujer poderosa que, además, sabe cómo usar esa autoridad.”, le dijo a Univision Noticias el profesor Andreas Behnke, experto en teoría política internacional de la Universidad de Reading y autor del libro 'The International Politics of Fashion’ (La política internacional de la moda, 2016).

Un lanzallamas de lana

El poderoso mensaje que mandaba la prenda de invierno parecía colectivamente compartido. “¿Quién necesita una armadura cuando tienes un lanzallamas de lana?”, se preguntó la periodista de moda de The New York Times, Vanessa Friedman, quien recordó que esa misma prenda la había usado Nancy Pelosi durante la segunda toma de posesión del presidente Barack Obama. “La elección esta vez servía para recordarle a Trump su longevidad en los asientos del poder y para darle pistas de dónde se encuentra realmente su lealtad”, dijo la analista.

“Ella sabía exactamente lo que estaba haciendo vistiendo ese abrigo, en ese día, saliendo de esa habitación y poniéndose esas gafas así: esto es diplomacia en movimiento. el poder ‘blando’ se usa como un machete a través del diligente y decisivo acto de vestir”, sentenció, por su parte, ante la implacable imagen de la representante, el director de cine Barry Jenkins.


Aunque es difícil imaginar que Nancy Pelosi pudiera calcular el sin número de simbolismos que se desprenderían de su abrigo al escogerlo en la mañana, lo que sí tienen claro los analistas como Andreas Behnke es que los políticos suelen ser muy conscientes de lo que llevan, de cómo lo usan y del efecto que se supone puede tener su ropa.

“Los políticos son figuras públicas y las políticas femeninas son una raza relativamente rara y, por lo tanto, con razón o sin ella, son objeto de escrutinio por su apariencia y vestimenta, al igual que las mujeres miembros de la realeza y las primeras damas. Por lo tanto, las mujeres en el ojo público deben ser conscientes de lo que visten, y asumimos que están cada vez más en sintonía con la lectura política potencial de sus prendas, además de contar casi sin excepción con estilistas que les ayudan con esas escogencias”, le dijo por su parte a Univision Noticias Hazel Clark profesora de estudios de moda en The New School en Nueva York.

La nueva confianza de Pelosi

La confianza con la que ese conjunto de prendas: gafas, tacones y abrigo rojo, se dispusieron sobre el cuerpo de la representante por San Francisco tras abandonar la Casa Blanca, no apelaba, sin embargo, exclusivamente a su capacidad de llevar las riendas de la discusión frente Trump. Apelaba, sin duda, también a esa inyección de respaldo que recientemente recibió de su partido -que ha comandado ya por 16 años- y que la nominó como la nueva presidenta de la Cámara de Representantes que se inaugurará en enero tras los triunfos durante las elecciones de medio periodo.


Nancy Pelosi no ha gozado del favoritismo de figuras afines como la juez de la Corte Suprema Ruth Bader Ginsburg, quien protagoniza películas y cuya imagen es vendida a manera de broches y parches de ropa para jovencitas. Pero, a pesar de que el 84% de los votantes de Trump ven a Pelosi con una percepción "muy desfavorable", los especialistas aseguran que eso no se ha debido a su estética porque siempre ha tenido un buen sentido de la moda y del vestido.

“No podemos pensar que porque Pelosi se vuelve de repente un trending topic en las redes sociales ha habido un cambio radical en su apariencia. De hecho, si eso hubiera ocurrido, tendría el efecto completamente contrario porque se vería falso y construido. Yo creo que una vez se ha construido cierto estilo, los políticos quedan para siempre atrapados en él”, añade Behnke quien asegura que lo que ha ocurrido en esta ocasión con Nancy Pelosi es que se ha alentado una percepción colectivamente más positiva y poderosa de la mano de su reciente nombramiento, que alejó las demandas de un líder nuevo y más joven para el partido y, por supuesto, ayudada por una poderosa imagen como la que consiguió con su actuación y su abrigo el pasado martes.

Trece vestidos de Michelle Obama para trece cenas de Estado

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Pelosi, al fin y al cabo, no estaría haciendo nada nuevo, simplemente usando la misma estrategia que usó Hillary Clinton con su traje de pantalón blanco durante uno de los debates presidenciales que la emparentaron con los movimiento sufragistas que usaban ese color a principio de siglo. O el mismo mecanismo que usó Michelle Obama con los vestidos de diseñadores de diferentes orígenes que usó cada vez que tuvo una país invitado para sus cenas de estado y a quienes rendía homenaje con su escogencia.

Es la misma estrategia que usó Melania Trump con su poco celebrada chaqueta con el mensaje: “Realmente no me importa, ¿a ti sí?” o con la polémica camisa fucsia que usó durante un debate presidencial de su marido cuyo estilo se conocía como pussy-bow, justo días depués de que se filtraran las groseras grabaciones del entonces millonario. Esta vez, sin embargo, de manos de Pelosi la ropa no es una estrategia para crear desconcierto y confusión de interpretaciones, sino, por el contrario, para generar un esperanzador consenso.

La colección que convierte a Hillary Clinton en una mujer de muchos pantalones

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