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Secuestro

A los 12 años fue secuestrada y violada por su padrastro, con quien tuvo 9 niños. Casi 20 años después logró escapar

Henri Michelle Piette se llevó a su hijastra bajo engaño, diciéndole que se encontrarían con su madre. Eso nunca ocurrió pero él siguió con sus mentiras: le dijo que su madre no la quería. Tras años de abuso sexual, la niña tuvo con él nueve hijos.
13 Jun 2019 – 4:13 PM EDT

Cuando Rosalynn McGinnis tenía 12 años, su padrastro mandó a su hijo a recogerla en la escuela en Poteau, Oklahoma. Fue un 31 de enero de 1997, la niña estaba en sexto grado de primaria. Le dijeron que se encontrarían con su madre, pero no fue así. Henri Michelle Piette, el padrastro, tenía otros planes: la llevó a un hotel en Tulsa, a dos horas de distancia, y escaparon. La había secuestrado.

"Yo no sabía qué estaba pasando", dijo McGinnis a la televisora local KSHB. "Lo siguiente que supe es que mi mamá no estaba ahí y tampoco mis hermanos, nadie de mi familia estaba ahí, yo estaba sola con este hombre". Piette le había dicho a la niña que no podía regresar a su casa, que su mamá no la quería y que si volvía, ella la encerraría en una institución psiquiátrica.

Ese mismo día le tiñeron el cabello de negro a McGinnis, le pusieron gafas para que pareciera otra persona y le cambiaron el nombre. El padrastro también se cambió el nombre, algo que siguió haciendo durante el resto de los años que duró el secuestro. Poco después, la madre notó que la niña nunca llegó del colegio y decidió irse a los medios: un volante titulado en rojo con la alerta sobre la desaparición comenzó a circular. "Por favor, ayuda a encontrar a esta niña", se leía.

Los abusos de Piette a McGinnis no iniciaron ese día. Desde que ella tenía 10 años, él la había violado en repetidas ocasiones. Ella cree que su madre lo sabía, pero nunca hizo nada para protegerla, contó a la televisora.

Las semanas pasaban y las autoridades no daban con el paradero de la niña, pues Piette la llevaba de un hotel al otro. La búsqueda de las autoridades se dio por terminada poco antes de que McGinnis cumpliera los 13 años.

"Lo que quería era llorar, quería escapar", contó.

Nuevo destino: México

Meses después del secuestro, Piette decidió cruzar la frontera. Ya instalados, la obligaba a pedir en las calles para que en la casa pudieran comer, mientras él despilfarraba en drogas y alcohol. La obligaba a reportarse con él cada hora y le pedía que sus conversaciones con la gente se redujeran a lo necesario.

Y en ese contexto, el maltrato físico, los insultos y las violaciones sexuales continuaron. Ella asegura que él la golpeaba frecuentemente, con un rifle de asalto, con un bate, trozos de madera y hasta con botellas de cerveza. Era común que tuviera cicatrices y marcas en cualquier parte de su cuerpo, desde los pies a la cabeza.

Y cuando McGinnis tenía apenas 15 años, dio a luz al primer hijo entre ella y su padrastro. Fue el primero de nueve que nacerían después, más uno que perdió. En ese momento vivían en una casa rodante que tenía el piso podrido y en la que no había una cocina, por ejemplo. En sus declaraciones, los niños contaron años después que eran sometidos a los mismos maltratos que su madre: él los obligaba a pedir dinero, los golpeaba con cualquier cosa y los amenazaba, incluso de agredirlos con un machete.

"Durante casi 20 años, el acusado la violó repetidamente y abusó de la víctima física y emocionalmente. La víctima dio a luz a nueve niños, el primero nació en el año 2000", se lee en la nota de prensa del Departamento de Justicia en la que se informa que Henri Michelle Piette había sido hallado culpable de secuestro y por viajar con la intención de tener actos sexuales con una menor.

En varias ocasiones, McGinnis intentó escapar con sus hijos, pero no lo lograban. "Cuando me atrapaba, las consecuencias eran tremendas, pero ya en un punto no me afectaron más. Estaba acostumbrada", recuerda ella. Solo uno de sus hijos, el mayor, logró huir.

El Departamento de Justicia asegura, según declaraciones de ella, de los hijos y de testigos, que Piette los controlaba con "violencia, amenazas de violencia y abusos sexuales contra ella y sus niños".


Buenos samaritanos en el camino

En 2016, 19 años después del secuestro, McGinnis conoció a una pareja mientras estaban viviendo en Oaxaca, México. Eran Lisa e Ian —no son sus nombres reales, sino los que le dieron a la televisora local—, ella estadounidense y él inglés. La joven les dijo que se llamaba Stephanie.

"Estábamos en la fila y ellos (McGinnis y sus hijos) estaban en frente de nosotros", contó Lisa a la televisora local KSHB. "Tenían dos carros gigantes de compras. Uno estaba completamente lleno de carne y los niños me dijeron después que todo era para él (para Piette). No pudieron pagar la cuenta, así que Ian y yo les dimos el dinero. Ella fue agradecida", agregó. Y la relación entre los sexagenarios y la joven continuó.

Pero cuando Piette se dio cuenta de la amistad entre ellos, decidió recoger sus cosas y mudarse a otro pueblo aislado en las montañas de Oaxaca. McGinnis no perdió el contacto con sus únicos amigos. Y fue en una visita que hizo la pareja al escondite cuando Lisa se dio cuenta de que algo no andaba bien. McGinnis no paraba de ver por la ventana a sus hijos, que jugaban. Ella recuerda que los niños andaban casi descalzos y que estaban desesperados por hablar.

Contó que la casa estaba en muy mal estado, que los niños dormían sobre colchonetas dispuestas en el suelo, sin almohadas. "Tenían a ocho niños viviendo en tres cubículos más pequeños que un clóset", dijo.

"Es cuando dije: 'Algo está mal. Tenemos que ayudarlos", recordó Lisa sobre ese momento.

Impresionados por las malas condiciones en las que vivían, Lisa e Ian continuaron visitando a la familia. Un día Piette reveló que tenía 62 años.

"Nos fuimos a casa y yo dije: 'Ian, ella tiene 32 años'. Su hijo mayor podría estar cumpliendo en ese momento 17. Algo estaba mal", agregó Lisa, que ese día llevó a McGinnis a un rincón de la casa y le susurró: "Sabemos que algo anda mal (...) Te ayudaremos".

El escape

Después de aquella visita pasaron varias semanas y McGinnis no perdió la esperanza de escapar. Un día Piette cayó desmayado de tanto alcohol y ella le dijo a sus hijos que tomaran algo de ropa y la pusieran en un maletín. De carreras se montaron en un taxi y se fueron a casa de Lisa e Ian.

McGinnis tardó en contarle la verdad a Lisa, hasta que un día le confesó que su verdadero nombre no era Stephanie sino Rosalynn McGinnis y le hizo una cuenta de todos los abusos que había sufrido por años. Lisa decidió verificar que todo era cierto y al buscar en Internet halló el volante con el que casi 20 años atrás habían intentado localizarla tras el secuestro.

"Se volteó hacia mí y me dijo: 'He esperado 20 años para que alguien sacara la cuenta y notara que una niña de 15 o 16 años no debería estar teniendo bebés de esta manera y que a los 20 ya yo tenía hijos grandes'", señaló Lisa sobre ese momento. Entonces decidieron contactar al consulado estadounidense en Oaxaca.

El 16 de julio de 2016 lograron llegar a la sede diplomática de Estados Unidos en Nogales, México. El Buró Federal de Investigaciones (FBI) fue notificado del caso y la investigación comenzó.

"La víctima soportó dos décadas de abusos de parte del acusado", dijo en el juicio el fiscal Brian Kuester. "Su coraje la llevó a escapar, a rescatar a sus niños y a permitir que los investigadores y fiscales buscaran justicia en su nombre. Su coraje puso un final al reino de terror en que los mantenía el acusado".

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