Salud infantil

Estas familias adoptaron bebés que nacieron adictos a las drogas y quieren que más hispanos se les sumen

Con la crisis generada por la epidemia de opiodes en Estados Unidos se viene registrando en los centros de adopción un aumento de bebés que nacen con síndrome de abstinencia neonatal. La participación de familias latinas en estos programas es muy baja, lo que deja a los pequeños de ese origen en mayor estado de indefensión.

Cuando a Ivanna Rodríguez por fin le entregaron al bebé, que llevaba 4 semanas desintoxicándose en la clínica, el pequeño seguía mostrando los síntomas contundentes de las criaturas cuyas madres han consumido drogas durante el embarazo. Su llanto era inconsolable, temblaba y agitaba la cabeza de un lado al otro con desespero. Ella, sin embargo, acogió al bebé sin ningún recelo.

Ivanna no pudo tener hijos después de que un cáncer afectara su útero, pero antes de desistir a su poderoso anhelo de ser madre, se inscribió junto a su esposo en un programa de padres sustitutos en Georgia con una agencia de adopción. Durante 5 años haciendo parte del programa ha cuidado hasta ahora en su casa a 25 niños.

El pequeño Matías, que acogía a tan solo unas semanas de nacido, presentaba altos niveles de heroína y otros opioides en la sangre. Los médicos lo trataron con metadona pero vaticinaban que solo tendría un 50% de sobrevivir. Tenía un pulmón colapsado y problemas de asma.

“Cuando empiezas a hacer parte de un Foster Program (programa de padres sustitutos) te entrenas para recibir niños con muchos problemas, y te vuelves en un testigo de la gran crisis que hay con el abuso de drogas en el país”, cuenta esta mujer latina radicada en EEUU que después de batallar un año con asuntos legales pudo adoptar a Matías como su primer hijo.

Este fenómeno de bebés que tienen que entrar en un proceso de desintoxicación apenas nacen, se ha acrecentado con toda la crisis de los opiáceos. Según un informe de los Centros para la Prevención y el Control de Enfermedades (CDC) realizado en el estado de Virginia –uno de los más afectados por este flagelo– se aprecia un aumento del 6% en el número de bebés con síndrome de abstinencia (NAS) que nacieron en el primer semestre de 2017 (383), en comparación al mismo período en 2016 (360).


“Nosotros tenemos 62 niños a nuestro cuidado que de alguna manera u otra han estado expuestos a las drogas, pero es muy sorprendente cómo cada vez más recibimos llamadas del Servicio de Protección al Menor (CPS, por sus siglas en inglés) o de los hospitales reportando bebés con altos niveles de drogas en su sangre”, explica Patricia Acosta, supervisora del Buckner Children and Family Services, un centro de adopción en Texas donde ella es la encargada de encontrar familias que reciban a estos bebés.

Fue justamente Patricia la que contactó a Snaira García, en Texas, para que se hiciera cargo de un bebé con síndrome de abstinencia que cumplía 7 meses y necesitaba una familia que lo cuidara. “Mi marido y yo siempre habíamos querido tener hijos, pero después de 14 años de estar juntos no habíamos podido, así que recibimos a este bebé con todo nuestro amor. Él está ahora muy sano aunque los médicos dicen que hay que esperar a que crezca más para saber si va a poderse desarrollar bien”.


Tanto Ivanna como Snaira han iniciado estos procesos con la advertencia de que en principio solo pueden hacer funciones de padres sustitutos y cuidar los bebés por un año, tiempo en el que la corte determina si los padres biológicos están en capacidad de cuidar de nuevo a los pequeños o si hay algún familiar cercano que pueda tener la custodia. Solo si ninguna de esas dos cosas suceden, las familias sustitutas pueden emprender un proceso de adopción.

“Es difícil porque has tenido que sobrellevar meses de llanto sin parar; porque el efecto que deja la droga en el cerebro de los bebés muchas veces hace que lloren de manera incontrolable; porque ningún estímulo los sacia. Luego te encariñas y sabes que están bien contigo, pero sabes que siempre los padres y la familia biológica tiene prevalencia”, cuenta Ivanna quien justamente ahora ha acogido en su familia a una bebé que al nacer tenía cuatro tipos deferentes de drogas en la sangre y que están esperando poder adoptar. "Me dijeron que no iba a poder dejar la clínica en meses, pero yo todos los días iba y me la ponía piel con piel, la arrullaba y la bebé logró salir en semanas".

Sin embargo, estas historias de familias latinas que se arriesgan a adoptar bebés con este tipo de dificultades son realmente escasas. Patricia Acosta asegura que en su programa cuentan con el apoyo de 50 familias de las cuales solo tres son latinas, lo que deja a los bebés de este origen en una mayor indefensión. "La comunidad latina parece más reacia a entrar en programos de adopción, porque aún pesan muchos tabúes, y nosotros queremos alentarlos a que no tengan miedo, los centros de cuidado siempre acompañan a las familias que acogen a los pequeños en todo".

“Necesitamos más familias hispanas, hay niños que llegan a los centros de adopción y ni hablan inglés y qué mejor que darle nosotros un hogar en donde además de inglés aprendan español y nuestra propia cultura”, cuenta alentadora Snaira que al igual que la familia de Georgia se ha aventurada a adoptar a una nueva integrante en la familia, esta vez la hermanita del primer bebé que adoptaron.

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