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Por qué los intereses de sus empresas son un problema grave para Trump

El presidente electo ha anunciado que dejará su firma en manos de sus hijos. Pero ese movimiento no eliminará sus conflictos de intereses en el Despacho Oval.
18 Nov 2016 – 10:38 AM EST

Donald Trump llegará al despacho oval con más conflictos de intereses que cualquier otro presidente de la historia reciente. Su firma tiene deudas por valor de más de 600 millones de dólares y participaciones en más de 500 empresas de todo el mundo. ¿Cómo demostrará el presidente electo que sus intereses financieros no influyen en las decisiones que toma como presidente del país?

Presidentes acaudalados como Jimmy Carter o George H. W. Bush tomaron la decisión de crear lo que en Estados Unidos se conoce como un blind trust y en castellano como fideicomiso ciego: dejar todos sus activos en manos de un gestor que vele por sus intereses financieros sin informar a su propietario de ninguna decisión. Es la fórmula que usó el alcalde neoyorquino Michael Bloomberg y la que anunció hace unos meses el presidente argentino Mauricio Macri, que llegó a la presidencia después de una larga carrera empresarial.

Trump anunció en septiembre que crearía un blind trust si era elegido durante sus años en la Casa Blanca. Pero acto seguido explicó que serían sus tres hijos adultos quienes llevarían la gestión de la organización.

Este extremo invalida la primera parte del anuncio: el propósito de un blind trust es dejar la fortuna al cargo de un gestor independiente sin ninguna relación personal con su propietario. Si Trump pone a sus hijos al frente de la gestión de su firma, alimentará la sospecha de que sus intereses empresariales influyen en sus decisiones como presidente en el despacho oval.

En realidad Trump no está obligado a dejar en manos de una tercera persona sus intereses empresariales. Al contrario que los demás miembros del poder ejecutivo, el presidente está exento de las reglas que regulan los conflictos de intereses. Ninguna ley le obliga a deshacer sus vínculos con su organización.

Los expertos advierten que la creación de un blind trust no resolvería los problemas éticos de Trump. Al contrario que Roosevelt o Kennedy, Trump no es el depositario de una fortuna familiar sino el responsable de una empresa con intereses en decenas de países del mundo y en sectores tan distintos como los casinos, los hoteles, los concursos de belleza, los edificios de oficinas o los campos de golf.

Trump ha hecho negocios con empresas que dependen del Estado en lugares como Azerbaiyán o los Emiratos Árabes Unidos. Cualquier ingreso de esos negocios vulneraría la llamada 'cláusula de emolumentos', un punto de la Constitución que prohibe al presidente recibir regalos o recibir beneficios de una empresa de una potencia exterior.

El presidente electo podría vender su firma a una tercera persona pero no parece una tarea fácil. Una parte sustancial de sus negocios tienen que ver con la marca Trump. El magnate no es el propietario de la mayoría de los edificios, hoteles y casinos que llevan su nombre. Trump pone su nombre y los demás ponen el riesgo y la mayoría de la inversión. ¿Cómo desvincularse de un negocio así?

El intento de Ivanka Trump de publicitar el brazalete dorado que lució durante la primera entrevista de su padre como presidente electo despertó esta semana la atención de los periodistas. Es un detalle menor por el que su firma pidió disculpas pero conflictos así pueden ocurrir con otros intereses de la familia Trump.

La firma del presidente electo debe más de 100 millones de dólares a Deutsche Bank, una entidad cuyas prácticas investiga desde hace meses del Departamento de Justicia. ¿Influirán en esa investigación los intereses financieros de Trump? Algo similar ocurre con el Banco de China. El magnate tiene deudas con el banco, cuyas oficinas neoyorquinas están en varios edificios del magnate. ¿Cómo afectará esa relación a su política sobre el régimen chino, propietario de la entidad?

Problemas en casa

No es necesario viajar tan lejos para detectar los conflictos de intereses de Trump. Su firma ha invertido una cifra indeterminada en el polémico oleoducto que se está construyendo en North Dakota y sobre cuyo futuro deberá decidir desde el despacho oval.

El hotel que inauguró hace unos días en Washington se ubica en un edificio histórico que es propiedad del Gobierno federal. Trump tiene poder para nombrar al responsable de la General Services Administration, la agencia que gestiona la propiedad. Sus responsables anunciaron esta semana que examinarán los términos del acuerdo con la firma del presidente electo para “identificar y afrontar cualquier posible conflicto de intereses”.

Trump tiene poder también para designar a los cinco miembros del regulador laboral del Gobierno federal, que falló contra su empresa este año en dos ocasiones por una disputa con los empleados de su hotel de Las Vegas. ¿Usará sus poderes como presidente para doblegar a adversarios en esa disputa? Los empleados votaron a favor de afiliarse al sindicato de trabajadores culinarios y esperan desde hace meses para negociar con la empresa como ordena la ley.

El presidente está obligado a publicar una vez al año una declaración con todos sus activos pero no está obligado a entregar la primera hasta mayo de 2018. Trump es el único candidato desde hace décadas que no ha publicado sus declaraciones de impuestos durante la carrera a la Casa Blanca y por ahora no parece decidido a cambiar esa opacidad.

“Tienes que tener alguna confianza en la integridad del presidente”, dijo Rudy Giuliani hace unos días sobre los posibles conflictos de intereses de Trump. “El tipo es un hombre enormemente rico. No creo que haya miedo o sospecha de que esté buscando enriquecerse. Si quisiera enriquecerse, no se habría presentado a presidente”. 

Durante la campaña, Trump cobró a sus donantes un precio por encima del mercado por el alquiler de las oficinas en su rascacielos y al servicio secreto millones de dólares por volar en su avión particular. La campaña pagó por sus libros y por objetos promocionales de sus empresas. Muchos temen que el presidente adopte una actitud similar cuando llegue el Despacho Oval.


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