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Persiguen a estudiantes que bajan música

Persiguen a estudiantes que bajan música

Si tu hijo está en la universidad y baja música ilegal de la red, ¡cuidado! La industria discográfica podría estar buscándolo para que pague.

La joven de 20 años está siendo acusada por la Asociación Americana de la Industria Discográfica (RIAA, por sus siglas en inglés) de bajar un total de 381 canciones utilizando la red de computadoras de la universidad y un programa para el intercambio de archivos digitales llamado Ares.

La carta que Barg recibió en su correo electrónico le informaba que ella podría ser demandada, pero a la vez le ofrecía la oportunidad de llegar a un acuerdo legal antes de llegar a corte, reportó la Associated Press esta semana.

Según la agencia cablegráfica, Barg jamás imaginó que en realidad terminaría pagando la suma de $3 mil dólares -o sea $7.87 dólares por canción- por haber bajado de internet algunas baladas de los años 1980s y canciones "pasadas de moda" de las Spice Girls.

Lo cierto es que Barg no pensó dos veces en descargar música de internet debido a que tiene muchas amigas que han bajado miles de canciones sin sufrir repercusiones algunas.

"Obviamente sabía que era algo ilegal, pero nadie se mete en problemas por hacerlo", comentó Barg al ser entrevistada por la Associated Press.

Su punto de vista cambió por completo en marzo pasado cuando llamó al servicio legal para estudiantes y se enteró de que el correo electrónico que había recibido no se trataba de un juego, y que tenía que tomar una costosa decisión.

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Barg es una de un total de 61 estudiantes de la Universidad de Nebraska, en el recinto de Lincoln, en recibir misivas similares de parte de la RIAA. Las cartas amenazan a los estudiantes con ser demandados si deciden no pagar por la música que descargaron de la red.

Pero según la Associated Press, la drástica acción legal de la entidad que representa los derechos de autor de la industria discográfica se expande a cientos de estudiantes en más de 60 recintos universitarios de todo el país.

"Cualquier estudiante en cualquier universidad de Estados Unidos que haya bajado música de forma ilegal de la internet podría recibir una de estas cartas en los próximos meses", puntualizó Jenni Engebretsen, una portavoz de la RIAA.

En el caso de Barg, sus padres se hicieron cargo de pagar la deuda de $3 mil dólares. Sin su ayuda, "no sé lo que hubiera hecho. Yo sólo tengo 20 años de edad", expresó la joven a la Associated Press.

Al menos 500 estudiantes universitarios de todo el país han pagado en acuerdos fuera de corte para evitar ser demandados por la RIAA, precisó Engebretsen.

Los estudiantes que no aceptan la oferta de llegar a un acuerdo legal, enfrentan ser llevados a juicio y, si pierden el caso, se arriesgan a pagar daños mínimos de $750 dólares por cada canción descargada ilegalmente de la red.

La Associated Press reportó que funcionarios de la Universidad de Nebraska han sido notificados de que otros 32 estudiantes, al igual que Barg, recibirán cartas en los próximos días por cometer el mismo delito.

Hasta la fecha, han sido demandados al menos 17 alumnos de ese centro académico que decidieron no aceptar la oferta de pagar, según la RIAA. No obstante, por el momento sólo cinco han sido ordenados presentarte en corte.

El problema ahora es que muchos estudiantes están cuestionando por qué están metiéndose en problemas.

"Ellos [la industria dicográfica] están señalando a la gente menos indicada", expresó Andrew Johnson, un estudiante de primer año de la Universidad de Nebraska que también pagó $3 mil dólares por descargar canciones en línea. "Legalmente probablemente tiene sentido, porque nosotros [los estudiantes] no tenemos el dinero para pelear".

Johnson recibió su carta por e-mail en febrero pasado durante la primera oleada de misivas que envió la industria discográfica para señalar a los estudiantes universitarios. El joven de 18 años había bajado unas 100 canciones con un programa conocido LimeWire a través de la red de la universidad.

El dinero para pagar la deuda salió del fondo de ahorros que tiene para pagar sus estudios. Ahora Johnson deberá trabajar en tres empleos durante el verano para reponer el dinero perdido, añadió la Associated Press.

Johnson compara el delito que cometió a los conductores que manejan 5 millas por hora por encima del límite de velocidad: "No es como si yo haya descargado millones de canciones y se las vendí a otras personas", comentó.

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Engebretsen destacó, sin embargo, que bajar sólo una canción es suficiente para originar una demanda. "Es importante que la gente entienda que esto es ilegal, y que puedes ser atrapado, y que pueden haber consecuencias", señaló la portavoz.

La industria discográfica se ha dado cuenta de que necesita cambiar de actitud, por lo que el dinero recaudado en estas demandas es reinvertido en programas educativos y para ayudar a grupos que se ocupan en concienciar a la ciudadanía de las severas consecuencias de descargar y compartir canciones a través de la red.

Algunos programas, explicó la vocera, están diseñados para educar a estudiantes desde el tercer grado de primaria. "Reconocemos que para el momento que los estudiantes llegan a la universidad, muchos de sus hábitos musicales ya están formados", comentó Engebretsen.

Por otro lado, miembros del Congreso de Estados Unidos enviaron una carta a principios de mayo dirigida a los directivos de 19 universidades del país, solicitando información sobre las políticas establecidas contra la piratería, informó la Associated Press.

Según la misiva, más de la mitad de los estudiantes universitarios han descargado música y películas de la internet.

El propósito de la información solicitada servirá para ayudar a la Legislatura a evaluar la necesidad de aprobar o no alguna ley avanzada que desasocie la descarga ilegal de archivos con la vida de académica en algunas universidades del país, puntualizó la carta.

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Barg por su parte está aún molesta que recibió por parte de la RIAA, la cual ella califica de abusadora. No obstante, la joven está de acuerdo con que compartir música es algo común, y que muchos estudiantes aún no han entendido las consecuencias.

"Técnicamente, soy culpable. Pero creo que es simplemente ridículo la forma como están haciendo las cosas", manifestó la estudiante a la Associated Press. "Tenemos que encontrar una forma para ajustar nuestra política legal para que consider esta nueva tecnología, pues hasta ahora, no se está haciendo un buen trabajo".

Barg opina que la universidad debe enviar un correo electrónico a todos los estudiantes, para alertarlos sobre la posición de la industria discográfica.

Ahora que el recinto académico se prepara para comenzar el verano, funcionarios de la Universidad de Nebraska están considerando lanzar una nueva campaña informativa sobre el tema a partir de la sesión de otoño.

"Si podemos hacer algo para educar a nuestros estudiantes sobre compartir archivos de forma ilegal, estamos dispuestos e interesados en hacerlo", recalcó Kelly Bartling, una portavoz de la universidad.

Bartling añadió que nadie quiere ver a sus estudiantes tener que preocuparse sobre cómo van poder pagar su cuota de inscripción a la escuela cuando tienen que enfrentar una costosa demanda. "Se trata de una lección altamente cara", precisó.

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Johnson, el estudiante de primer año de la Universidad de Nebraska, aclaró que él no piensa que las amenazas de la RIAA van a solucionar el problema. Asegura tener amigos que a pesar de conocer los problemas que él enfrentó, ellos continúan bajando música de forma ilegal de la red.

"La gente lo va a continuar hacienda hasta que lo atrapen, y la industria discográfica no podrá atrapar a todo el mundo", concluyó Johnson.

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