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Proceso de Paz

De la selva a las redes: Internet es la nueva arma de los guerrilleros de las FARC

Después de años en los frentes de las FARC, sin celular ni acceso a internet, con el acuerdo de paz en Colombia muchos guerrilleros están recurriendo a las redes sociales para reencontrarse con sus familias y empezar a trabajar en la línea política del partido.
24 Sep 2016 – 8:49 AM EDT

Los Llanos del Yarí (Colombia).- Las rayas del wi-fi en el celular suben y bajan, suben y bajan, vuelven a subir y a bajar pero no llegan a quedarse quietas. Hace dos semanas llegó internet a este punto de Colombia donde esta semana las FARC le dijeron adiós a las armas. Con la avalancha de prensa que no se quiere perder la última reunión del grupo antes de que se firme el acuerdo de paz , la antena no da abasto.

Los periodistas están desesperados, pero David mantiene la calma. Pasó 19 años en las FARC sin noticias de su familia. Ahora, aunque se ve fastidiado, dice que puede esperar respuesta unos días más. Abrió una cuenta de Facebook por primera vez pocos días atrás. Se identificó con su nombre real y buscó a sus hermanos. El colegio donde habían estudiado de pequeños le dio la certeza de que las imágenes de esos hombres y mujeres correspondían a las caras imberbes que él recordaba.

“A todos les mandé la invitación y les escribí ‘soy fulano’ y me fui”. Sobre las 7:00 de la tarde volvió a salir del campamento para subir hasta la antena. Su aparato empezó a disparar mensajes. “¡Una chilladera esa tablet! ¡pin, pin, pin, pin, pin!”. Que si de verdad era él, que mandara una foto actual.


David se unió a la guerrilla con solo 15 años. Ahora es un hombre de 34 años, piel oscura y pelo rapado y tuvo que aprender a usar el fusil con el brazo derecho después de perder el izquierdo en combate. Se mueve con agilidad, pero se tapa el muñón con un poncho que le cuelga del hombro y mira con cierto reparo. A sus hermanos les mandó una foto vestido de camuflaje y otra con Timochenko, el máximo líder de las FARC.

En Colombia, decenas de miles de familias esperan cada día esa aparición. Es prácticamente un milagro. Muchos desaparecidos están muertos y las madres solo piden recibir unos huesos, pero otros se fueron a la guerrilla o a buscar trabajo a otro lugar, o quién sabe adónde, y nunca más se reportaron. Cuando quienes esperaban noticias de David recibieron su mensaje se pusieron a chillar, a correr, salieron a la calle, llamaron por teléfono, se agitaron, se encerraron en un cuarto y gritaron.

“Ellos iban a venir acá, pero yo no quise. Ahora no quiero… hay muchos medios, mucha cosa… de pronto por ahí más adelante, tengo todavía unos seis meses”, afirma en referencia al tiempo que las FARC y el gobierno de Juan Manuel Santos acordaron para que la guerrilla abandone las armas.


En fotos: una fiesta en el corazón de las FARC para celebrar la llegada de la paz

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En este territorio, que ha sido durante décadas el corazón de las FARC, no hay señal de teléfono ni carreteras, así que la llegada de la antena fue una revolución. Aterrizó en días antes del inicio de esta fiesta de fin de curso guerrillera. Hasta entoces, la hora de internet costaba 4,000 pesos (más de un dólar). Después, subió a 17,000 (casi 6), pero empezó a funcionar intermitentemente.

Pero una conexión precaria es mejor que el aislamiento. Un celular en la selva es un blanco para el enemigo, así que en las filas rebeldes, solo tienen teléfono quienes lo necesitan para una misión concreta. Como Byron Yepes, comandante del frente Jorge Briceño, que opera en esta zona del sur del país y se encargó de levantar las instalaciones donde se celebra la conferencia.

Él usa el celular para leer prensa y mantenerse informado sobre el proceso de paz, pero todavía no ha llamado a sus hijos ni a su esposa. Prefiere hacer casos a las líneas marcadas por los líderes de la guerrilla y esperar a la firma del acuerdo final y a la celebración del plebiscito en el que los colombianos refrendarán los acuerdos el próximo 2 de octubre.

“Hay una expectativa muy grande de nosotros y, claro, lo primero, es la familia”, admite sin poder disimular los nervios por el reencuentro. Pero él todavía no da el paso, por precaución, porque “los han perseguido por el hecho de que yo soy guerrillero”.

Yepes nunca tuvo uno de esos teléfonos con pantalla pequeña y teclas grandes que no tenían acceso a internet, pero recuerda los tiempos en los que les permitieron a los rebeldes llevar teléfonos: “Eran unos Motorola gigantes y en la guerrilla los teníamos porque en ese momento no había tanto peligro”.

Esos teléfonos dejaron de ser usados por la guerrilla en 2002, cuando se rompieron las negociaciones de paz de San Vicente del Caguán, por las que se blindó una zona sin presencia militar del tamaño de Suiza alrededor de El Diamante, el punto donde esta semana se celebró la conferencia, prácticamente sin armas visibles. Los campesinos de esa zona tienen teléfonos aunque solo sea para hacer fotos y escuchar música.

Camila Ochoa lleva un top blanco con gatos negros que le deja el ombligo al descubierto sobre el pantalón verde militar y las botas de caucho que los distinguen de los civiles de la zona que llegaron a curiosear. A los 21, todavía no tiene teléfono, ni lo tenía cuando se fue para la guerrilla siete años atrás, con solo 14. “Claaaaro que quiero uno”, asegura mirando lejos con los ojos fijos. Llamaba a su casa cada tantos años si se acercaba a un pueblo y podía pedir prestado el teléfono.

Para ellos, que no tienen sueldo, comprar cualquier cosa es difícil. David reunió el dinero para su tablet a base de hacer encomiendas y ahorrar el cambio: “Uno iba a regresarlo y le decían que lo guardara", recuerda.

Desde que empezaron las negociaciones de La Habana, el secretariado sí se ha ido incorporando a las redes sociales y ahora tienen cuentas con miles de seguidores en Twitter. Tania Sarmiento también se unió a la tecnología hace unos meses, cuando le encomendaron operaciones más cerca de áreas urbanas. Se unió a Facebook y juntó 20 seguidores. Ha intentado localizar a su familia diez días seguidos, pero no lo logra y está molesta con tanta congestión en la red. Cuando puede conectarse, utiliza su cuenta para difundir mensajes revolucionarios y textos sobre el papel de la mujer en el cambio social.

Se queja del poco acceso a los servicios públicos que tienen muchas áreas de Colombia, como el departamento del Caquetá, donde habla, el Meta, donde operaba su frente, o Arauca, donde nació. “Estamos en una zona tan distante que uno aquí no tiene nada. Ya ahorita con internet, se está acercando al mundo”.

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