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Salud Infantil

Por qué los bebés amamantados son menos propensos a enfermarse

Un químico explica cómo algunas moléculas en la leche materna ayudan a combatir las infecciones. Comprender sus propiedades podría ayudar a producir mejores fórmulas infantiles que compartan estas ventajas.
13 May 2018 – 09:07 AM EDT
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Mientras viven en el útero, protegidos del mundo exterior por el líquido amniótico, los bebés solo tienen una exposición mínima a bacterias. Poco después del nacimiento, la colección de microorganismos de un recién nacido —su microbioma— comienza a desarrollarse a medida que una sucesión de bacterias coloniza sus intestinos.

Una variedad de factores, como el modo del parto (por cesárea o vaginal) y el uso de antibióticos influyen en esta población de bacterias. La leche humana es la principal forma de introducir más microrganismos en el sistema de los pequeños, ya que puede contener hasta 700 especies diferentes.

En mi investigación como químico me he centrado en los azúcares complejos que contiene la leche humana. Mis colegas y yo estamos interesados en cómo estas moléculas de azúcar ayudan a moldear el microbioma de un bebé y contribuyen a la salud en general. En última instancia, esperamos que saber más sobre moléculas específicas en la leche materna humana conduzca al desarrollo de mejores fórmulas infantiles que puedan usarse en los casos en que no sea posible la lactancia materna.

¿Qué hay en la leche materna?

Probablemente hayas escuchado que la leche materna proporciona todos los requerimientos de energía, vitaminas y nutrientes que un bebé necesita. De hecho, la Organización Mundial de la Salud recomienda amamantar exclusivamente a los bebés durante los primeros seis meses de vida, cuando sea posible. Lamentablemente, hay una serie de razones por las que la lactancia puede ser un desafío. De hecho, solo una cuarta parte de los bebés estadounidenses cumplen con esa pauta.


La leche materna brinda una serie de beneficios a la salud, más allá de mantener a un bebé bien alimentado. Los que son amamantados exclusivamente tienen una menor mortalidad infantil por enfermedades comunes como diarrea, neumonía, infección del tracto urinario, infección del oído, enterocolitis necrosante y síndrome de muerte súbita del lactante. Y los anticuerpos en la leche ayudan a los bebés a recuperarse más rápido cuando se enferman.

Los investigadores saben que la leche humana contiene dos tipos de proteínas simples: suero y caseína, que se digieren fácilmente. También tiene proteínas complejas, incluida la lactoferrina, que inhibe el crecimiento de bacterias dependientes del hierro, y la IgA secretora, que protege al bebé contra virus y bacterias patógenas. También proporciona una cantidad de grasas esenciales necesarias para el desarrollo del cerebro y del sistema nervioso y para la absorción de vitaminas.

Luego están los azúcares complejos llamados oligosacáridos de leche humana o HMO que durante mucho tiempo han sido descuidados por la comunidad científica. Como químicos orgánicos entrenados, mi equipo se interesó por los HMO precisamente porque no se sabía mucho sobre ellos. Algunos estudios habían encontrado que estos azúcares eran alimentos para bacterias beneficiosas, pero no para los patógenos. También sabíamos que podríamos sintetizar en el laboratorio cualquier molécula que identificáramos como importante.

Los azúcares de la leche materna bajo la lupa

Estos azúcares complejos en la leche humana parecen proporcionar una ventaja de crecimiento para las bacterias buenas. Por ejemplo, los bebés amamantados tienen un microbioma rico en dos especies de bacterias: Bacteroides y Bifidobacterias. Ambas especies son simbiontes, lo que significa que viven con nosotros a diario, pero normalmente no causan daño. Se alojan en el intestino humano donde usan los oligosacáridos como fuentes de energía para crecer, mientras que los patógenos no. Los bebés amamantados tienden a ser menos propensos a especies infecciosas, lo que significa que se enferman menos.

Muchas de las propiedades protectoras de la leche humana se han atribuido a su componente HMO. Por ejemplo, la investigación ha demostrado que la administración de suplementos HMO acorta la duración de la infección por rotavirus, una de las principales causas de diarrea en los bebés.

Sin embargo, la leche bovina, en la que se basa la mayoría de las fórmulas, contiene un componente oligosacárido insignificante. Además, este componente de la leche bovina carece de la complejidad estructural y la diversidad de los HMO. Así que los bebés alimentados con fórmula no obtienen las protecciones promovidas por oligosacáridos.

Un caso de estudio: estreptococo del grupo B

Con base en los efectos ya conocidos de los oligosacáridos de la leche humana, mi grupo de investigación se interesó por el estreptococo del grupo B. Durante el tercer trimestre del embarazo, todas las futuras madres son evaluadas para descartar la presencia de esta bacteria, porque aunque no es una gran amenaza para un adulto sano, se puede transmitir al bebé durante el trabajo de parto y el nacimiento, generando un mayor riesgo de infección.

Observamos que, a pesar de que las bacterias del estreptococo del grupo B están presentes en la leche materna, los niños que amamantan no tienen mayor riesgo de infección por ella. ¿Por qué? ¿Podrían las HMO brindar protección contra esta bacteria?

Para saberlo, nuestro aisló los azúcares complejos contenidos en la leche humana. Con estas moléculas en la mano, comenzamos a evaluar si las HMO actuaban como antibióticos contra la bacteria. En un estudio inicial, tratamos de hacer crecer el estreptococo del grupo B tanto en presencia, como en ausencia de HMO. Resultó que las HMO previenen su crecimiento.

También observamos que distintas mujeres producían HMO con diferentes niveles de actividad antibiótica. Esto no fue sorprendente ya que hay más de 200 tipos HMOs en la leche materna. Cada mujer produce un conjunto diferente de azúcares y cambian durante la lactancia. En los estudios de seguimiento, demostramos que las HMO tienen propiedades antibióticas contra varios agentes patógenos adicionales, incluido el estafilococo.

En el futuro, nuestro objetivo es averiguar exactamente cómo funcionan estos azúcares y por qué ciertas mujeres producen azúcares específicos, que son más antimicrobianos que otros. Una vez que los investigadores entiendan más acerca de qué HMO son más importantes en la leche materna para la salud del bebé, estos compuestos se podrían sintetizar y agregar a los productos alimentarios infantiles. Una fórmula infantil de mejor calidad que imite más estrechamente a la leche materna humana podría ayudar a cerrar la brecha de salud entre los bebés amamantados y los alimentados con fórmula.

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*Steven Townsend es Profesor Asistente de Química en la Universidad de Vanderbilt.

The Conversation
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