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Tiroteo en El Paso

"No te imaginas que vas a estar rezando por tu propia ciudad": El Paso se une para llorar a las víctimas del tiroteo

Frente al estacionamiento del Walmart donde un hombre mató a 22 personas e hirió a por lo menos otras 20, la comunidad fronteriza de El Paso se reunió a homenajear a los fallecidos, donde las familias se despiden, rezan, lloran y se ofrecen apoyo.
6 Ago 2019 – 9:38 AM EDT

EL PASO, Texas.– El luto ha sacado a brillar lo que hace a El Paso grandioso. A minutos de la frontera con México, está el Walmart donde los mexicanos de Ciudad Juárez compraban lo que no conseguían en su país y que luego llevaban de vuelta. Era en este Walmart donde los hispanos que nacieron y crecieron en El Paso venían a conseguir sus medicinas y a comprar los útiles para el regreso a clases.

Y fue en este Walmart donde este sábado ocurrió el crimen de odio más letal contra los hispanos en la historia reciente de Estados Unidos. Murieron 22 personas y hasta 20 más resultaron heridas. “El FBI lo designó como un ataque de terrorismo doméstico”, tuiteó el ex vicefiscal general Rod Rosenstein, “pero ‘terrorismo blanco’ es más preciso”.

El atacante llegó a esta tienda, después de manejar por 10 horas desde Dallas, y armado con un rifle de asalto, precisamente para matar a la mayor cantidad de hispanos posibles. Minutos antes había aparecido un manifiesto racista en internet (que se cree es del autor de la masacre), en el que se denunciaba una supuesta “invasión hispana de Texas”. Varias frases de su texto hacen eco a la retórica del presidente Donald Trump y de algunos líderes republicanos, particularmente en Texas.

Y es en un estacionamiento con vista a este Walmart que docenas de personas de todas partes del país han dejado flores, globos, rosarios y osos de peluche. Han prendido velas, han escrito pancartas con 'El Paso Fuerte' y han erigido cruces blancas de cartón con los nombres de los fallecidos. Se reúnen a abrazarse, a rezar, a llorar y a ofrecerse apoyo.


Nalanie Miranda, de 16 años, vino este lunes al altar improvisado que la comunidad construyó a las víctimas del tiroteo. “Un simple Walmart, nunca te esperarías que pase ahí”, le dijo Nalanie a Univision Noticias. “Especialmente en El Paso”.

De familia puertorriqueña, Nalanie, nació y creció aquí. Su hermano menor jugaba fútbol con un niño que murió en el tiroteo.

“Es muy loco, porque uno reza por otras ciudades cuando esto pasa, pero nunca te imaginas que vas a estar rezando por tu propia ciudad”, dijo. “Especialmente en una ciudad que es tan grande y sin embargo se siente tan pequeña, porque todo el mundo se conoce, y son amables y amigables y amorosos. Y no importa el tono de piel, raza, personalidad, nos aceptamos y nos queremos …. y eso es lo que más me duele, porque son como mi familia. Todo el mundo aquí es como una familia”.

Los residentes de esta ciudad de 683,577 habitantes la describen como entretenida, pero familiar. En las calles se oye hablar español y las taquerías abundan tanto como los Applebee’s, Chilli’s o Hooters, los mismos que pueblan las carreteras de cualquier lugar del país. A ratos, se te olvida de qué lado de la frontera estás.

De aquel lado de la frontera está Ciudad Juárez, la que ha sido una de las ciudades más violentas del mundo. El Paso en cambio es una de las más seguras de EEUU. Este tiroteo dejó más asesinatos en un día que los que ocurren en promedio en todo un año (18).

Yvonne González vino al memorial a honrar dos de esas muertes. Ella perdió a su madre, Maribel Hernández, y al esposo de su madre, Leonardo Campos, le dijo a Univision Noticias. Yvonne se acercó titubeante al altar para las víctimas con su bebé y con su esposo Guillermo González. Yvonne trataba en vano de cubrirse la cara del sol de la tarde, afectada por el dolor y la preocupación. Su hija no paraba de retorcerse del calor en los brazos de su padre, aun después de verterle encima media botella de agua.

Para los familiares de las víctimas, descubrir el tamaño de su tragedia es en sí un proceso traumático.

La mañana del sábado, Yvonne llamó al celular de su madre, pero no le contestó. Eso era extraño, pues siempre le contestaba. Sin embargo, dijo, no había de qué preocuparse.

Fue solo después de horas de no saber de ella, de enterarse por redes sociales de que había habido un tiroteo en el mismo Walmart donde Leonardo y Maribel compraban sus medicinas, y de descubrir con una aplicación que el carro de Maribel estaba estacionado en ese mismo Walmart, que supieron que algo estaba muy mal.

Llamaron a los hospitales. Llamaron al Centro de Reunificación de Familias instalado en una escuela cercana, donde estaban quienes escaparon ilesos del ataque. Maribel no aparecía. Más tarde, las autoridades les avisaron que Leonardo había fallecido, y que a su lado estaba el cuerpo de una persona sin identificación. Fue solo hasta las 2:00 pm del sábado que las autoridades les confirmaron de lo que ya sabían.

Maribel y Leo siempre andaban juntos y eran muy alegres, dijo Yvonne. Habían salido a hacer diligencias esa mañana y “les tocó la mala suerte de que estaban en el momento en que este idiota viene a hacer esto”, dijo Guillermo.

Yvonne recuerda a su madre como “una mujer muy fuerte, inteligente, nos quería mucho”, dijo.

“Optimista”, añadió Guillermo. “Creía mucho en el amor de Dios y en el amor del uno al otro”.

Este sentimiento de amor, apoyo y unidad estuvo presente todo el día en este estacionamiento convertido en un lugar para honrar a las víctimas, a pesar del sol que calentaba hasta los 100 F (38 C). Curtis Reliford, un hombre mayor, negro, vestido con overols de jean, camisa roja y sombrero de vaquero, vino desde California cuando se enteró del tiroteo, le dijo a Univision Noticias. Sintió en su corazón que allí era necesitado.

En un momento, Reliford se paró de su asiento frente al altar y se dirigió a la multitud.

“¿Quién quiere orar conmigo?”, dijo, y, primero con timidez y luego más y más, los presentes se tomaron de las manos y formaron varios círculos concéntricos. “Esto no está bien… nada bien. Pero estoy escuchando a Dios y alzando mi voz”, dijo Reliford. Varios lloraron y abrazaron a sus familias. Otros se inspiraron y también rezaron en voz alta. Lo hicieron en inglés y en español.

Al caer la noche, surgieron cantos de Amazing Grace. Luego lo tocaron en gaitas escocesas. Este himno espiritual es además uno de los himnos nacionales no oficiales de EEUU, emblemático del movimiento por los Derechos Civiles de los 60 en contra del racismo. Entre la música se escuchaba también llanto. Así mismo habían cantado ‘Amor eterno’, de Juan Gabriel, el día anterior.

En fotos: Con altares improvisados rinden homenaje a las víctimas del tiroteo en El Paso

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