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Psicología

¿Un hermano es un tesoro? Lo seguro es que es para toda la vida: tres sugerencias para mejorar la relación

Cuando eras niño, ¿eran tus hermanos mayores afectuosos o te hacían sufrir? ¿Es hoy tu hermano tu mejor amigo o, por el contrario, un tormento que tienes que sobrellevar? La calidad de las relaciones entre hermanos puede condicionar la salud mental en la edad adulta. Te explicamos cómo mejorarla.
15 Jul 2018 – 3:19 PM EDT

Los hermanos son a menudo las únicas personas con las que compartimos una relación durante toda la vida, desde la cuna hasta la sepultura. Y, en un momento de crisis de confianza a todos los niveles (comenzando por la desilusión hacia la política y las instituciones), disfrutar de una relación sólida aporta una enorme seguridad. Si funciona, claro, que no tiene por qué ser el caso. Tu hermana puede ser tu mejor amiga pero también una fuente inagotable de celos, riñas y conflictos a lo Caín y Abel. O quizá, simplemente, una persona con la que te limitas a contactar en los cumpleaños y demás celebraciones familiares.

Hasta hace poco, los niños pasaban más tiempo con sus hermanos que con sus amigos, padres, maestros o incluso solos. La calidad de este tiempo juntos es un importante predictor de la salud mental en la edad adulta, según The American Journal of Psychiatry. La gente que está emocionalmente más cerca de sus hermanos tiene mayor satisfacción de vida y menores tasas de depresión. Además, en momentos de estrés, los hermanos pueden dar un fuerte apoyo emocional y financiero.

Por otra parte, los niños que tienen hermanos y hermanas mayores afectuosos y comprensivos, tienden a ser más empáticos que aquellos que no tuvieron esta suerte, según un estudio publicado en la revista Child Development. Más allá del impacto de los padres, tanto los hermanos mayores como los pequeños se influencian positivamente en el desarrollo de la empatía.

“Los hermanos pueden pelearse pero al día siguiente están tomando el desayuno juntos. Son relaciones que permiten aprender mucho sobre cómo resolver conflictos”, señala a Univision Noticias Laurie Kramer, profesora de psicología aplicada de Northeastern University y especialista en la materia. Kramer, que cree que el universo fraternal no se ha estudiado lo suficiente (o al menos no en comparación con las relaciones entre padres y madres e hijos), cree que los hermanos añaden otra dimensión a nuestra comprensión de las cosas. "Si estudias lo que hacen los hermanos, y cómo cambian estos vínculos, estamos incrementando nuestra habilidad para entender mejor el futuro de todas las relaciones”, apunta.


¿Qué hacer para mejorar una relación tan importante? Apuntamos tres sugerencias:

1. Potenciar las oportunidades de compartir y pasarlo bien

Kramer cree que la complejidad creciente en la sociedad está haciendo mella en las relaciones entre hermanos. Los padres, señala Kramer, tienden a mermar las oportunidades de que los hermanos pasen tiempo juntos cuando, por ejemplo, apuntan a sus hijos a actividades extraescolares diferentes. "Los niños tienen hoy menos tiempo para experimentar la relación con sus hermanos. También suelen compartir menos cosas (la habitación, por ejemplo) y esto produce menos exposición", señala la experta.

El problema, apunta Kramer, es que si quieren contar el uno con el otro en el futuro, esta relación tiene que cultivarse desde mucho atrás. Los padres confían en que los hermanos se tendrán unos a otros cuando ellos no estén, “pero esto no se consigue de la noche a la mañana”. Cuanto más momentos positivos compartidos tengan en sus recuerdos, mejor, señala esta experta.

2. Ser abierto y franco (atreverse a decir "te quiero")

Esta es una de las cinco estrategias que utilizan los adultos para mantener relaciones exitosas, según explica la investigadora en comunicación Elizabeth Dorrance. Ser abierto quiere decir compartir tus preocupaciones y poder comunicar tus emociones, tus planes, tus sueños. De esta forma, tu hermano sabe en qué punto estás en tu vida. Decir a tu hermano lo que piensas no es nada fácil si no estás acostumbrado a compartir tus sentimientos con tu familia, y verbalizar tu apreciación hacia ellos. Este es un tipo de comunicación que cuesta trabajo en el contexto de la familia, explica Dorrance. Pero es un error pensar que tus familiares, por el hecho de serlo, no necesitan escuchar que los quieres.

3. No compararse

He aquí un tema que es mejor evitar en una reunión familiar, salvo que tengas ganas de discutir: el orden de los factores sí altera el producto cuando se trata de hermanos. Un estudio del economista del MIT Joseph Doyle alimenta el estereotipo del hermano problemático y asegura que los nacidos en segundo lugar tienen entre un 25 y un 40 por ciento más de probabilidades de tener problemas en el colegio o después, con la policía, si se los compara con los primogénitos. Este no es el único estudio sobre la influencia del orden de nacimiento en la personalidad. Otras investigaciones muestran que los nacidos en primer lugar tienen mayor cociente intelectual, son mejores estudiantes y ganan más dinero.

Podríamos dar la vuelta a estos datos y argumentar, por ejemplo, que los hermanos menores tienden a tener un espíritu más libre porque los padres son menos cautelosos con ellos, puesto que ya comprobaron con sus hijos mayores que las cosas no son tan terribles como parecían. Probablemente, también los papás tienen más recursos que cuando comenzaron a formar familia y eso los beneficia.

Kramer, al frente de un programa que ofrece recursos prácticos a las familias que lo soliciten, tiene una aproximación más práctica todavía: no tenemos ningún control en cuestión de género, y solo una pizca en lo que se refiere a la diferencia de edad entre los hermanos. “Cada día, en cambio, tenemos muchas oportunidades para ayudar a que nuestros hijos se lleven mejor y desarrollen sus habilidades para pasárselo mejor, dirimir conflictos, etc. Mejor centrarse en lo que sí podemos hacer”. Que, como se ha visto, es mucho.

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