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Proceso de Paz

Los presos de las FARC que se manifiestan por la paz en la cárcel

Como miles de colombianos que no se conformaron con el 'No' al acuerdo de paz en las urnas y salieron a la calle a exigir la paz, los presos de la cárcel de La Picota en Bogotá también se han manifestado para pedir el fin de la guerra.
14 Oct 2016 – 05:29 PM EDT
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BOGOTÁ, Colombia.- Los presos de La Picota de Bogotá no suelen llevar uniforme, pero este miércoles los guerrilleros de las FARC reclusos en esa cárcel se vistieron de blanco, sacaron las pancartas y marcharon por la paz, como miles de colombianos que han reclamado en las calles un acuerdo inmediato con los rebeldes.

Con sudaderas del Real Madrid o camisetas con la cara de Che Guevara desfilaron por los pasillos y se reunieron en el patio, bajo las ventanas enrejadas de las celdas y sus mudas de colores tendidas al sol, para gritar “no más guerra” y sumarse a los estudiantes, obreros, indígenas y víctimas de todo el país que intentan mantener vivos los acuerdos de La Habana rechazados el 2 de octubre en las urnas.

“Hicimos la reflexión entre todos los compañeros del patio y dijimos 'las marchas son a nivel nacional' y nosotros también hacemos parte de esa Colombia”, cuenta por Whatsapp Jhonier Martínez, de 37 años, uno de los portavoces de la columna Domingo Biohó de las FARC, como se han organizado en esa cárcel.

Martínez lleva tras los barrotes desde 2002 y nunca hubiera imaginado que el 'No' se impondría en el plebiscito dejando los acuerdos en el aire. Admite que la guerrilla mató como parte de su lucha política, pero “votar por seguir en la guerra...”. No da crédito. Sin embargo, hay todavía muchos colombianos que no están listos para aceptar que la guerrilla eluda la cárcel y aún los rebeldes acusados de crímenes de lesa humanidad puedan convertirse en congresistas.

Presos en el limbo

El portazo a los pactos firmados el 26 de septiembre en Cartagena también deja a los presos políticos en un limbo. Un primer censo provisional ubica en unos 2,500 los miembros de las FARC encerrados en las cárceles de Colombia. De ellos, casi 300 están en La Picota, según una de las organizaciones que realiza este recuento, cifra que el gobierno todavía no confirma.

En los últimos meses, reclusos de varias prisiones fueron concentrados en ese centro de Bogotá para participar en la s sesiones de pedagogía de paz para conocer los avances de los diálogos que se desarrollaban en La Habana. Como aprendieron del comandante Manuel Marulanda, uno de los líderes históricos de la guerrilla muerto en 2008, los guerrilleros esperan “serenos, valerosos y reflexivos”.

Durante los 40 minutos que duró la protesta, un guardia chistó porque lo iban a meter en problemas pero finalmente los dejó continuar en nombre de la paz. El insurgente conocido como “Tinoco” lanzaba el primer grito de la consigna y el resto le contestaba al unísono. Sostenían pancartas de papel, unas más grandes, las otras del tamaño de un folio, todos con reclamos parecidos: que se acabe el conflicto iniciado hace más de medio siglo y que deja casi ocho millones de víctimas y más de 200,000 muertos.

Otro preso iba haciendo preguntas con una cámara: ¿por qué protesta hoy? “La paz no es una exigencia, es un derecho para todos”, respondía uno. “Juntos en la ardua tarea de unir sí y no en una sola palabra: paz”, respondía el otro.

Pese a esa sangre fría característica de los miembros de la guerrilla, los presos tienen también inquietudes. Mientras sus compañeros esperan en la selva que se resuelva este impasse —de haber ganado el sí ya habría empezado el proceso de desarme—, ellos atienden a saber cómo se solucionará la amnistía para los condenados sólo por pertenecer a las FARC (delito de rebelión), y si los acusados de crímenes más graves — como homicidio, secuestro o terrorismo— tendrán revisión de penas si colaboran con la justicia transicional. Todo esto estaba escrito en los acuerdos.


De momento, confían en que los jefes de las FARC sabrán sacar a la guerrilla adelante y siguen firmes a las órdenes del secretariado. Tras el plebiscito, el gobierno abrió una mesa de negociación con la oposición para reformar el acuerdo de paz. Aunque difícilmente los jefes guerrilleros aceptarán esas modificaciones, Rusell Garay Gonzalez, de 38 años y condenado a 43, confía en que lo que se firmó “se va a aplicar tarde o temprano”.

“Estamos convencidos de que las cosas van a ir bien y vamos a esperar orientaciones de nuestros superiores... lo que sí nos preocupa es que donde eso no salga, sabemos que va a seguir la retaliación del enemigo”, cuenta este guerrillero conocido como “César el Indio”.

La queja de las FARC por la situación de los presos es constante y el Comité Internacional de la Cruz Roja puso en marzo el foco sobre la situación humanitaria de las cárceles de Colombia y lo considera uno de los principales retos humanitarios para este año en el país, especialmente por el hacinamiento, que deriva en problemas de acceso a la salud.

Los mismos presos del patio 4 de La Picota se levantaron a principios de agosto —14 se cosieron la boca— para protestar contra las condiciones médicas. “César el Indio”, que tiene por delante todavía más de 20 años de condena y otro caso pendiente por desaparición, era jefe en una unidad móvil, “de las que más pelean”, que operaba en el sur de Colombia. Hoy, dirige a los “compañeros” presos en ese tipo de protestas.

“Entiendo la parte militar tanto para defendernos como para atacar al adversario”, asegura, “la parte política no lo manejo mucho, pero aquí en la cárcel estoy aprendiendo”.

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